viernes, 4 de junio de 2010

La última cima. Una película española donde el bueno es el cura.


Hoy, 4 de junio, se estrena en Madrid La última cima, y después en salas de toda España. Una película que no va a dejar indiferente a quien la vea. En el buen sentido.


La última cima no es una película al uso, desde luego. Tampoco Pablo Domínguez es un protagonista típico. A priori puede parecer duro acudir a una sala de cine, y pagar la entrada, para ver un documental sobre un cura (por muy excepcional que éste sea), pero la realidad es que resulta ser una experiencia sorprendente. Tiene mucho humor y aventura y emotividad y ritmo y complicidad con el espectador; tiene una impactante banda sonora (rock sacerdotal incluido), escenarios espectaculares y una gran fotografía; tiene un guión muy original y secundarios de lujo; y tiene, sobre todo, un final feliz. Ah, y está absolutamente recomendada para todos los públicos, creyentes o no. ¿Qué más se le puede pedir a una película?


Pablo era ese tipo de sacerdote que más odian los que odian a los sacerdotes. Porque lo tenía todo: era joven, simpático y afectuoso, muy humilde (“todo es mérito de Dios”, decía) y enormemente humano; pero también era un intelectual apasionado, no en el sentido abstracto, sino perfectamente entendible. Además, “era un sacerdote que vivía su sacerdocio con plenitud e identificación con lo que es el sacerdote en la Iglesia, sin dudas”, en palabras de Rouco Varela, que ofició su funeral.


Para todos los que lo conocieron era un sacerdote inteligente, bondadoso y entregado; a otros, les enseñó a amar profundamente la Verdad; otros destacan su alegría, su sentido del humor casi de niño, cómo sabía reírse de sí mismo y conquistar a los inconquistables a través de la risa. Para muchos, tras su muerte está más vivo que nunca; y para algunos, incluso, es ya casi un santo.


Pablo era, como él mismo se definía, “sacerdote, sacerdote y sacerdote”. Pero además de sacerdote era Doctor en Filosofía y en Teología, catedrático de Filosofía Sistemática de la Facultad de Teología San Dámaso desde 1998 y delegado del Gran Canciller para la dicha facultad, autor de 4 libros, conferenciante apasionado y ameno, director espiritual “cotizado”, hijo, hermano, tío, amigo y, sobre todo, montañista.Un gran aficionado a la escalada, que había coronado los picos más importantes de España y otras latitudes. Allí, en las alturas, contemplando el espectáculo de la Creación, Pablo se encontraba más cerca de Dios; y por eso le gustaba celebrar la Eucaristía cuando coronaba una cima. Y así lo hizo aquel 15 de febrero de 2009, con su habitual compañera de montaña, la doctora Sara de Jesús, en la cumbre del Moncayo. Después de celebrar Misa se dispusieron a descender hacia la vida terrena. Pero, a pesar de su amplia experiencia en la montaña, algo debió fallar en la bajada que les hizo resbalar en el hielo y precipitarse al abismo. La muerte de ambos fue instantánea. Pablo tenía 42 años.


Conocerle era quererle, cuentan quienes lo conocieron. Porque, sobre todo, Pablo era una persona cercana, generosa, entregada, que no sabía decir que no a nada. “Es que me hace bien”, afirmaba. Y debía ser verdad, porque igual atendía espiritualmente a las monjitas cistercienses (que reclamaban asiduamente sus ejercicios espirituales), que cuidaba a los enfermos moribundos, confesaba a cientos de niños en un colegio, acompañaba a una amiga en un parto difícil o “hacía el ganso” con sus sobrinos tirado por el suelo. Se ponía al servicio de quien tuviera delante en ese momento, sin más; simplemente te decía “si puedo ayudarte en algo, pídemelo”, y tú se lo pedías y Pablo lo hacía. Porque lo decía de verdad.


El bueno de la película

Pablo Domínguez fue una buena persona y un buen cura. Como tantísimos otros. Y ésta era ya de por sí una buena razón para hacer una película sobre él. Pero si además descubrimos que su estela está transformando a multitud de personas después de su muerte, la historia se antoja aún más interesante de contar.

Eso es lo que pensó Juan Manuel Cotelo, director y productor de La última cima. Lo último en cine alternativo: una película española sobre un cura bueno, argumento bastante inusual en estos días aciagos. Sorprendente, cuando menos. Sobre todo si tenemos en cuenta que, aún sin estrenar, ya se han interesado por ella más de 20 países, en sólo tres semanas ha habido 200.000 descargas del trailer desde la página web y multitud de personas anónimas de 80 países, sin haber visto la película, escriben preguntando sencillamente “¿qué puedo hacer yo para que se vea?”.


La conclusión quizá sea que hay una enorme necesidad de esta película. Algo debe tener. Fiel al estilo de su protagonista, “la película no es un discurso, dice Cotelo, son personas que hablan con el corazón, que cuentan de qué modo ha afectado a sus vidas el hecho de conocer a Pablo. Cómo escuchaba, cómo nunca hablaba de sí mismo o cómo brillaba su alegría en los momentos más difíciles; o con qué naturalidad amaba a Dios como Padre y amigo, siendo él un intelectual, un doctor en Teología y en Filosofía”. Y ése es precisamente el objetivo de La última cima. “No es una película sólo para creyentes, sino para todo tipo de público”, recomienda Cotelo; y él sabe por qué lo dice. “Es un ejemplo vivo y cercano de una fe que está al alcance de cualquiera. En definitiva, una historia de Amor”.


La última cima muestra la huella profunda que puede dejar un buen sacerdote en las personas con las que se cruza. Y que revela cómo, después de su muerte, Pablo sigue coronando cimas en las almas de miles de personas, conmovidas por el ejemplo de su vida, de su enorme fe, de su entrega a todos, de su alegría sin límites.

Vivimos un tiempo en que los sacerdotes son tratados en el cine, en la televisión, en la prensa, como seres perversos o caricaturescos. Especialmente en España. Y son miles los sacerdotes generosos, alegres, serviciales, humildes… Sacerdotes anónimos que sirven a Dios, sirviendo a los demás. Ésos son los sacerdotes buenos de los que nadie habla, que son casi todos. Sacerdotes como Pablo Domínguez, que fue precisamente eso, un buen cura. Nada más. Y nada menos.


Id a verla, os garantizo que será el comienzo de una gran amistad.



Podéis informaros de las fechas y salas de estreno pinchando aquí: laultimacima.com

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martes, 1 de junio de 2010

La conjura de La Moncloa


"Largos no son los días de vino y rosas; de un nebuloso sueño surge nuestro sendero y se pierde en otro sueño" recitaba premonitoriamente Lee Remick a Jack Lemmon, antes de precipitarse hacia su autodestrucción alcohólica.
Los días de vino y rosas socialistas han acabado. El gobierno de la felicidad, el buen rollito y la jauja para todos ha llegado a su fin. La Era Z ha muerto. Borrachos de poder, alcoholizados de incongruencia, beodos de improvisación permanente. Pero Mister Paz, el iluminado, no se rinde; porque no reconoce su derrota, ni siquiera la contempla ("su proyecto está más vivo que nunca" ha llegado a decir, sin sonrojarse, la Vice); simplemente, no hay hueco en su hueco pensamiento para tan impensable posibilidad. Piensa: "esto no es real, tiene que ser un sueño; como lo de la foto de las niñas con Ohbama!, que fue otra pesadilla; como el accidente de la T4, que en realidad no sucedió; como los accidentes de la no-guerra de Afganistán; como la crisis, que siguen hablando de ella pero yo aún no la he visto; como la bronca de Merkel y el chino, que no sé a cuento de qué me llaman griego; como las profecías de MAFO, como las portadas de los periódicos extranjeros, como las puñaladas de PRISA, como las caídas de la Bolsa, como la caza a mi querido Garzón, como la autocampaña de Pepiño en la Noria, como la felonía de Durán Lleida… todo es una mala pesadilla, un matrix virtual, una alucinación traicionera, un delirio febril que me hace ver lo que no hay. Alguien me está haciendo luz de gas porque no quiere que concluya mi plan para convertir a este país en un país moderno, progresista, pacifista, feminista, rojo y anarcosindicalista. Pero ¿quién es el traidor o traidora? ¿Quién me quiere mal? ¿Quién? ¡¡¡QUIÉN!!!"

Como un César olfateando la traición de sus propios vástagos, Mister Paz comienza a analizar uno a uno los posibles enemigos que quieren acabar con su carrera política… e incluso con su persona. Piensa en Pepe Bono, su archienemigo desde aquellas primarias, al que Mister Paz ha intentado anular tantas veces como adversario, y que probablemente quiera verle muerto y enterrado junto a su abuelo; Bono, el que quería dejar la política para dedicarse a su familia o para hacer negocios o lo que fuera; el siempre valorado Bono, el amado por el pueblo Bono, el amigo de todos Bono, el bueno de Bono… Pero deshecha la idea enseguida, porque después de lo de los áticos y los jacos y las joyas y los favores reyales, poca vida política le queda a éste.

Y de Pepe a Pepiño, su fiel Pepiño, su inseparable, su leal, su siempre a su lado Pepiño, su doberman sin bozal Pepiño. Y Mister Paz se dice que tal vez, que puede ser, que últimamente se prodiga mucho en la tele y en la prensa y que hace muchas cositas con el dinero de Fomento y que se lleva bien hasta con Espe y que se ha vuelto a hacer con las riendas del partido y que siempre ha sido un poco marrullero y ambicioso y que… "¡no, no puede ser! ¡Pepiño, tú no, hijo mío!" Mister Paz borra al instante idea tan absurda de su mente porque, sencillamente, Pepiño nunca lo haría. Como el perrito del anuncio. Y además, igual le pasa como a Bono y "alguien" redestapa lo de su ático en Villa Arousa y lo del carísimo colegio de sus hijos, y…

Y su pensamiento (es un decir) se centra entonces en la Chacón. Su delfina, su brazo izquierdo nacionalista y pacifista, la imagen fresca, joven, guapa y sobradamente preparada de su Gobierno; su ministra más valorada y admirada, que tiene hasta departamento de marketing propio en casa y no viaja sin su fotógrafo y su videógrafo particulares. Y piensa que hubo un tiempo en que podía haber sido su sucesora al trono, pero ella misma se quitó de en medio entre piratas, afganistanes y balcanes; y de paso poniendo a todo el ejército en pie de guerra, que eso para un pacifista como él es imperdonable.

Y piensa en Rubalcaba. Y sólo de pensarlo le entra miedo. Primero porque puede que esté escuchando sus pensamientos, con algún sofisticado sistema de escuchas psiconeuronal o telepático; y segundo porque Alfredo siempre le ha dado miedo, mucho miedo. Desde la Era Gal ha pensado en él como un Lord Vader sin máscara y sin asma, pero con todo su lado oscuro. Y que tiene que saber más secretos de estado, y del estado de los políticos, que el mismísimo Vera. Y piensa que suele ser el ministro más valorado y que está enchironando etarras como quien come pipas y que se prodiga mucho en la tele y que cuando habla convence hasta al diablo, quizá porque es el diablo mismo.
Y, sin quitarse del todo a Rubalcaba de la cabeza, piensa quién más le puede estar traicionando para quedarse con su trono. ¿Méndez y Toxo al alimón, que son como los Hernández y Fernández de Tintín que todo lo hacen a la vez, pero en plan descamisado? ¡Con lo que le querían antes, que le daban todo su cariño y más, y ahora le quieren hacer una huelga general, manda huevos, ni que él fuera el ultra de Aznar! ¡Serán felones! "Pero no —piensa Mister Paz—, tampoco son ellos, que lo que les mola es no hacer nada y cobrar como si lo hicieran todo. Éstos prefieren mandar en la sombra, liberados de responsabilidad.

Puede ser Felipe, piensa, que nunca me ha tragado; o Rodríguez Ibarra, conspirando con Vera y Barrionuevo de nuevo, y el resto de la vieja guardia, para colocar a Solana; o Leguina, aunque ya no pinta nada, por mucho que escriba; o López Aguilar, el guaperas, que se quiere vengar por haberle enviado al exilio; o Montilla, el charnego, abducido por los nacionalistas, que le han lavado el cerebro y le han hecho más independentista que Laporta y Tardá juntos y revueltos.

Y entonces cae en la cuenta de que puede que no sea dentro de su partido. Que su destrucción está siendo pergeñada desde instancias muy elevadas: "¡Joder! ¡Es el Rey! La Monarquía quiere acabar con mi republicanismo; ¡Lo sabía, Juan Carlos nunca dejó de ser franquista y con esto de la Memoria Histórica se ha mosqueado! Y mira que le he tratado bien, al muy traidor, que le dejé callar al camarada Chávez para que recuperara el protagonismo internacional. ¡Será desagradecido, el tío!"
Inmerso ya en una vorágine conspirativa y consparanoica sin freno, Mister Paz se pierde en los vericuetos de su mente laberíntica y empieza a marearse peligrosamente con el bombardeo de nombres, rostros y colmillos que aparecen como disparos en su pensamiento (es un decir): Cebrián, Roures, María Emilia Casas, Rajoy, CR9, Pedrojota, Almunia, Botín, Durán i Lleida, Josu Ternera, De la Vega, El Juli, Madoff, Solbes, Lula, Barroso, Pedroso, Pedrosa, Mourinho, la Pajín, la Bruja Lola, José Antonio, los Castro Borthers, los Jonas Brothers, Hanah Montana, Ohbama!... ¡todos conspiran contra él, todos quieren su caída, todos piden su cabeza, todos pretenden su corona de laurel! ¡Todos, unidos en una conjura interplanetaria contra su proyecto universal!

Apesadumbrado, triste, decepcionado, Mister Paz regresa cabizbajo a su hogar, en La Moncloa. Ah, hogar dulce hogar, piensa; allí, sabe, siempre tiene el consuelo generoso y omnipresente de Sonsoles, su fiel Sonsoles, su adorada Sonsoles, su bienamada Sonsoles; allí están sus hijas del alma, tan angelicales ellas, y su DVD de Bambi y su peluche y sus tebeos. Todo lo que ama y necesita está allí. Pero sobre todo Sonsoles, sin ella no soportaría otros dos años de desencuentros, traiciones e injusticias; dos años más de incomprensión; dos años más de sacrificio, de entrega absoluta a su país y al mundo, a su noble causa progresista, feminista, laicista e integrista. Ay, qué ignorante es el pueblo y qué poco agradece todo lo que hace por él. Abre la puerta de su hogar prestado, esperando la sonrisa comprensiva, el abrazo reparador de Sonsoles, su fiel Sonsoles, su adorada Sonsoles, su bienamada Sonsoles… y lo que se encuentra, ¡ay!, es a Sonsoles entonando una alegre ma non troppo aria de Puccini mientras organiza, con amplia sonrisa, la mudanza.

—Hola, querido. Mañana nos volvemos a León.


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jueves, 27 de mayo de 2010

Quo vadis, Mariano?


1. Quedan dos años para las elecciones generales. 2. Quedan dos años de ZP. 3. Quedan dos años de gobierno socialista. Estas tres frases, aunque parezca lo contrario, no significan lo mismo. Veamos una a una:



1. Que quedan dos años para las elecciones es casi un axioma; estoy convencido al 98% de que Mister Paz no va a adelantar las elecciones ni ordenándoselo Ohbama!, Merkel y Jintao juntos. Ni aunque se lo pidiera “por Azaña” el espíritu de su abuelo. Antes preferiría autoinmolarse que reconocer su fracaso en esta farsa tan bonita que él mismo se ha pergeñado en su mente iluminada y limitada.

2. Que quedan dos años de ZP es, por tanto, igual de probable; lo que no lo es tanto es que Mister Paz repita en las elecciones de 2012, ya sea por presiones de su partido, por presiones de su señora, por presiones de la comunidad internacional o por depresiones propias; sinceramente, creo que no repetirá, incluso me apostaría mi pensión.

3. Lo que cada vez se me hace más difícil de refutar es que quedan (sólo) dos años de gobierno socialista. De verdad, no me lo creo. Y me acojono al escuchar mis propios pensamientos, porque es terrorífico sólo el pensarlo. Después de lo que han hecho estos tipos y tipas durante 6 años de desgobierno, más los 2 que les quedan (que van a ser aún más aterradores), me parece increíble, imposible, inimaginable, impensable que pudieran volver a ganar y, lo que es peor, a gobernar. Pero repito, hoy por hoy, tengo el pleno convencimiento de que así será.


¿Y por qué soy tan pesimista antropológico? Pues sencillamente porque soy realista. Y objetivo. Y por tanto no me ciegan las consignas de partido, ni las falsas espectativas bienintencionadas, ni los fuegos de artificio pop, ni las lecturas miopes de encuestas ciscenses o de circos electorales (¿perder 60.000 votos en las elecciones vascas fue una victoria?). Como a muchos miles de ciudadanos de bien, no me convence la alternativa. No es que no me la crea, es que no me convence; y si no me convence a mí, que estoy predispuesto a ser convencido, imaginemos a quienes no sólo no están predispuestos sino que además están radicalmente en contra. ¡Ardua tarea, vive Dios!


Y es que los precedentes son malos augures: Mariano Rajoy ha perdido ya dos veces dos contra ZP. Una, la primera, porque el PP se perdió en su propia soberbia, por un lado, y en su necedad a la hora de gestionar el 11M por otro; lo demás sobra. En las siguientes elecciones, porque basaron su estrategia, durante 4 años, en comunicar el apocalipsis: “¡España se rompe!” (estatut) y “¡Traición!” (proceso de paz); estrategia que cayó como un cojo zancadilleado en cuanto el PSOE retrasó la sentencia sine die y la poli empezó a enchironar etarras y batasunos como quien lo ha hecho toda la vida. Resultado: otros 4 años de ZP. ¡Y qué 4 años! (sólo llevamos dos y parecen una eternidad infinita y más allá). Y yo no estoy dispuesto a que este iluminado o su más que probable sucesor (llámese Pepiño, Rubalcaba, Solana o quien ose) sigan destrozando España despropósito tras despropósito. ¡Me cabrea, me encocora, me desquicia, me enerva y me descorazona el solo hecho de pensar que van a ganar éstos otra vez! Me jode y me acojona, hablando pronto y bien.


Por eso, mi querido Mariano, mis queridos dirigentes y dirigentas del PP, mis queridos militantes y militantas del PP, en nombre propio y en el de millones de ciudadanos y ciudadanas que no ven otra salida a la crisis económica, política y moral que se está comiendo España, te hago una pregunta nada capciosa, aunque sí necesaria e implorante: ¿tienes el pleno convencimiento de que estás haciendo todo (repito, todo) lo que está en tu mano para ganar las próximas elecciones generales? Contesta sinceramente, por favor (recuerda: “todo lo que esté en tu mano”). Y contesta con un SÍ o un NO, no me vale un “sí pero no”, un “es quee…”, un “bueno, yo…” ni demás marianeces. Piénsate la respuesta, pero no te tomes un año, que se nos va el tiempo (y con el tiempo, todo lo demás).


Decía Maquiavelo, que de política sabía más que Pepiño, “vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse”. Pues eso, hagamos. Hagamos mucho, hagamos todo. Si se hace bien, seguro que no nos arrepentimos. Así que, mientras te piensas la primera respuesta, Mariano, aquí van otras preguntas que debes hacerte y que también exigen respuesta rápida y contundente, porque de ellas depende nuestro futuro y el de nuestros hijos (y no es una metáfora).

¿Soy el más indicado, de entre todos los y las dirigentes de mi partido, para liderar un proyecto 100% ganador en 2012? ¿Soy el líder más valorado por los simpatizantes y votantes del PP? ¿Y por los votantes que no son del PP (ésos que te hacen ganar unas elecciones)? ¿Tengo capacidad, atractivo y poder de seducción suficientes para atraer, convencer y conquistar a cientos de miles de nuevos votantes? ¿Tengo a los mejores candidatos posibles, 100% ganadores, en comunidades clave como Cataluña y Andalucía? ¿Me rodeo siempre de los más capaces, de los mejor preparados en cada puesto, del equipo óptimo para ganar? ¿Voy a dejar la campaña electoral en las manos más expertas, profesionales y especializadas (las mejores agencias de Publicidad y Comunicación)… o voy a seguir confiando en los amiguetes? ¿Voy a seguir desarrollando la misma estrategia de comunicación que ha fallado dos veces? ¿Con qué tono voy a convencer a mis votantes potenciales, con el Barbismo de Rita o el Nadismo de Arriola? ¿No habrá un término medio y más eficaz? (Ver análisis de la in-comunicación del PP en el Blog de Mister Paz: “¡Es la comunicación, estúpido!”).


¿Cuáles son mis motivos/prioridades: yo, mi partido, mi país? ¿Tengo bien definidas mis ideas, mis valores, mis principios y así lo hago saber invariablemente, con claridad y contundencia, para no confundir al electorado? ¿O por el contrario reculo, me desmiento o me rectifico con frecuencia? ¿Me adelanto a los acontecimientos o voy siempre a rebufo? ¿Transmito entusiasmo, frescura, optimismo, pasión por nuestro proyecto? ¿Soy un ganador nato o me conformo simplemente con participar? ¿Creo al 100% en mi propio éxito? ¿O prefiero esperar, haciendo lo justito, el fracaso de ZP? ¿Sé positivamente que estoy poniendo todo mi empeño, toda mi energía, toda mi fe, toda mi voluntad, toda mi experiencia, toda mi inteligencia en GANAR las elecciones de 2012? ¿O creo, honradamente, que puede haber un candidato (o candidata) mejor? Esta pregunta, por favor, repítetela al menos una vez al día.


En definitiva, quo vadis, Mariano? ¿Adónde vas? ¿Tienes clara tu meta? Porque, lo queramos o no, adonde tú vayas vamos todos detrás. La decisión es tuya. La responsabilidad también. Y la culpa, si la hubiera. Quedan dos años para 2012, y si vuelves a perder, si vuelve a ganar el PSOE por tercera vez (¡tercera!), con ZP o sin él, millones de españoles no te lo perdonaremos nunca. Nunca.


Decía Gandhi que la diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer alcanzaría para solucionar la mayoría de los problemas del mundo. Imagínate los problemas de España.


jueves, 20 de mayo de 2010

Trini y la venganza de la criatura. Una historia de terror gótico


La última gilipollez (con perdón por el término machista) de este imaginativo gobierno que nos desgobierna, esta vez vía Trini, es lo de las criaturas. ¡Manda huevos! (y perdón de nuevo). La excusa ahora es que “recién nacido” es un término sexista, y claro, eso no se puede permitir, faltaría más, dónde vamos a ir a parar. Aunque yo, que debo ser muy rarito, la verdad es que nunca he tenido problema de denominación sexista a la hora de referirme a mis vástagos el día que su santa madre los trajo al mundo: cuando nació mi hijo mayor nos referimos a él como “recién nacido”; cuando lo hizo nuestro hijo mediano también lo mirábamos y mimábamos como a un “recién nacido”; y cuando nació nuestra hija, que ahí podíamos haber tenido un grave conflicto sexista, decidimos tirar de sentido común y de riqueza lingüística castellana y nos arriesgamos a llamarla “recién nacida”; así, con un par, utilizando el femenino para referirnos a una fémina como antes habíamos utilizado el masculino para referirnos a sus hermanos, tan varones ellos. Y oye, la cosa ha ido bastante bien. Y cuando nos referimos a los tres a la vez, que ahí podría germinar otro grave conflicto sexista decimos “nuestros hijos” y, lo juro, nuestra hija pequeña ni se ofende ni se trauma ni se siente desplazada y/o ignorada. Incluso conozco gente que ha ido más allá, valientes ellos (y ellas), y los han llamado “bebés”. Así, sin sexo ni nada, en plan más neutral que Suiza. Pero es una palabra tan desagradable, tan violenta, tan fea, tan… machista, que no me extraña que la ministra a la que llaman Trinidad (¡qué putada ser laica y llamarse Trinidad!) quiera desterrar o enterrar semejante término. Bebé ¡puaj! Suena… no sé… a… ¿recién nacido?

Pues eso, que donde estén las criaturas que se quiten los recién nacidos y las recién nacidas; o los/las bebés. Lo paradójico de la tontería ésta es que el término criatura viene del latín creatūra y significa “creado por Dios”, que es precisamente la primera acepción del DRAE: “Criatura f. Toda cosa creada por Dios”. O sea, que ahora la Trinidad se nos ha vuelto creacionista, así, como quien no quiere la cosa. Será por el nombre.

Pero uno, que no se fía de los políticos ni de las políticas, y mucho menos de los/las socialistas de boquilla que dicen gobernarnos, llegó hace tiempo a la conclusión de que en este circo no hay nada casual. Pero nada de nada. Todo es perfecta y absolutamente intencionado, aún más, todo está maquiavélicamente premeditado. Y vista la cruzada laica contra los no nacidos y las no nacidas, no me extrañaría que esto de las criaturas fuera otra palada de tierra sobre el nonato, o sea, ese ser vivo pero no humano que predicaba la científica Bibiana. Que yo de éstos y éstas me fío lo justo, o sea, nada. Rien de rien.

Porque para mí que lo que quiere la doctora Trini y su Mrs. Hyde es que veamos a esos inocentes niños y niñas como miembros y miembras de la tercera acepción del término criatura, esto es: “Ser fantástico e imaginario que causa terror”. O sea, como Rubalcaba si Rubalcaba no fuera tan real. Quieren que nos den miedo, como los niños de Ibáñez Serrador o los “chicos del maíz” de Stephen King. Y es que uno, que ha mamado Poe, Lovecraft, Le Fanu, Stocker, James y demás maestros; que ha zampado cientos de Creepys rellenos de Corben, Wrightson, Adams, Fancetta o Boix; que era el único de los hermanos que veía “Historias para no dormir” con los ojos abiertos y hasta ha visionado El Exorcista a solas y a oscuras; uno, que ha disfrutado como un niño con las pelis de terror de la Universal y las adaptaciones de Roger Corman y los míticos Karloff, Lorre, Price, Cushing, Lee o el mismísimo Lugosi; uno, en fin, que ha sido más gótico (intelectualmente) que las hijas de Mister Paz, sabe mucho de criaturas; y sabe que cuando te refieres a una criatura no estás hablando de un inocente bebé de rechonchos mofletones y chupete en ristre. No es, precisamente, la criatura de El padre de la criatrura de Lazaga y el insufrible Martínez Soria. No. Te estás refiriendo a la criatura de la laguna negra, o a la criatura del foso contra la que luchaba el Dr. Who; o a la criatura pseudomarina que se vengaba de todo quisque en las películas de Jack Arnold; o a la más reciente criatura perfecta, mutación genética caníbal y vampírica; o a la criatura asesina por excelencia, también conocida como Alien; o a la criatura del pantano, que era una especie de cocodrilo gigantesco y glotón; o a la Criatura de la Noria, alias María Antonia Iglesias; o a la criatura entre las criaturas, que no era otra que el engendro creado (¡creado!) por el Dr. Frankenstein. Un mito que nació de la pluma de Mary Shelley la misma noche que otra criatura terrorífica, el Vampiro, de William Polidori, ambos engendrados durante aquel mítico verano sin verano de 1816 en la villa suiza de Lord Byron.

Criaturas las hay celestiales e infernales. Y también mágicas, mitológicas y fantásticas. Y criaturas de la noche, y criaturas salvajes y criaturas del averno, que son las peores. Y criaturas inocentes y criaturas extrañas y criaturas vengativas y criaturas feroces y criaturas legendarias. Y criaturas necias, absurdas y manipuladoras. Estúpidas, en una palabra. Como Trini, Bibiana y el jefe de ambas dos, que tiene más peligro que la criatura de la laguna negra, Drácula y Alien los tres en uno; con el cerebro de la criatura del Dr. Frankestein. O sea, cero zapatero.

En fin, querida Trinidad, criaturita de Dios, lo importante es que no importa cómo lo llames: un recién nacido siempre será... un recién nacido. O una recién nacida. Y oye, estando la cosa como está, que nazca ya es un logro. Aunque sea una criatura.
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jueves, 13 de mayo de 2010

Los niños de ETA

Otegui, el hombre de paz, arrimado a su hogar dulce hogar (presoak etxera!), Iñaki de Rentería libre como una glondrina con capucha, Elosúa fumándose un puro en el Faisán, Josu Ternera missing in action, De Juana Chaos missing in Eire, Usabiaga en casa para cuidar a su sanísima mamá, gracias a otra garzonada; y ahora llegan los Bony & Clyde con txapela, o sea, Fernando García Jodrá y Nerea Bengoa, alias "Comando Barcelona" —asesinos de Ernest Lluch, de los concejales del PP Francisco Cano Consuegra y José Luis Ruiz Casado y del guardia urbano Juan Miguel Gervilla Valladolid— que dicen que se quieren mucho y que desean más que nada en el mundo tener un bebé y que como el vis a vis no inspira, que necesitan un tratamiento de fertilidad más bien carete y que por qué no se lo pagamos entre todos, o sea, nosotros, los españoles. Y vamos nosotros, los españoles, y pagamos los 6.000 eurakos que cuesta la felicidad de esta linda parejita, condenada por cuádruple asesinato, que quiere preservar la especie, con toda la razón, claro, no vayamos a colocar a la serpiente en el listado de animales en peligro de extinción.


No, para eso tienen crías, las serpientes. No digo yo que todas las crías de la bestia sean o vayan a ser bestias también. Pero los que conocemos el percal sabemos que tienen muchas probabilidades, porque sus progenitores A y B se cuidan muy mucho de que no escojan otro camino. La última prueba fehaciente es la foto que publicó el diario ABC el pasado lunes: unos inocentes niños de menos de 10 años haciendo apología de ETA por obra y gracia de sus nada inocentes padres, que les engancharon pegatinas con fotografías de presos etarras mientras se exaltaba al héroe Joseba Fernández Aspurz, el "Guindi", uno de los terroristas que asesinó al policía francés Jean-Serge Nérin. Eso sí, fue en un acto lúdico-festivo, durante las fiestas de los Calderetes, en el barrio de La Chantrea de Pamplona. Para no perder el alegre tono infantil, digo.

Y yo ahora abro un paréntesis y me pongo en plan reivindicativo. Porque hace una semanas publiqué en este mismo blog un artículo titulado "Carta a la hija de Otegui", en el que, metafóricamente, me dirigía a la adolescente para explicarle en plan resumen el curriculum vitae de su padre cuando integraba comandos etarras activos que secuestraban, extorsionaban y asesinaban. Fueron muchos los comentarios recibidos (aún siguen llegando), los más a favor (especialmente en foros de la Policía Nacional) y algunos en contra. Y entre éstos, por ejemplo, el reproche de dirigirme a una menor, o que si ella no tiene la culpa o que si yo no tengo escrúpulos, que si soy de la misma calaña que Otegui, que si soy carroña y huelo mal, que si la víctima es la hija de Otegui, que si es una basura de artículo, que si no me da vergüenza, que si los verdaderos asesinos son Fraga y Aznar o incluso las propias víctimas de ETA, que si la gente como yo hacemos el mundo mucho peor o, en fin, que es un abuso por mi parte, que soy un cobarde y que qué pena doy, meterse con una niña de 14 años, y que dónde está el defensor del menor.

Pues bien. Me haría muy feliz que todos esos anónimos que dejaron tan halagadores mensajes en el post "Carta a la hija de Otegui", dejaran también en el presente artículo sus comentarios y pareceres sobre la manipulación de estos menores de 10 años en las fiestas de Los Calderetes (que no es, ni de lejos, un hecho aislado). Y, de paso, les recomendaría que se dieran un paseo por las calles de Donosti, de Plentzia, de Markina, de Oyarzun, de Rentería o de Astigarraga, sobre todo en fiestas, y preguntaran a los futuros etarras cuántos años tienen. ¿Qué se creen, que los colegas de Segi son treintañeros? ¿Qué los reclutan con veinte años? No, amigos; la serpiente empieza a manipular a sus crías con menos de 10 años, les enseña a odiar con 12, a tirar piedras con 14, a fabricar cócteles molotov con 16, a disparar con 17 y a los 18 están en Francia haciendo el Cursillo Acelerado de Terrorismo Teórico-Práctico en 7 Días. La serpiente lleva manteniéndose así, fresca y lozana, desde hace unas cuantas décadas; y como es muy prolífica, por cada gudari detenido salen otros 10 de la camada Segi. Cada vez con menos experiencia, cierto, pero con el mismo odio y la misma enajenación. Y con el mismo veneno.

A la espera quedo, pues. Y mientras espero, celebro el primer aniversario de Patxi López como jardinero de las ramas, las hojas y las raíces del árbol de Guernica, con la generosa aquiescencia de Antonio Basagoiti. No es que yo crea que López lo esté haciendo mal. Al contrario, ha conseguido demostrar que se puede vivir mejor sin el extraterrestre Ibarreche y que no cae el cielo sobre nuestras txapelas si el PNV está en la oposición. Ha empezado a normalizar las ikastolas y los mapas del tiempo y la Ertzaintza y la EITB y la dignidad de las víctimas. Y eso, para un año, ya es mucha normalización, después de tres décadas de, digamos, desnormalización (que si pongo subnormalización se me echan encima).

"Estamos mejor que el año pasado —ha dicho López—, hemos subido un peldaño más hacia la libertad plena de todos, estamos ganando la batalla a ETA. Hemos puesto a las Policías a trabajar conjuntamente, colaboramos con la justicia, hemos expulsado a los violentos de nuestras plazas y calles y hemos expulsado la vergüenza de nuestros muros para construir un país decente, pero sobre todo, ha sido la ciudadanía vasca la que ha desterrado a los violentos".

Pues ale, a seguir así; desterrando y machacando a la serpiente. Y (re)educando a sus crías antes de que les salgan los colmillos y aprendan a morder. Eso sí, Patxi, átame bien a Ibarguren que éste cuando lo sueltas un poquito se pone a negociar. Y eso no es bueno, por mucho que se empeñe el jefe. Ni es digno. Ni es práctico. Ni es inteligente.

Porque ETA-Batasuna "no tiene ninguna intención de dejar de hacer lo que hace, de asesinar para intentar conseguir objetivos políticos —ha dicho Basagoiti, con toda la razón, ante los nuevos afanes recaudatorios de los mafiosos—. Las cartas demuestran que esta gente quiere tener fondos para seguir en su actividad terrorista". Y lo que te rondaré, moreno.


miércoles, 5 de mayo de 2010

El exorcismo de Leire Pajín


Siempre sospeché que esta chica ocultaba algo. No sé, una especie de personalidad oscura, misteriosa, inquietante. Que estaba poseída. El otro día lo confirmé. Desde el amanecer de la nueva era interplanetaria, el puño amenazante alzado al paso alegre de La Internacional, el aborto como la forma más segura de disfrutar la sexualidad, el no usar champú ni de marca blanca, el PIB masculino o el deseo de que "el poder sea más tía", no sé, había algo en esta chica que me escamaba y azaraba a más no poder. Luego llegó la conspiración de Benidorm, y nos mostró su cara más maquiavélica y astuta a través del rostro de su madre tránsfuga (a tiempo parcial), que ahora vuelve al partido cuan madre pródiga para ocupar el número dos o el uno de la cosa electoral. Ay, y además la endiablada maniobra para hacerse, de paso, con el psoe valenciano, echando al legítimo para poner a papá. Todo queda en familia. Como la mafia o así.

Mas no fue hasta la semana pasada cuando se me abrieron definitivamente los óculos y las carnes ante la realidad oscura de Leire Pajín, ante su lado Mrs. Hyde, para entendernos. O mejor dicho, ante su lado Louis Cyphre, o sea, Robert de Niro en El Corazón del Ángel. Lui-Cifer, para el que no haya visto la única película memorable de Mickey Rourke. En efecto, la semana pasada se hizo la luz (o más bien la tiniebla) y se disiparon todas mis dudas acerca de la lozana secretaria de organización del partido socialista Obrero español y su tenebrosa realidad.

Estaba yo viendo la tele el pasado miércoles, zapeando inocentemente por la tdt, cuando de pronto el dedo se me detuvo como quien no quiere la cosa, involuntariamente, en la retransmisión de no sé qué sesión que tenía lugar en el Senado (en el nuestro, especifico, que estoy viendo la serie Roma y a veces me lío). Y mis ojos la vieron. Y mis oídos la escucharon. Y mi alma tembló. Y mi corazón se detuvo (¡Oh, Dios mío!). Porque lo que vi y escuché fue… ¡a Leire Pajín poseída! Sí, sí, poseída por el maligno. La escuché parlotear en lenguas extrañas y al instante me vino a la memoria, como un zarpazo, el padre Merrin (o el padre Karras, no me acuerdo) explicando que uno de los signos más característicos de la posesión demoníaca es hablar idiomas que se desconocen; y recordé que también era bastante inequívoco lo de hablar con voz ronca, y tener una fuerza sobrehumana, e incluso levitar. Y entonces me fijé en su voz, y noté que era (es) cavernosa y desagradable, como si estuviera siempre de resaca; e intuí su fuerza masculina y destructiva (y amenazante, sobre todo cuando levanta el puño); y me acordé de que siempre levita cuando habla de Ohbama! o de Mister Paz, alias ZP, y entra en éxtasis y pone los ojos en blanco; y vi su cabello graso y apergaminado, y su rostro hinchado, como abotoxado, y sus ojillos maliciosos y sus orejas sobresalientes… y aunque su cabeza no giró, sí vomitó palabras feas y mentiras e insultos viles (nada nuevo, empero).

Sí, amigos; escuchar a Leire Pajín hablando "con toda naturalidad" en euskera, catalán, valenciano, gallego y castellano fue demasiado para esta alma sensible. Y gracias a Dios no llegó a utilizar el silbo ni el bable ni el aranés ni el caló ni el andaluz profundo. Y, aunque sabía que no iba a servir de nada, y a falta de un padre Karras como Dios manda, yo mismo desde mi casa comencé el ritual de exorcismo. Recité el Salmo 4 y el pasaje de Juan 1 y el de Marcos 16. Y luego exclamé (tratando de aparentar frialdad y convencimiento): "Te exorcizo, muy vil espíritu, mismísima encarnación de nuestro enemigo, espectro entero, sal y huye de esta criatura de Dios. Él mismo te lo manda, el que manda al mar, los vientos y la tempestad. Escucha y teme, enemigo de la fe, adversario de la raza humana, productor de la muerte, ladrón de la vida, destructor de la justicia, raíz de los males". Y entonces, no sé por qué, escuchando estas últimas frases exorcizantes, pensé en Mister Paz. Y mi alma tembló con más enjundia. Acojonadita, vamos.

Y en mi cabeza resonaban las palabras del padre Merrin aleccionando al padre Karras: "Es especialmente importante evitar todo diálogo con el demonio. Sólo haremos preguntas relevantes. Todo lo demás es arriesgado. Es un mentiroso. Mentirá para confundirnos. Mezclará mentiras con verdades para atacarnos —y yo, curiosamente, seguía pensando en Mister Paz—. Su ataque es psicológico, Damien, y muy fuerte. Así que no le eschuche. Recuérdelo: no le escuche". Pero yo le escuché. No pude evitarlo. En boca de Leire Pajín lo escuché, y en cinco idiomas.

Y tras horas de agotador e infructuoso exorcismo pensé: ya no hay remedio. Está poseída. Y Mister Paz está igual de poseído. Y el gobierno. Y los nacionalistas. Y el Senado. ¡Todos poseídos! Poseídos por la más absoluta estupidez, por el absurdo elevado a la máxima expresión en cinco idiomas, por la cretinez suprema, por la devergüenza más infame. ¿Qué, si no, es gastarse millón y medio de euros para incomunicarse en las cinco lenguas oficiales, pudiendo incomunicarse en una única lengua común, como hasta ahora? Y una curiosidad: ¿acaso se llevará cada senador a su traductor para traducir las conversaciones de barra y pasillo? ¿Y si no hay para todos, callarán o hablarán en su lengua sin importarles que el otro les entienda? Y puestos a decir barbaridades ¿habrá que rediseñar todos los cartelitos, los menús, los indicadores de "servicios", las placas, los avisos de "no fumar" y demás mensajes para rotularlos en cinco idiomas, cueste lo que cueste?

Al final, lo único que nos queda para expulsar a toda esta panda de poseídos por la estupidez infinita es el exorcismo de las urnas. Ése, en principio, funciona. Pero no nos dejemos engañar otra vez, por favor. Cuando llegue el día, gritemos todos a una "¡Yo os expulso! ¡Yo os expulso! ¡Seres corruptos, mentirosos y malvados que habéis dejado a España en las tinieblas! ¡¡YO OS EXPULSO!!
"Pues eso, que amén.
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martes, 27 de abril de 2010

Samaranch y nuestro primer Oro Olímpico. Una anécdota histórica.

El 12 de agosto de 1928, en el Estadio Olímpico de Amsterdam, sonaba el himno de España por primera vez en unas Olimpiadas. En lo más alto del mástil, nuestra bandera; y en lo más alto del podium (que en esta ocasión conformaban sus monturas), los capitanes de Caballería José Navarro Morenés, Julio García Fernández y José Álvarez de Bohorques, mi abuelo. Ese histórico día de verano, hace casi 80 años, la ciudad que vio nacer a Van Gogh vio también nuestro primer Oro Olímpico, en la modalidad de saltos de obstáculos por equipos; un triunfo que no se repetiría hasta 44 años después, en Sapporo ´72, gracias a ese gran deportista y gran tipo que fue Paquito Fernández Ochoa.

La medalla de oro volvió a España en tren y, cosas de la época, los tres campeones olímpicos fueron recibidos en la Estación del Norte de Madrid por… nadie. Probablemente un telegrama que se perdió en algún lugar del camino, entre la ciudad del Amstel y la del Manzanares. O entre un despacho y otro del propio Ministerio de la Guerra. Días más tarde todo se compensó con un gran banquete oficial que se ofreció a los campeones en el hotel Ritz, y al que acudió el Rey Alfonso XIII, quien los recibió con orgullo y cariño: "Vosotros los jinetes, los que nunca me habéis dado un disgusto".

Unos años más tarde, durante la II República, la pérdida fue mucho más grave que un simple telegrama. Porque lo que se perdió fue la medalla de oro. O mejor dicho, no se perdió, le fue arrebatada a su legítimo dueño durante un asalto a su domicilio madrileño (como tantos otros en esos tiempos oscuros). Y, con el oro olímpico, le robaron también todos sus trofeos hípicos, que eran muchos.

La medalla desapareció físicamente, pero su espíritu se mantuvo en la memoria de José Álvarez de Bohorques, y luego en la nuestra, su familia, durante décadas. Hasta 1984. Ese año, Juan Antonio Samaranch, presidente del COI, se enteró de que esa medalla histórica, el primer oro olímpico de España, llevaba 50 años desaparecido. Y no se lo pensó un segundo. Encargó una réplica exacta para reparar esa deuda con la Historia y el Olimpismo. Por pura justicia deportiva.

El acto de entrega de esa medalla "recuperada" fue tan sencillo como emotivo. Recuerdo que era una fría mañana de diciembre, sobre la arena del picadero cubierto del Club de Campo en Madrid, con la presencia de S.M. el Rey Juan Carlos y un puñado de familiares y amigos. El abuelo, con su sempiterno "loden", su sombrero y su bastón, y frente a él, su grandísimo amigo Beltrán Albuquerque colgándole de nuevo la medalla de oro, 56 años después de la primera vez, y fundiéndose luego en un abrazo largo, profundo y emocionado. Y todos nosotros, su familia, sus amigos, llorando como magdalenas.

Nunca he tenido la oportunidad de agradecer a Juan Antonio Samaranch ese acontecimiento, que para nosotros fue tan histórico como el de aquel 12 de agosto de 1928. O más, porque lo vivimos en directo. Por eso quiero aprovechar esta ocasión para hacerlo. Es también una cuestión de justicia deportiva. Así que, gracias, señor Samaranch; en nombre de toda mi familia, gracias. Y cuando llegue ahí arriba, dele un abrazo fuerte al abuelo. Y dígale que su medalla, que es de todos los españoles, está bien guardada.

(Artículo publicado en el Diario ABC el 25 de abril de 2010)

martes, 20 de abril de 2010

De Garzón a Largo Caballero pasando por la Bardem


Ya sé que el tema de Garzón es redundante y cansino a estas alturas del cuento, y que ahora quien tiene que hablar del asunto es el tribunal que le juzga; y cuanto antes, mejor. Pero es que también es bastante redundante y cansino este permanente empeño de la sacrosanta izquierda republicanista y guerracivilista en despertar lo que estaba bien dormido y en resucitar lo que ya estaba enterrado y bien enterrado (que no olvidado). La cosa no es casual, ni mucho menos. Ni es nueva. Viene exactamente de hace 6 años, un 16 de abril de 2004, cuando el recién nombrado presidente del Gobierno de España nos trasladó su breve ideario, que no era sino el de su abuelo paterno, finalizando su discurso de investidura con estas emotivas palabras: "Un ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes".

Lo del mejoramiento social de los humildes es obvio que le ha salido regulín, vistos los cuatro millones y medio de parados (y subiendo), el endeudamiento nacional para varias generaciones y la desesperanza generalizada, entre los más humildes, los nada humildes y los mediopensionistas. Lo del amor al bien, bueno, habrá aún quien se lo crea, dejándose convencer por esos ojitos azules como el mar azul y esa sempiterna sonrisita que cada vez tiene menos gracia.
Y lo del ansia infinita de paz, eso sí que tiene gracia; porque el amigo Mister Paz, desde que las urnas y los muertos le auparon al poder —que asumió bajo el negro peso del vil asesinato de su abuelo paterno—, no ha hecho más que buscar la guerra. La guerra contra "la derecha", la guerra contra la Iglesia, la guerra contra la vida, la guerra contra la familia, la guerra contra los valores, la guerra contra la división de poderes, la guerra contra los otros abuelos… O sea, la guerra civil. Desde que llegó, ése ha sido su plan maestro: resucitar los demonios de la oprobiosa dictadura para demonizar al PP, presunto heredero del franquismo más rancio y opresor. La fórmula es bien sencilla: si logra identificar ´derecha´ con ´extrema derecha´, el éxito está asegurado legislatura tras legislatura. Y en esas estamos desde 2004.

El último capítulo ha sido lo de Garzón, ese juez que en 2003 definió Manuel Chaves con todo cariño y con estas palabras exactas: "Es una mala persona, lo era antes y lo es ahora. Es un gran simulador"; y que hoy es el héroe nacional e internacional de la izquierda universal, y nada tiene que envidiar a los superhéroes de la Marvel (esos mierdecillas imperialistas). Un mito, vamos. Y merecedor de las más democráticas alabanzas, como sucedió la pasada semana en la Universidad Complutense de Madrid, antaño lugar de estudio y carreras (delante de los grises) y hoy vademécum de doctores horroris causa (al de Paracuellos), pedradas a la libertad de expresión (al de la peineta) y ajusticiamientos en plaza pública (a la Transición).

Y es que lo del otro día fue bastante vergonzoso, para los españoles en general y para Garzón en particular (cuyo abogado tuvo que desmarcarse del acto al más puro estilo Lola Flores: "¡Si me queréis, irse!", como recordaba con acierto Carlos Herrera). Porque lo de Garzón no es más que una excusa que les venía a mano a toda esta banda de mafiosos morales para escupir su odio contra el enemigo, pues siguen viendo al PP como "el enemigo", en una guerra que no ganaron y que terminó hace ya tropecientos años; y le siguen viendo también como "el franquismo", al que ahora pretenden derrotar, 35 años después de su muerte.

Ellos, que durante el franquismo hacían carrera, y no precisamente delante de los grises, como José Sacristán y Pilar Bardem, que protagonizaron decenas de películas nada reivindicativas durante la dictadura; o como Jiménez Villarejo, fiscal por la gracia de Dios y del Movimiento desde principios de los sesenta; o como la Grandes, que se ríe de monjas violadas en el diario independiente del ex redactor jefe del diario Pueblo y ex jefe de informativos de Arias Navarro… y ahí lo dejamos, porque como sigamos ahondando en el pasado franquista y/o falangista de los socialistas de hoy, nos dan las uvas (¿verdad, Bermejo, Bono, De la Vega, Rubalcaba, Barreda, Víctor Manuel, Zerolo…?). Pero bueno, pelillos a la mar. Corramos un estúpido velo.


Porque ellos, tan republicanos y demócratas de toda la vida, hoy siguen con pertinaz ceguera las consignas de otro insigne republicano y demócrata de toda la vida, que definía así su visión de la vida: "Las elecciones no son nás que una etapa de la conquista del poder y aceptamos su resultado sólo a modo de inventario. Si triunfa la izquierda, podemos actuar dentro de la legalidad con nuestros aliados, pero si gana la derecha, tenemos que ir a la guerra civil. Deseo una República sin lucha de clases; pero para ello es necesario que desaparezca una de ellas. Esto no es una amenaza, es una advertencia. Les advierto que no hablamos por hablar, sino que cumplimos nuestra palabra". Pues nada, señor Largo Caballero, nos prestaremos a ser aniquilados; todo sea por la Democracia.


Eso es lo que se buscaba en la Complu el otro día en ese akelarre de odios, rabia y rencor con premeditación y alevosía: volver a la guerra civil. Quieren derrotar al dictador que murió en la cama mientras ellos le hacían la ola en vida. Y lo peor, después de habernos perdonado unos a otros. Ya lo dijo Mister Paz, "nos conviene que haya tensión". Menos mal que aún hay esperanza (y no me refiero al PP), y quedan socialistas serios, con sentido común y sentido democrático; lo malo es que en el equipo de Mister Paz permanecen castigados en el vestuario, con voz aunque sin voto. Pero esa voz, cuando llega, tiene un valor moral muy superior. Como nos llegó el viernes la de Nicolás Redondo Terreros:

"Lo que sucedió el otro día en la Universidad Complutense me parece que fue un acto estrictamente político, que no tiene nada que ver con la defensa del señor Garzón, que tiene que ser estrictamente judicial (…)
Ese acto fue un absoluto despropósito. Esa impugnación de la Transición Española me parece que es grave e irresponsable; y no sé si se dan cuenta que a Franco, que murió en la cama, no le vencimos; pero sí vencimos al franquismo. Y lo vencimos un 15 de junio de 1977, cuando los ciudadanos españoles, de un color o de otro color, de una posición o de otra fueron a votar, y votaron en libertad; y desde ese 15 de junio del 77 hemos ido derrotando al franquismo cada vez que los españoles han ido a votar (…) Y nos pusimos de acuerdo, no para olvidar la Historia, que está ahí, sino para no pasarnos facturas y quedar prisioneros del pasado; y ese acto, que Carlos (Herrera) llamaba guerracivilista a mí me parece que es más patético porque es simple y sencillamente un acto nostálgico, que nos vuelve a aprisionar en el pasado y nos impide mirar al futuro. Lo que hicieron fue una impugnación general de la Transición Española".


Pues eso, que a pesar de Zapatero, aún hay socialistas y socialistas. Yo, personalmente, me quedo con Redondo Terreros. Allá ellos los que prefieran a Largo Caballero (por recordar: "Si triunfa la izquierda, podemos actuar dentro de la legalidad con nuestros aliados, pero si gana la derecha, tenemos que ir a la guerra civil. Deseo una República sin lucha de clases; pero para ello es necesario que desaparezca una de ellas").

¡Glups!
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jueves, 15 de abril de 2010

Bibiana en el país de las paridillas


—Espejito, espejito ¿quién es la más bella del Consejo de Ministros y Ministras del Reino?

—Tú, Bibi, oh dulce princesa de la paridad y la desmaternidad.

—Espejito, espejito, dime ¿quién es la más lista, la más valorada, la más preparada, la más jóvena, la más femenina, la más guay, la más querida por todos y todas los ciudadanos y ciudadanas y la más mimada por su presi?

—Tú, oh Bibi, sabia juvenil y lozana con rostro de alhelí, cabello de ángel y cuerpo de ninfa silvestre. Tú, oh inocencia ininterrumpida de privilegiado intelecto. Adalida de las mujeres desvalidas, azote de los machotes y los nonatos, reina de la ingeniería social. Tú y sólo tú, bella Bibi, joven Bibi, astuta Bibi.


La ministra, asomando una dulce sonrisa en los labios (y ocultando sus colmillitos), se retira orgullosa de sí misma, dejando al espejito mágico avergonzándose de sí mismo; atraviesa el largo pasillo ministerial y llega hasta su despacho, muy zen él, se sienta frente a la mesa ministerial, muy vacía ella, toma un bolígrafo de cuatro colorines y una hoja de papel rosa, y empieza a escribir la parida… estooo… la ocurrencia paritaria del día. Hoy toca: prevenir situaciones de violencia machista en la infancia y garantizar la plena participación en igualdad de todo el sistema educativo, anulando los estereotipos de mujeres pasivas, débiles y lloronas en los relatos preadolescentes. O sea, censurar, reescribir y/o prohibir los cuentos infantiles clásicos por machistas y retrógrados.


Del boli multicolor saca el color rojo y empieza a escribir (con una letra preciosa, hay que reconocerlo):


La Bella Durmiente: a partir de ahora El Bello Durmiente, un príncipe ocioso y caprichoso que se queda profundamente dormido después de una borrachera post celebración del torneo. La princesa protagonista, que tiene un master en psicología aplicada, le salva de las garras de la bruja Melopea y, de paso, se anexiona un par de reinos vecinos tras una hábil negociación con sus respectivos reyes, y sin hacer uso de su cuerpo.


Los Tres Cerditos serán los dos cerditos y las dos cerditas; eso sí, sin formar familia, sino una comuna hippy donde todos y todas hacen gorrinadas con todos y todas. Y los dos cerditos plancharán y lavarán como el que más.


Alí Babá y los 40 Ladrones se llamará Alá Bibí y las 40 Picaronas, que tienen una cueva secreta llena de esclavos eunucos, a los que utilizan para obtener placer sin consecuencias.


Pinocho ya no es Pinocho, sino Pinocha, la heroína que salva a su abuelo Pepetto, machista y homófobo de pro, de las garras de su trasnochada ideología antes de que se convierta en burro. Al final, Pepetto se casa con Stromboli y adoptan a Pinocha.


Caperucita Roja es en realidad una maqui, de la que por cierto huyen los lobos (metáfora de los nacionales), que no lleva dulces a su abuelita, sino municiones y un mapa del clítoris para que se lo enseñe a su torpe amante, el sargento del regimiento.


En Hansel y Gretel, la bruja será ahora un brujo, el brujo Gürtel; y la tentadora casa de chocolate, en realidad estará hecha de monedas de oro.


La Bella y la Bestia son dos amantes del sexo femenino que, tras años de ser repudiadas y separadas por la oprobiosa sociedad (el facha Gastón), logran al fin deshacer el embrujo y la bellísima Bella fija su residencia en el castillo de Bestia, fea como un pecado pero con una gran belleza interior. Al final triunfa el amor puro y sin estereotipos (eso sí, los días que Bella baja a la aldea, a Bestia le salen unos cuernecitos como de bisonte americano; nada grave).


Los Músicos de Bremen se convertirán en los músicos de Cádiz, que tienen mucha más grasia, dónde va a parar. Y asustarán a los ladrones a base de inteligentes chirigotas.


La Ratita Presumida seguirá siendo presumida, pero ya no pretenderá casarse con un ratón de provecho, que eso es muy anticuado, sino participar en Gran Hermana y forrarse después sacando sus pechúmenes en Interviú, que eso sí que es modeno y feminista.


Blancanieves no huye de su madrastra, sino de su padrastro, que es un machista pedrerastra; y cuando llega a la casita de los enanitos, son ellos los que friegan, lavan, planchan y además extraen los diamantes, mientras Blancanieves ve el fútbol y juega al poker con las amigotas.


El Traje del Emperador será, por decreto, El Traje de Faralaes de la Emperadora, una famosa y bella bailaora que triunfa primero en los corrales y luego en la política, siempre gracias a sus dotes intelectuales, espíritu emprendedor y capacidad de liderazgo.


Y por resumir, Juan Sin Miedo será Juana la Loca (un travesti temerario); el que hace la compra en Los 7 Cabritillos será el padre, mientras la cabra va a la oficina; Ricitos de Oro estará representada por un gay, que no hay en ningún cuento; y, ya que estamos, Mowgli y Baloo también están liados; Aladina será la nueva heroína musulmana, con su genia de la lámpara y su mona y su elefanta y demás; y la Cenicienta no sale corriendo porque se rompa el hechizo, sino porque ha quedado con el cochero a las 12:01; la madre de Bambi no muere a manos de un cazador anónimo, sino a manos del ex ministro Bermejo; el soldadito de plomo muere por pacifista, no por cojo; La Princesa y el Guisante queda absolutamente prohibido porque no tiene arreglo ninguno; y, en fin, Alicia en el país de las Maravillas también porque nunca ha entendido ni papa.


La Ministra Bibi, exhausta por el esfuerzo a la par que orgullosa por la labor de limpieza sexitiva realizada, se queda dulcemente dormida sobre su borrador de la nueva ley “Educando en Igual Da”. De un certero plumazo, ha borrado toda una serie de valores de esfuerzo, prudencia, fraternidad, diligencia (Los Tres Cerditos); de valentía, superación, ingenio (Hansel y Gretel); de humildad vs. soberbia, de generosidad vs. envidia, de amor vs. crueldad (Blancanieves); de bondad, confianza, fe, justicia (Cenicienta); de obediencia y discreción (Caperucita Roja); de responsabilidad, sinceridad, conciencia, amor (Pinocho); de fortaleza, tesón, valentía (El Soldadito de Plomo); de sacrificio, comprensión, no juzgar por las apariencias (La Bella y la Bestia), etcétera, etcétera, etcétera.


Es lo que tiene ser una completa ignorante, que no ve más allá de su muy sectaria y muy paritaria visión del mundo. ¿O es, acaso, un permanente afán de ser la protagonista del cuento, antes de que se acabe el chollo y vuelva al ingrato anonimato? Lo cierto es que, como protagonista, nunca podrá ser la madre de la historia; como mucho, la madrastra. Y de las malvadas.


—Espejito, espejito, dime: ¿no soy yo, aparte de la más bella miembra del Reino, la auténtica y verdadera heroína de la feminidad, la paridad, la igualdad y nonatalidad?

—Señora mía, sea lo que usted quiera. Yo dimito.

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