viernes, 31 de julio de 2009

La serpiente ha hablado. Y ha dicho: “Hoy toca muerte. Mañana, negociación”

Hoy no voy a hablar del milagro que salvó la vida a 41 niños y 79 adultos de los doscientos kilos de muerte que la serpiente etarra hizo estallar, con su habitual cobardía, justo enfrente de su hogar, la casa cuartel de la Guardia Civil de Burgos; no voy hablar tampoco de la detención del surfista Iker Acero (¿cómo puede ser Campeón de España alguien que odia tan rabiosamente a España?) y sus compis de recaudación internauta para alimentar a la serpiente y afilarle bien el hacha, ni voy a hablar de los miles de euros que el Gobierno de Ibarretxe ha prestado (o regaladado) a esa web de enaltecimiento etarra durante años; no voy a hablar siquiera de la melenilla del juez Pedraz ni de lo que tiene (o no tiene) bajo ella, después de permitir el enésimo homenaje impune a un valiente gudari; no voy a hablar tampoco de las palabras de condena, repulsa y determinación de quienes hace no mucho acariciaban y mimaban a la serpiente; ni voy a hablar de la enésima petición de una “solución negociada al conflicto”, sutilmente susurrada por Otegui y compañía aprovechando el ruido provocado por el coche bomba y los gritos de los niños a quien iba dirigido. No, no voy a hablar de todo lo que pasó o no pasó o pudo haber pasado ayer miércoles, porque queda ya a una terrible, triste y rabiosa distancia. A dos muertos de distancia, a dos jóvenes guardias civiles asesinados de distancia, a dos vidas salvajemente arrancadas de distancia, a dos familias machacadas para siempre de distancia.

Porque hoy jueves, tan lejano de ayer, quien sí ha vuelto a hablar ha sido la serpiente. Otra vez. De la única forma que conoce: con la lengua viperina del terror. Y ha dicho lo de siempre: «aquí estamos, seguimos vivos, vivitos y coleando, después de 50 años». Coleando y mordiendo y envenenando y estrangulando. Y volando por los aires a quien se ponga por delante, o por detrás. Es lo que tienen las serpientes, que son serpientes y no pueden dejar de serlo. Ni quieren. Ni saben. Ponen bombas, asesinan políticos o polícías o panaderos o niños, qué más da, extorsionan a empresarios, secuestran, torturan, queman autobuses, ganan elecciones, gobiernan, edukan… y se ríen de nosotros con odio y rabia, que es la única forma que conocen de reírse.

Sí, es lo que tiene ser serpiente, que por mucho que lo intente el pacificador de turno, nunca deja de ser serpiente; y si encima es alimentada, acurrucada, resguardada, mantenida, justificada, utilizada, comprendida, o simplemente tolerada, pues la serpiente se crece, porque no es tonta, y se retuerce con más saña y hace más daño, y muerde. Y mata. Ayer no pudo ser, ¡mala suerte! Bonito aniversario, podían haber caído tantos… Pero el cascabel sí se oyó, fuerte y rotundo. A la próxima habrá mordisco, con veneno, claro; con muertos, claro. «Es nuestra forma de hablar, ¿qué pasa pues? ¿Que no hay libertad de expresión, o qué?». Pues eso, que hoy se han expresado. Libremente, oye. Y en estéreo. Las consecuencias de su discurso: la vida de Carlos Saenz de Tejada García, de 28 años y natural de Burgos (¡cruel paradoja!); y la vida de Diego Salva Lezaun, pamplonica de 27 años y en prácticas. Los dos, Guardias Civiles, ese cuerpo históricamente repleto de héroes y mártires (¡cómo recuerdo ahora esa magistral portada de Mingote de un guardia civil llevando en brazos a un casero vasco rescatado de las inundaciones!), héroes y mártires que no tienen dinero para ordenadores ni chalecos antibalas, pero sí plena disposición a morir por defendernos. “Todo por la Patria”, ya saben.

La serpiente ha hablado. Y ha vuelto a pedir lo de siempre: diálogo. Solución negociada. Van ya varios mensajes en estas últimas semanas. El de hoy, desde luego, el menos sutil. Pero así se comunica la bestia. A hachazos. Y todavía habrá quien piense que hay serpientes buenas y malas; y todavía habrá quien piense que se las puede domesticar. Y lo volverán a intentar, fijo, cuando convenga. Ahora tal vez no sea el momento. Ahora toca escupir a la serpiente. Mañana, ya veremos. La cobardía es una poderosa fuerza para hacer el mal.

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lunes, 27 de julio de 2009

El misterioso caso de L.B. y la Correa corrediza

No sé si L.B. significa Luis Bárcenas, Lucas Bagchus o Louis Buiton (que escribiría aquél). Claro que, si nos ponemos a maquinar en plan imaginativo, .lb es también la abreviatura web de Líbano, la de la libra esterlina, la del logaritmo binario y la del lenguaje de programación Liberty BASIC, que mirados todos así, en conjunto (países sospechosos, divisas, matemáticas para entendidos y libertad básica o avanzada), pues puede que tengan relación con el amigo L.B. (quien quiera que sea) y su contabilidad paralela o para lista, que tanto da.

Pero uno, que para eso es creativo publicitario, le ha cogido el gustillo a esto de sacarle posibilidades a la L.B., así que voy a tomarme la libertad de seguir imaquinando. Por ejemplo, si nos ponemos en plan romántico, L.B. sería Lord Byron, amante de aventuras y bellas mujeres, como el mejor tarzán del cine (para Tita Cervera, claro) Lex Baker; o la bellísima y actricísima Lauren Bacall, la flaca, señora de Bogart hasta que la muerte los separó; o Lydia Bosch, menos bella y menos actriz, que mataría por separarse. Si seguimos en plan deportivo, tenemos al jugador de baloncesto brasileño Leandro Barbosa, de los Phoenix Suns; o expresiones tan molonas como left back en fútbol, leg bye en cricket o linebacker en fútbol americano, el de los paisanos de Ohbama!; o la bella surfista Layne Beachley, ¿por qué no, si el surf es mi deporte favorito? Si nos ponemos en plan, no sé, musical, podemos elegir entre los raperos Little Brother, el fleetwood mac Lindsey Buckinham o los genios Leonard Bernstein, Luigi Boccherini o Ludwig van Beethoven, que si están muertos ellos se lo pierden, pero para el caso pueden servir igual. También podemos ir de barrocos y relacionar las dichosas siglas con Lorenzo Bernini, o con Luis Buñuel, que no era barroco pero se llamaba Luis y se le iba un ojo, lo que me viene a huevo para terminar la tontería ésta con Louis Braille, que también se llamaba Luis y gracias a él se puede leer sin ojo ninguno.

Total, que todo este asunto del PP y el LB y Luis el Cabrón,
y Louis Buitton y los bolsos de Rita, y la bolsa del sastre, que no era sastre pero timaba como un descosido, y los trajes invisibles del emperador Camps y las anchoas del Revilla y el chorizo del Correa, que más que correa es soga de las que ahogan y estrangulan pero bien, y el Good and Better (en otros tiempos, claro) y el Easy Concept o Easy Money y la contabilidad asimétrica y el bigotes y el gominas y el contable y la madre que los parió a todos, este asunto, digo, ¿es la imagen que nos quiere transmitir el PP en contraposición a los trapicheos, corruptelas y despilfarros del PSOE y para restablecer nuestra confianza en el partido que va a desbancar a ZP? ¿Es ése el liderazgo de su muy gallego presidente, que prefiere dejar las cosas correr a ver si se estrellan solas, en lugar de pararlas a tiempo y llevarlas al taller para una revisión a fondo y a conciencia (y lo de conciencia va con segundas)? Luego se preguntarán por qué siguen empatados con el PSOE de Mister Paz y los 4 millones de parados.

Ya lo dije hace semanas en la radio y me reafirmo ahora en el Blog de Mister Paz: Luis Bárcenas ha perjudicado mucho a su partido, y lo sigue haciendo. Cualquier acción que haga ahora llegará tarde. Si resulta culpable de cualquier delito, el daño será irreparable para el PP, por no haberse largado antes (por no haber admitido Rajoy su dimisión); si no resulta culpable de ningún delito, el daño será menor, pero la confianza de muchos votantes tardará en restablecerse (y me incluyo), porque siempre quedará la imagen de la soberbia, del tren de vida millonario, del "de aquí no me mueve ni Dios" y del "si me miras mal, empiezo a largar turbiedades…". Y si el enemigo filtra y miente y hace trampas y comete delitos, ésa es otra guerra, legal para más señas; se denuncia y se aportan pruebas; y se contraataca con toda la rabia, con toda la astucia y con todas las fuerzas mediáticas y legales. Pero los asuntos sucios de casa son responsabilidad del dueño de la casa, y si no toma medidas, se le van de las manos. Esas mismas manos que pone en el fuego por unos u otros, y que ya están escaldadas.

La Correa corrediza y correosa que tienen al cuello los dirigentes del PP no va a ser fácil de deshacer; porque además de corrediza y correosa es una correa de (re)transmisión con mucha cuerda que soltar, y que Prisa va a seguir teniendo bien sujeta.

Y uno, que de por sí es curioso, se queda con la duda de quién carajo es L.B. Y mientras espero a que una filtración de El País desvele el gran secreto (de sumario), sigo imaginando: ¿Lulú Boom Boom? ¿Leire Bajín? ¿Lucas Bocajarro? ¿Lerdiño Blanco? ¿Lolo Bololoco?...
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martes, 21 de julio de 2009

Violación a los 13 años, ¿delito o diversión?


El último caso de atroz violación de una menor por otros menores en Baena, a plena luz del día, con cobarde testigo ocular incluida, nos ha sobrecogido a todos, aunque a muchos no nos ha cogido por sorpresa. No es el primero, ni será, me temo, el último. Esta sociedad libre y progresista que nos están vendiendo, en la que es más guai elegir lo fácil frente a lo correcto, pasando de cortapisas morales, esta sociedad que repudia las “interferencias paternas” (ZP dixit), y aniquila cualquier responsabilidad de nuestras acciones, esta sociedad relativista, buenista y simplista, es lo que tiene.

Ahora, esta misma sociedad se rasga las vestiduras y se pregunta ¿cómo hemos dejado que esto suceda? ¿Cómo vamos a castigar a los culpables? ¿Cuándo vamos a endurecer la ley del menor para que paguen su maldad? Son preguntas que nos hacemos en caliente, buscando justicia, exigiendo justicia. Y está bien que así sea.

Pero yo quiero llegar un poco más allá, un poco más al fondo, un poco más atrás. El hecho de que el presunto novio de la víctima, uno de los 6 canallas violadores, la chantajeara con la amenaza de enseñar a sus padres un vídeo de la menor (13 años) practicando sexo con él; o que la vecina que pasaba por ahí en plena faena no denunciara el delito hasta cinco horas después (¿por miedo, por desidia, porque creía que estaban rodando una serie de TV, porque le importaba una mierda?) a mí me ha llevado a reflexionar sobre las causas, más que sobre las consecuencias. Y reflexionando me ha venido a la cabeza aquella entrevista que realizaron a Anne Graham, hija de un famoso predicador americano, en la que le preguntaron cómo Dios podía haber permitido que sucediera el atentado del 11-S (como si fuera lo más cruel que haya sucedido en la Tierra en los últimos 10.000 años, añado yo). La respuesta de Anne no tiene desperdicio, y creo que se puede aplicar perfectamente, no ya a este caso concreto de violación entre menores, también a todo lo que está sucediendo últimamente en esta sociedad tan progre, tan abierta y tan divertida… y lo que nos queda.

«Durante años hemos estado diciéndole a Dios que salga de nuestras escuelas, que salga de nuestro gobierno y que salga de nuestras vidas… ¿Cómo podemos esperar que Dios nos dé su bendición y su protección cuando le hemos exigido que nos deje estar solos?
Me parece que todo comenzó cuando Madeleine Murria O’Hare se quejó de que no quería que se rezara en nuestras escuelas, y dijimos que estaba bien.

Luego alguien dijo que mejor no se leyera la Biblia en las escuelas… La Biblia habla de no matarás, no robarás, amarás a tu prójimo como a ti mismo... Y dijimos que estaba bien.
Luego el Dr. Benjamín Spock dijo que no debíamos pegar a nuestros hijos cuando se portan mal porque “sus pequeñas personalidades se truncarían y podríamos lastimar su autoestima”. Dijimos “los expertos saben lo que están diciendo”. Y dijimos que estaba bien. El hijo del Dr. Spock se suicidó.

Luego alguien dijo que los maestros y directores de los colegios no deberían disciplinar a nuestros hijos cuando se portan mal; que más valía que se no tocara a ningún estudiante que se portara mal porque “no queremos publicidad negativa y por supuesto no queremos que nos vayan a demandar” (hay una gran diferencia entre disciplinar, tocar, golpear, cachetear, humillar, patear, etc.). Y dijimos que estaba bien.

Luego alguien dijo, dejemos que nuestras hijas aborten si quieren, y que ni siquiera tengan que decírselo a sus padres. Y dijimos que estaba bien.

Luego uno de los consejeros del Consejo de administración de las escuelas dijo: “ya que los muchachos siempre van a ser muchachos, y de todos modos lo van a hacer, demos a nuestros hijos todos los condones que quieran para que puedan divertirse al máximo, y no tenemos por qué decirle a sus padres que se los dimos en la escuela”. Y dijimos que estaba bien.
Luego nuestros gobernantes dijeron que “no importa lo que hacemos en privado mientras cumplamos con nuestro trabajo”. Estuvimos de acuerdo con ellos y dijimos que estaba bien.
Luego alguien dijo “vamos a imprimir revistas con fotografías de mujeres desnudas y decir que esto es una apreciación sana y realista de la belleza del cuerpo femenino”. Y dijimos que estaba bien.

Y luego alguien llevó más allá esa apreciación y publicó fotografías de niños desnudos, llegando aún más allá cuando las colocó en Internet. Dijimos “ellos tienen derecho a su libertad de expresión”.

Luego la industria del ocio dijo “hagamos shows de televisión y películas que promuevan lo profano, la violencia y el sexo ilícito”. Y dijimos que estaba bien. “Grabemos música que estimule las violaciones, las drogas, los suicidios y los temas satánicos”. Y dijimos que estaba bien. Y dijimos “no es más que diversión, no tiene efectos negativos, de todos modos nadie lo toma en serio, así que ¡adelante!” Y dijimos que estaba bien.

Ahora nos preguntamos: ¿Por qué nuestros niños no tienen conciencia? ¿Por qué no saben distinguir entre el bien y el mal? ¿Por qué estos niños cometen tales maldades? Probablemente, si lo pensamos bien y despacio, encontraremos la respuesta. Si no, su problema es más serio. Creo que tiene mucho que ver con aquello de ‘lo que sembramos es lo que recogemos’».


No pretendo, ni mucho menos, ir de moralista, ni restar un solo gramo de culpa a los hijos de puta que violaron a la niña; pero tampoco seamos hipócritas. ¿Realmente creemos que esta sociedad ultrapermisiva (en lo moral, no en lo demás) no trae consecuencias? ¿Que la poco edificante y ejemplarizante vida de nuestros políticos, futbolistas, héroes de ficción, famosetes o aspirantes a famosetes no marca las actitudes de nuestros hijos? ¿Que hip hops con bombos, píldoras del “hazlo sin miedo”, series del “hazlo con quien quieras, como quieras y a la edad que quieras”, que orgías multicolor, “Guías para ir de culo”, el “sin sexo no hay felicidad”, el “niña, aborta en silencio” o responsabilidad cero, de verdad creemos que no tienen nada que ver con la violación de esa niña de 13 años por pura diversión de su novio y colegas, detenidos ayer y probablemente mañana en la calle, colgando el vídeo en youtube?

Lo dijo el médico francés Alexis Carrel: «El sentido moral es de gran importancia. Cuando desaparece de una nación, toda la estructura social va hacia el derrumbe.»
Pues eso.
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martes, 7 de julio de 2009

El Circus Hispanus: del Cristiano al Valenciano, pasando por los leones.

¡Cómo ha cambiado el circo! El Coliseum Bernabeum lleno hasta la banderum aclamando al Cristiano que va a devorarse, él solito, a los leones, a los uros, a los gladiadores y a la legión romana en pleno si se tercia. 85.000 ciudadanos blancos, dicen. ¡Joder con el circo! Y de esos 85.000, ¿cuántos miles de parados, de pequeños empresarios sin empresa, de comerciantes con el comercio cerrado sine die, con el cartelito de “se vende”, “se alquila” o “se regala” colgado de la persiana cerrada? ¿Cuántos miles de mileuristas, de precarios, de ahogados ensalzando, aclamando, vitoreando, adorando al becerro de oro de 95 millones de kilates? ¿Cuántos que han dejado de comer carne durante un mes para comerse 80 o 90 pavos en la túnica blanca con el 9 por detrás y el bwin por delante? Sí. Cuántos sacrificados ciudadanos —los únicos sacrificados en este circo— arrodillados ante el nuevo dios galáctico, gritando con las bocas bien abiertas y los ojos bien cerrados, que a veces es mejor no ver lo que se adora, no vaya a ser que veamos, no sé, ¿la cruda realidad?
En fin, allá cada cual con su afición, o su ficción, o su adicción o su fanaticción, o lo que sea.

Mas el circo no se detiene, que para eso es el nuevo —y el ancestral— deporte nacional. The show must go on. Y si adoramos al Cristiano por ganar 95 millones de euros para saltar al campo vestido de blanco, a Camps lo echamos a las fieras por dejarse regalar 10.000 euros para vestirse de gris. Y será verdad, oiga. O no. ¡Qué más da! La cagada ya está hecha. Y el pulgar del juez Flors —que tiene nombre de cómico— ha quedado señalando hacia abajo. Hemos pasado del “Yes, we Camps” al “Cagaturi te salutant”. Y aunque la cosa no tenga delito más allá de la estupidez, la torpeza y la mentira, Camps purgará en la arena, mas no solo: le acompañará el valiente Rajoy —aunque no es precisamente Charlton Heston— con la mano quemada de ponerla tanto en el fuego. Menudo panorama. ¡Menudo circo! El pueblo clama, pidiendo sangre; y los leones salen, hambrientos, con las garras recién afiladas con el samurai shark y el colmillo bien torcido.
El delito no es vestir, más o menos gratis. El delito es mentir, y eso no debería salir gratis. No, sobre todo en un partido como el PP, que debe ser y parecer, como la mujer del César. O más.

Pero al César lo que es del César y a Flors lo que es de Flors. Ahora queda averiguar la verdad, que al final es lo único que merece la pena. Pero sea cual sea, la verdad y la pena, la arena ya está manchada de sangre. Y todavía queda Bárcenas. Y mientras, el vice César tercero Chaves Maximus Subvencionatur permanece en el palco partiéndose el sternum de la risa, dispuesto a perdonar —privilegio de los dioses— 900.000 euracos, por el rostrum, al fiel centurión Cebrián adeudados por la tdt de PRISA. Y eso da para muchos trajes. Romanos y Milanos.

Y de César a César, o a dios, que en caso del otro Flo, el Florentino, tanto da. El PP clama, desde la arena, ¡por favor, Florentino César, traenos más Cristianos que adorar, para entretener a la plebe, para entumecer al populacho. Panem et circenses, que la paellum se nos ha pasado (de rosca, de lista o de tonta, aún no sabemos). Y todavía queda Bárcenas.
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viernes, 3 de julio de 2009

El condenado Madoff y la inversión de los valores.

Al tramposo Madoff, al codicioso Madoff, al estafador Madoff, al ladrón Madoff, le han caído 150 años de cárcel, así, by the face. No voy a entrar en si es mucho o poco, no me importa; ni siquiera voy a compararlo con las mínimas condenas por asesinato de los terroristas patrios. No ha lugar. Un fraude de 65.000 millones de dólares (¡qué cifras, por Dios!), más blanqueo, perjurio, robo y la ruina de muchas, muchas personas honradas debe tener su castigo ejemplar, y así lo ha estimado la Justicia americana, en voz y sentencia del juez federal Denny Chin, que suena a calderilla en el bolsillo. 150 años, es lo que hay. Los arrepentimientos a toro pasado del condenado Madoff, del maldito Madoff («¿Cómo pedir perdón por traicionar a miles de inversores que me confiaron sus ahorros de toda la vida?») no van a devolver los ahorros, ni los negocios, ni la esperanza, ni la alegría de vivir de esos miles de inversores. Ni su confianza en el sistema, probablemente.
«Madoff robó a los ricos, a los pobres y a los que estamos en medio. No tenía ningún tipo de valores», declaró una víctima. «Timó a sus clientes quedándose con el dinero para que tanto él como su mujer pudieran vivir una vida de lujos», denunció otro afectado.

Valores y Lujo. Lujo y Valores. «En esta vida hay cosas mucho más importantes que el dinero... pero cuestan tanto», decía con ácida ironía el siempre genial Groucho Marx. Alguien quizá se pregunte a estas alturas de la crisis cómo hemos llegado hasta aquí. Pues bien, una de las razones han sido los Madoff de turno. Gentes con unos valores muy suyos, en el exacto sentido de la palabra. Yo, mi, me, conmigo… y después, yo. Y me importa una mierda a quién pise, a quién engañe o a quién robe si yo consigo lo mío, que es mi bonus, mi cayenne, mi tercera casita, mi safari, mis lujos varios o mis jugosas acciones en Bolsa. Bien. Tampoco voy a entrar a juzgar esos valores, cada cual es muy dueño de tener los que estime, siempre que no saquen los pies de la ley. Pero sí me llevan, irremediablemente, a una reflexión: crisis significa cambio, y cambio significa oportunidad. Pero no oportunidad en el sentido de aprovechar la desgracia ajena para hacerse rico, como muchos estarán pensando (e incluso ejerciendo). No. Oportunidad precisamente para cambiar nuestros valores, para dar un vuelco a nuestras prioridades. Para redescubrir lo realmente importante de la vida. La Vida, eso que ocurre mientras estamos ocupados haciendo dinero.
Es una simple cuestión de prioridades. Dejar de trabajar 20 horas al día, sábados, domingos y blackberry incluidos para pagarte el cayenne o el X5, y reecontrarte otra vez con tus hijos, esos seres extraños que pululan de vez en cuando por tu vida y no te puedes imaginar cuánto te echan de menos. Por ejemplo. O donar una parte de tus merecidas comisiones para ayudar a sobrevivir a gentes que no son tan afortunadas como tú, y que no están tan lejos como crees. O volver a cuidar un poquito a tu mujer, a quien ves de vez en vez en algún acto social de la empresa. O echar una mano en los comedores de Cáritas, ésos a los que acuden cada día miles y miles de nuevos pobres, algunos de ellos aún con la corbata a medio quitar. O sacrificar la presentación de Cristiano Ronaldo, el de los 95 millones (¡de euros!), para llevar a tu madre, viuda desde el 95, sola desde el 95, al teatro o a merendar a su añorada Embassy. O empezar a escribir un libro, por qué no, entre no-oferta y no-oferta de trabajo. En fin, dejar de invertir toda nuestra vida en los falsos valores de Madoff, y empezar a invertir en los valores que son verdaderamente importantes. O sea, invertir nuestros valores.

Decía Saint Exupéry que «el hombre se descubre cuando se mide contra un obstáculo». Pues ahí está el obstáculo. Y bien grande. Aprovechémoslo para descubrir nuestro lado bueno.

viernes, 26 de junio de 2009

Mister paz en Togo: ¡Acábese la pena de muerte!


Y llegó Mister Paz a Togo, República afortunada ella, y les regaló la vida, así, como quien no quiere la cosa. Dijo Mister Paz: «Acábese la pena de muerte» y la pena de muerte acabóse. Y vio Mister Paz que era bueno. Lo que no sabemos es si lo dijo en éwé, en kabiyé o en francés que, como ya demostró en la Asamblea Nacional francesa, es un idioma que domina a la pegfegsión. Aunque es posible que lo dijera en la lengua hausa, más minonitaria, pero muy parloteada por los musulmanes de la República Togolesa, o sea, los amiguetes de la Alianza de Civilizaciones, o sea, los mismos que lapidan a las mujeres por mirar las barbas del vecino y los mismos que cuelgan de la grúa —y del cuello— a los colegas de Zerolo, el Bautista Laico. El caso es que nuestro iluminado presidente ha ido de visita a Togo con toda su iluminancia, y viendo que la gente allí muere a espuertas, especialmente de SIDA, que sólo los cuatro o cinco que no fuman ni beben pasan de los 58 años, que nueve de cada 100 niños mueren al poco de nacer —por lo que no hace falta promocionar el aborto— y que, entre guerras, golpes de estado y matanzas varias allí no pasan de 6 millones de habitantes ni con un promedio de casi 5 hijos por mujer, pues Mister Paz se preguntó, con toda su solidaridaz a flor de piel: «¿Qué puedo hacer yo, oh poderoso presidente de un país championlig, por estos pobres negr… digo, afroamericanos, que no tienen ni dónde caerse muertos? ¿Cómo puedo salvarlos de la miseria y federarlos a mi misión de Paz? ¿Enseñándoles Educación para la Ciuadanía? ¿Recuperando su Memoria Histórica? ¿Dividiéndolos en 17 regiones étnicas y dando a cada una un trato diferente para que se sientan todos iguales? ¿Trasladando a Lomé o a Sokodé la central de Garoña ycomprarles luego la energía más barata que a Francia, que se aprovechan de que somos vecinos, los muy capulluás? ¿Enviarles a Leire para que les organice una campaña interplanetaria de recaudación de fondos perdidos? ¿O a Pepiño, que seguro que levanta el país levantando miles de áticos en los siete kilómetros y medio que tienen de costa? ¿Qué puedo hacer, oh abuelito, qué puedo hacer?» Y que no se le ocurría nada a Mister Paz. Hasta que, de repente, mientras veía Bambi por la parabólica del hotel, justo en el momento trágico de la muerte de la mamá de Bambi a manos de los crueles cazadores neocón, se le encendió una bombilla de bajo consumo sobre la cabeza y exclamó: «¡Euskera!... ¿o era eureka?... ¿eunuka?... Bueno, lo que sea. Ya sé lo que voy a hacer por el país Tongo éste: les voy a abolir la pena de muerte. ¡Eso es! Como en Cuba y Corea y China y los países de la alianza de civilizaciones, o sea, Arabia Saudí, Libia, Palestina, Irán, Irak, Pakistán… Así sólo se quedan los imperialistas americanos, que ya me encargaré yo de convencer a Ohbama! cuando quedemos en su rancho». Y dicho y hecho, oiga. Quedó en la Asamblea Nacional con el presi Gnassingbé y sus camaradas del democrático parlamento y, dedicándoles su más espléndida sonrisa —y no sabemos si dedicándoles un espléndido maletín— declaró abolida la pena de muerte en la República, lo que le llevó a rememorar con afligida congoja la Guerra Civil española —cosa nada obsesiva ni enfermiza en Mister Paz— y a declarar solemnemente que «España cuenta con razones de peso para lanzar y abanderar esta propuesta ante la Comunidad Internacional. Con ocasión de nuestra historia, familias de muchos españoles sufrieron la ejecución, por motivos políticos, entre amigos y familiares». Total, que la cosa quedó sellada como “Ley Zapatero”. Lo que ignoramos es si va a funcionar tan maravillosamente como el “Plan Zapatero” por el pleno empleo en España, y si va a colocar también un enorme cartel en cada patíbulo y/o muro de fusilamiento anunciando, bien visible, la «Zona de No Ejecución. Queda terminantemente prohibido matar por obra y gracia de Mister Paz». Y los togoleses y las togolesas serán enormemente felices y felizas, mientras siguen muriendo de SIDA, de mortalidad infantil, de vejez a los 58 años, de hambre, de sed y de injusticia. Los únicos que han protestado contra el feliz iluminado han sido los desagradecidos mosquitos, que han tratado de derribar el Falcon presidencial. Afortunadamente, como somos un país de la championlig mundial sobrado de pasta, no como otros, Mister Paz y su séquito habían viajado en dos (2) Falcons. Con un par.

Y yo me pregunto, si esa mesiánica dedicación a salvar vidas por el mundo —cosa que me parece muy loable— no podría aplicarla un poco por estos lares. O sea, que una vez autodesignado adalid mundial de la abolición de la pena de muerte, ¿no le da pena la muerte de cientos de miles de seres vivos cuyo único delito es no ser deseados o no poder ser deseados? ¿De verdad le importan más los (grandes o pequeños) delincuentes de Togo que los más inocentes de los españoles? ¿O lo que realmente le importa es la foto, muy por encima del feto? A fin y al cabo, ¿no dicen que es de izquierdas defender a los más indefensos? Claro, si fueran seres vivos… o humanos… o linces… o togoleños.
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lunes, 22 de junio de 2009

Hacer el bien, hacer el mal o hablar para no hacer nada.

Hay quienes entregan su vida a salvar las vidas de los demás y quienes matan vidas para justificar su propia vida. Esta semana que muere hemos tenido dos nítidos ejemplos de estas dos visiones antagónicas de la vida y la muerte.
Una, la de Vicente Ferrer, que dedicó 55 años de su existencia a velar por los más desfavorecidos, a cuidar y curar a los miserables entre los miserables, a darles trabajo y dignidad, a ofrecerles un mínimo de esperanza, a justificar su propia existencia. 375.000 vidas son testigos de su elección de hacer el bien.
La otra, la de los asesinos de ETA, que llevan 50 años de vil existencia aterrorizando, extorsionando, torturando, coartando, mutilando, sesgando vidas de forma cobarde y miserable, cortando de cuajo la esperanza de almas inocentes sin la menor compasión, sin la más mínima dignidad ni justificación. 875 vidas y miles de víctimas son testigos de su elección de hacer el mal.

Pero hoy no vamos a hablar de ETA, no vamos a condenar a ETA, no vamos a clamar al cielo gritando contra ETA, no vamos a rasgarnos las vestiduras, una vez más, llenándonos la boca de las sempiternas expresiones de indignación y repulsa, de altisonantes lamentos y adornadas tristezas, del no doblegarán a la democracia o el unidos les podemos vencer; de palabras huecas y frases hábilmente memorizadas que, una vez cada cierto tiempo —coincidiendo con alguna muerte, claro—, nuestros políticos sueltan automáticamente para que su dolor, su deterrminación y su pedigrí democrático queden convenientemente reflejados en los medios, aderezados de rostros contritos y ojos llorosos, o indignados, según.

No, no vamos a hablar de ETA, ni vamos a hablar de hablar. Hoy vamos a hablar de actuar, de hacer. De hechos. Como los hechos de Vicente Ferrer, que no dedicó la mitad de su vida a blablablabla solidaridad blablablabla caridad blablablabla donativos blablabla… o sea, a soltar la proclama desde un cómodo despacho o desde una sala de prensa del partido de turno —eso se lo dejamos a Mister Paz o a Leire Pajín y sus 20.000 euros de solidario sueldo— mientras otros se ensuciaban las manos lavando cuerpos putrefactos y almas ulceradas; no, él no proclamaba solidadridad, él ejerció la solidadridad, la auténtica, la verdadera, la real: la única. Su vida fue caridad, entrega, generosidad. Como la de Teresa de Calcuta. Como la del padre Christopher Hartley. Y también como la de miles de misioneros valientes, de médicos y cooperantes anónimos, de hermanas con alma de ángel que viven y mueren cada día en los rincones más oscuros de este triste planeta, hablando cara a cara con el SIDA, la lepra, la miseria, la guerra, el odio; entregando sus vidas por algo tan valioso como una sonrisa o un simple “gracias”. Ellos no hablan de solidaridad, de leyes de dependencia, de reparto justo, de logros sociales, de derechos a decidir… No, ellos no hablan de caridad, son caridad. Ellos no prometen, cumplen. Ellos no dicen, hacen.

Quien ha vuelto a hacer, como sólo sabe, es la serpiente etarra. Asesinando cobardemente a un policía. A uno de esos héroes anónimos que se juegan la vida haciendo —70 detenciones son sus hechos—. Y nuestros políticos y próceres, otra vez, no han parado de hablar —«rebeldía cívica y democrática», «desprecio vil al derecho sagrado a la vida», «no habrá negociación, ni con un muerto ni con cien» «sólo pedimos unidad de los demócratas», «les enseñaremos el camino de la cárcel», «responderemos con toda la fuerza y la contundencia», «que paguen sus culpas como deben pagarlas», blablablabla—. Pero es que estamos hartos de palabras. Queremos hechos. Hechos como ilegalizar Izquierda Internacionalista, vergonzosamente legal gracias al TC; hechos como ilegalizar ANV o PCTV, vergonzosamente legales gracias a Conde Pumpido; hechos como no permitir que una asesina salga de la cárcel para reírse de los muertos con la excusa de un tratamiento de fertilidad a sus cuarenta y muchos años; hechos como cerrar las herriko tabernas y tirar la llave al fondo del Cantábrico; hechos como aniquilar todas y cada una de las subvenciones que generosamente recibe el entorno etarra; hechos como cortar de raíz el odio irracional inoculado en las ikastolas; hechos como volver a meter unos años en chirona a los cachorros de la gasolina, en cuanto asomen la kufiya; hechos como el de ejercer todo el peso de la ley, en su interpretación más absolutamente estricta, contra todo aquél que alimente, ampare, justifique, ensalce o simplemente ría la gracia (¿verdad Follonero?) a cualquier miembro, amigo, simpatizante o simple conocido de ETA. Sólo si actuamos sin complejos, sin miramientos y sin piedad —dentro de la ley, obviamente—, podremos aplastar definitivamente a la serpiente, desde la cabeza hasta la última escama de la cola. Solamente con hechos, conseguiremos que la serpiente deje de hacer, y que hable sólo para pedir perdón… justo antes de expirar.

Decía Vicente Ferrer que «la conciencia está puesta por Dios para evitar que hagamos el mal, por eso te remuerde». Hagamos pues, el bien, como él. Sigamos su ejemplo y defendamos la vida sin cobardes o convenientes ambigüedades. Eso incluye desintegrar a ETA de una vez para siempre. Sin palabrería. Sin remordimientos. Sólo así haremos justicia a Eduardo Puelles, a su valiente viuda y a todos aquellos héroes que entregan su vida a la impagable labor de proteger las nuestras.

viernes, 19 de junio de 2009

La sabiduría popular y la triste realidad: del malevo a la infamia pasando por la chapuza

«La sabiduría es hija de la experiencia» sentenció el multidisciplinar Leonardo da Vinci, que de sabiduría y experiencia sabía un rato, el tío. El pueblo español, cuando quiere, también sabe ser sabio e incluso demostrarlo, sobre todo cuando las experiencias, más las malas que las buenas, tocan su orgullo patrio, cuestionan su honor o rasgan su bolsillo. En estos últimos meses de desgobierno y despropósito, las experiencias vividas —sufridas— por el tan sabio pueblo soberano han sido especialmente inspiradoras, al parecer, como queda demostrado con la última ocurrencia perpetrada por el Instituto Cervantes de la ex televisiva Caffarel, en el democrático experimento que ha venido a llamarse “El Día del Español”. La cosa ha consistido en invitar a internautas de todo el mundo a proponer, votar y compartir su palabra preferida. Y el pueblo, que además de sabio es generoso y participativo, ha propuesto, ha votado y ha compartido. Y la verdad, he de reconocer que también ha acertado. No sé si la elección final, las 10 palabras ganadoras, son el resultado de tanta negativa experiencia, de la mera casualidad o de las ganas de enredar de éste su fiel y nada objetivo servidor, pero sea como fuere, a mí me da que las preferencias de los internautas están cargadas de intención y de sabia reflexión. Si no me creen, lean, lean…

1. Malevo.
Es curioso que la favorita entre las favoritas sea una palabra argentina, lo que dice mucho de quién tiene más tiempo libre en este globalizado mundo hispanoparlante. Pero la elección del número uno no puede estar más acertada, ya que este gobierno de Mister Paz cada día se acerca más al matón pendenciero del arrabal bonaerense, chuleando, maleando y navajeando al ciudadano honrado en cada oscura esquina de esta crisis que aún ignoramos cuán sucia y tenebrosa es.

2. Chapuza.
Cuando el jefe de los ser-vicios de inteligencia se va de pesca de alto standing a cargo del dinero de los contribuyentes, es pescado in fraganti —e in foto— con las manos en el marlin y tratan de ocultarlo con el photoshop sustituyendo en la foto la cabeza del susodicho jefe por la del compañero de pesca que tiene al lado, sin cambiar la de éste, sinceramente, acojona pensar que éstos del CNI son nuestros mejores espías. Y Rubalcaba, ¿no dice nada ahora de Mortadelo y Filemón?

3. Albricias.
El pueblo sabio debe ser gran aficionado a la NBA, pues aparte del anillo ganado a pulso por el grandísimo Gasol con los Lakers, no encuentro ninguna otra razón o acontecimiento que merezca celebrar con júbilo y alborozo. Bueno, sí, que Tita Cervera ha revelado finalmente la verdadera identidad del padre de su hijo. ¡Albricias!

4. Infamia.
Las cínicas mentiras de Mister Paz con la crisis, la vileza de la nueva ley del aborto, el deshonroso amor fraternal del vicepresidente Chávez, la creciente demagogia barata e infantil de la teenager Pajín, las bilis orales de su predecesor y próximo sucesor Pepiño Blanco, la mezquindad sin límites de Tomás Gómez, el permanente servilismo hacia sí misma de la ministra Chacón, la sirvengozonería generalizada de la clase (¿clase?) política, el indecente compadreo de El Follonero con el cachondo Otegui… pienso que tal vez “infamia” debiera haber sido la number one de la lista.

5. Valentía.
El pueblo llano siempre está repleto de valientes anónimos. Por ejemplo, cualquier autónomo o empresario PYME que, con la que está cayendo —y lo que queda—, mantenga vivo su pequeño negocio dejándose la vida y algo más en su batalla contra las medidas salvadoras del gobierno. Y no digamos los que osan emprender un nuevo negocio. ¡Unos héroes!

6. Malabarista.
Vender la subida del tabaco y la gasolina como un beneficio para nuestra salud, la salud del planeta y la salud de la Ley de Dependencia ha batido todos los records del malabarismo dialéctico de Mister Paz y sus secuaces (en este caso secuaza). Jamás llegué a imaginar, ni siquiera cuando escribí la hipersurrealista novela “Bienvenido, Mister Paz”, que pudieran llegar a tan altas cimas del morrus operandis de forma tan espectacular. Si dedicaran todo su ingenio de embaucadores profesionales a vender coches, acababan con el stock automovilístico nacional en dos semanas.

7. Cariño.
Falta de, más bien. La falta de cariño que tienen estos tipos y estas tipas por la vida de cientos de miles de tiernos infantes que han cometido el imperdonable delito de no tener las suficientes semanas de vida como para merecer seguir viviendo. El derecho a decidir, lo llaman. Despiadado eufemismo.

8. Abrazo. ¡Qué bonita es la hermandad entre los pueblos! ¡Y qué cara! Sobre todo la de Carod Rovira, que cada vez que se abraza a un nuevo pueblo hermano se gasta una pasta gansa. Nueva York, Berlín, Londres, París, Buenos Aires, México… ¿cuántos cientos de miles de euros al año nos cuesta a los españolitos de a pie —nacionalistas y no— cada abrazo en forma de embajada o de simple viaje con megadelegación y tropecientas tarjetas de crédito del hermano José Luis?

9. Bregar.
O cómo el ciudadano que aún tiene trabajo trata de defender su vida, su honra y su hacienda para salir de esta crisis que no tiene culpables pero sí condenados. Eso los que tienen trabajo; los que no, simplemente tienen la vida partida en dos, y nadie que se la remiende.

10. Sonrisa.
El sabio ciudadano conserva aún una cierta esperanza en que algún día, no demasiado lejano, todo vuelva a ser como antes, cuando tenía trabajo, dignidad, objetivos, futuro. Y cuando piensa eso, sonríe. No con la sonrisa hueca (mueca) del optimismo antropológico de su presidente, sino con una sonrisa mucho más tenue, sincera e ilusionada entre tanta desilusión.

Pues eso, la sabiduría popular que se dice. Sólo espero que no sea como la de los cocodrilos que, según la dramática versión de sir Francis Bacon «vierten lágrimas cuando devoran a sus víctimas. He ahí su sabiduría.» ¡Pobrecitos!

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martes, 16 de junio de 2009

Reflexión sobre la muerte inevitable y las muertes que se podían haber evitado


«Había en Bagdad un mercader que envió a su criado al mercado a comprar provisiones, y al poco tiempo el criado regresó pálido y tembloroso y dijo: “Señor, hace un momento, mientras estaba en la plaza del mercado, he sido empujado por una mujer que se hallaba entre la multitud y, cuando me volví, vi que era la Muerte. Me miró e hizo un gesto de amenaza. Préstame tu caballo para alejarme de la ciudad y escapar a mi destino. Iré a Samarra y allí la Muerte no me encontrará. El mercader le prestó su caballo y el sirviente montó en él, picó espuelas y huyó a galope tendido. Después el mercader bajó a la plaza del mercado y, descubriéndome entre la multitud, se acercó y me dijo: “¿Por qué esta mañana le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?” “No fue un gesto de amenaza -respondí-, sino de sorpresa. Me ha extrañado verlo aquí en Bagdad, porque esta noche tengo una cita con él en Samarra."»

En este pasaje, que he tomado prestado —sin permiso de la SGAE— de la obra Sheppey del escritor inglés Somerset Maugham, la propia Muerte relata al protagonista la famosa leyenda sufí que tantas versiones ha conocido a lo largo de los siglos, y cuyo último ejemplo de la fatalidad inevitable acabamos de conocer hace tan sólo unos días. Me refiero a la italiana Johanna Ganthaler, a quien la fortuna dejó en tierra al perder el vuelo 447 de Air France que se estrelló el pasado 31 de mayo en el Atlántico, pero a quien la muerte encontró sólo unos días después en una carretera de Austria, al estrellarse su automóvil contra un camión. Podemos llamarlo destino, fatalidad, sino, ventura, azar, estrella, dersignio divino, inexorabilidad o simplemente —suena más cinematográfico— la hora señalada. El caso es que cuando toca, toca. Y cuando no toca, no toca. Que se lo digan si no al japonés Tsutomu Yamaguchi, nonagenario superviviente de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki; o al guarda forestal Roy Sullivan, cuyo cuerpo ha sobrevivido a las descargas de siete rayos, siete, con sus respectivos miles de amperios cada uno; o a la enfermera que se salvó de tres mega naufragios entre 1911 y 1916, incluido el del Titanic —podrían haber sido más, pero suponemos que no la dejarían embarcar ya en ningún otro transatlántico, yate, carguero o simple pesquero—; o, también, a la única superviviente de un accidente aéreo que luego resultó ser la única fallecida en un accidente ferroviario... Sí, cuesta asumirlo, pero nuestro destino está marcado por la muerte inevitable, y da igual que tratemos de huir a Samarra o a Austria: si tiene que alcanzarnos, nos alcanzará.

Sin embargo, uno no puede evitar preguntarse si esa muerte inevitable sí podía haberse evitado en decenas de atentados perpetrados por los fanáticos etarras durante los últimos 27 años. Las valientes —aunque no sorprendentes— declaraciones de dos ertzainas apuntando directamente a sus politizados jefes y a los políticos que los politizaban y utilizaban a su antojo, han abierto los ojos a la opinión pública —otros ya lo sabíamos desde hacía años—, al acusar a los mandos de obligar a los agentes a mirar hacia otro lado en todo asunto que tocara o simplemente rozara a la Izquierda Abertzale, en todas sus ramificaciones; en sus propias palabras, había una «predisposición política para no detener a estas personas» y recibían «órdenes directas de superiores para no actuar contra ETA y su entorno». Hechos muy graves, muy crueles y absolutamente inmorales, que ya denunciaron exhaustivamente libros como “ETA. El saqueo de Euzkadi” de Isabel Durán y José Díaz Herrera o “El árbol y las nueces” de Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga. Casos tan repugnantes como aquél en que se envió a una simple pareja de ertzainas a sofocar una kale borroka de más de 20 salvajes, que a punto estuvieron de quemar vivos a los agentes, entre cajero y cajero; o decenas de partes de terrorismo callejero camuflados en inocentes peleas de vecinos por órdenes superiores; o la detención de un único etarra desde 1982, curiosamente unos días antes de las elecciones vascas; o el simple hecho de que cientos de ertzainas se hayan visto obligados a pernoctar al otro lado de la frontera, en Cantabria, para poder tender sus pantalones sin tener que darles la vuelta para ocultar su identificativa raya roja.
Sí, no puedo evitar preguntarme si acaso no se habrían evitado muchas muertes, decenas de asesinatos, por el simple hecho de que la Ertzaintza hubiera ejercido de policía al servicio de la seguridad y de los ciudadanos, en lugar de al servicio del PNV y de su sangrienta quimera de una nación idílica, en la que no es concebible, por principio, una fuerza policial represora.
Muertes evitables, sí, como las del brutal atentado de Vic, que estos días recuerdan con profunda tristeza y consternación las fuerzas de seguridad y con superficial oportunismo y fotogenia los políticos “centrales” y catalanes, que han dejado miserablemente de lado a quienes podían haberles ensombrecido la foto.

Políticos. Cada
vez que la pronuncio me resulta una palabra más desagradable y despreciable. Para ellos una muerte no es más que un voto perdido inevitablemente. En Samarra, en el paraíso Euskaldún o en esta Ezpaña nuestra que no sé si nos merecemos.

Por acabar con un cierto brote de optimismo moral —no verde, que ésos de optimismo tienen zero—, me voy a permitir terminar como he comenzado: citando al gran Somerset Maugham; en concreto la frase final de “El filo de la navaja”*, en la que el personaje que es él mismo define certeramente al protagonista, Larry Darrell —que, por cierto, fue salvado de la muerte en la guerra por un compañero que entregó su vida a cambio—, y que siempre he pensado que debiera ser la máxima aspiración de todo ser humano. Dice así: «Creo que quien le haya conocido no podrá sustraerse a su bondad y nobleza. La bondad es, al fin y al cabo, la fuerza más poderosa del mundo». Dios le oiga, amigo Maugham, Dios le oiga.


*Según la muy notable adaptación cinematográfica de 1946, dirigida por Edmund Goulding y protagonizada por Tyrone Power, Gene Tierney y Herbert Marshall.

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[Ayer, tristemente, sucedió una de esas muertes inevitables que, no por esperada, fue menos amarga. Si nadie merece castigo tan cruel y prolongado, ella infinitamente menos. Después de dos años de feroz y dolorosa batalla contra la leucemia, Begoña por fin descansa en paz. Y hoy Zarauz está un poco más triste, más solo, más apagado. Y mucho más desamparado. Adiós, amiga, te echaremos de menos.]

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martes, 9 de junio de 2009

La derecha ha arrasado en Europa… ¡¡socorrooo!!

Ha sucedido. La mayor hecatombe de la historia política reciente acaba de acontecer. Se han conjuntado no se sabe qué planetas o estrellas o galaxias y lo que debía haber sido un advenimiento del progresismo más progresista y guai de la Europa más europea, se ha transformado en un advenimiento de la derecha más derechona, fascistoide y antieuropea. O sea, una catástrofe de dimensiones apocalípticas. Para Europa, para el mundo y para la galaxia Andrómeda. Hasta lo de Ohbama! y Mister Paz no parece ya muy seguro. ¡Ay, doble catástrofe! ¡Ay, ay, doble apocalipsis!

Sí, ciudadanos euroescépticos y euroestúpidos. Por vuestra culpa ha ganado la derecha en las elecciones europeas, y no sólo en España (PP 23-PSOE 21) sino sobre todo en el Parlamento Europeo (por más de 100 escaños) que, al fin y al cabo, es lo que cuenta (creo). Eso significa —según las teorías pajinistas— que los cabezas rapadas nos meterán a todos los que tengamos patillas largas en campos de concentración y posterior exterminio; que se restaurará la pena de muerte para los que no sepan beber el té con el meñique hacia arriba; que volverá la santa inquisición para pasarse por la pira a los judíos y a los islamistas y a los protestantes y a los cienciólogos y a los adventistas del séptimo día y a los que bautizan almas inocentes al estilo laico y zerúleo; que se expulsará a patadas a moros, turcos, indios, maoríes, gitanos, afroamericanos, afrofranceses, afrobelgas y demás afros, por feos y por afros; que serán despedidos sin piedad y sin indemnización todos los trabajadores que no quieran acogerse al nuevo estatus de “esclavo europeo sin derechos ni para ir al baño”; que se instalarán puertas de seguridad extrema con sistema de apertura “visa oro” en todos los hospitales públicos; y que, en fin, moriremos todos (y todas) arrasados por gigantescos tsunamis o por gigantescas dunas de arena, según venga el viento, por no idolatrar al dios Gore. Esto es lo que nos espera a todos los ciudadanos (y ciudadanas) de la decadente Europa por no haber votado al PSOE (ni al PS francés, SPD, SPOE, PS portugués, ni a los laboristas de Brown que acababa de apoyar el gafe Mister Paz, etc.), es decir, por no haber votado progresismo, por no haber votado futuro, por no haber votado política social, por no haber votado tolerancia… y por no haber votado Ohbama!, que se presentaba por la circunscripción de Calahorra.

Pero la hecatombe europea no acaba ahí, ni mucho menos, porque además del tsunami, el desierto, los campos de exterminio, la inquisición y la muerte y tal… ¡ay, cruel destino!, vuelven Bush y Aznar con todo su ejército de neocons, que deben ser como los orcos del Señor de los Anillos pero con zapatos caros y ladrillo en ristre, que no dejan crecer ni un mísero brote verde allá por donde pasan. Y claro, unidos a Merkel, Sarkozy, Berlusconi, Borissow, Rajoy y demás señores de la oscuridad, la Tierra Media Europea se va al carajo antes de que llegue la conjunción interplanetaria e interatlántica de Ohbama! y Mister Paz, que era la única esperanza que nos quedaba a los seres humanos vivos. ¡Qué ingrata despedida! ¡Qué injusto final! ¡Qué desolador epílogo de esta vieja y cansada diosa, de esta Europa milenaria y recién democrática! Y pensar que sólo con haber votado ¡un poquito más! hacia la siniestra (snif) nos podríamos haber salvado. ¡Qué tontos somos los hombres (y las mujeres)! ¡Qué desagradecidos (y desagradecidas)! ¡Qué insensatos (e insensatas)! ¡Qué abominables (y abominablas)! Y sobre todo los españoles: pensar que hemos dado la espalda (levemente, eso sí) a quien tanto bien nos ha hecho, a quien tan lejos nos ha llevado, a quien tan generosamente se nos ha entregado, en cuerpo, alma y sonrisa; pensar que hemos traicionado a quien nos ha alimentado, abrigado y protegido, a quien nos ha dado trabajo y consuelo, a quien nos ha cuidado con tanto mimo y respeto como a sus propias hijas. ¡Malos que somos, oiga!

Nos lo tenemos merecido. Todo cuanto nos suceda a partir de ahora lo tenemos muy merecido. Estábamos avisados. Nos lo vaticinó la vidente Leire en sus vídeos visionarios. ¡Que viene la derechaaaa! Y nosotros, ale, a votar en masa a los fachas. Si es que no aprendemos. Así que todo lo malo que nos pase nos lo merecemos con creces. Por muy terrorífico que sea. Incluso la dimisión de la visionaria Leire (Dios no lo permita) por meter la pata hasta el corvejón con su visionaria campaña. Por su estúpida campaña. Por su fanática campaña. Por su infantil campaña. Si es que ya se sabe, quien con niños se acuesta, mojado se levanta. Y a ésta, creo que le han quitado el pañal a destiempo. Y el espejo.
En fin, nunca pensé que echaría de menos a Pepiño.

La campaña ha terminado ¡aleluya! Y, mientras unos se lamen disimuladamente las heridas (o heriditas) y otros sobredimensionan su victoria sin disimulo alguno, la única noticia reconfortante entre tanto desastre natural, moral y social, la única luz que arroja un poco de luminosa esperanza entre tanta desesperante oscuridad es el estreno de Mari Mar Blanco como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco, cargo que en su día ocupó Josu Ternera. Sobran los comentarios.