viernes, 3 de abril de 2009

28 razonables razones contra el aborto que hasta los progres pueden entender (cont.)

17. No es “europeo”.

Continuamente se nos planta en la cara el ejemplo de países europeos “legislativamente más avanzados” que han superado el trauma del aborto y ahora son una sociedad feliz y sin complejos. Lo que nos ocultan es que esos países están reduciendo notablemente el número de abortos precisamente porque ahora están legislando a favor de la prevención, la información y la asistencia (notificación a los padres si un menor quiere abortar, supervisión de las clínicas, espera de 24 horas, información obligatoria de alternativas, los pacientes deberán saber que pueden ver al feto por imagen ultrasónica y escuchar el latido del corazón, etc.). Países como EE.UU. o Alemania, que han fomentado políticas de apoyo a la mujer embarazada y medidas de supervisión en los centros de aborto, o como Bélgica y Holanda, que tienen el porcentaje de abortos más bajo del continente pese a sus leyes más permisivas, gracias también a su política de educación sexual. Pero en lugar de aprender de los errores de los demás, preferimos cometer los nuestros. Muy patriota.


18. No es ciencia.

Frente a las simplezas demagógicas que argumentan los abortistas, la Declaración de Madrid es una de las iniciativas más importantes y tajantes de los últimos años en la lucha por la vida de los no nacidos y en defensa de la verdadera libertad y responsabilidad a la hora de decidir si abortar o no. Más de 2.000 profesores de universidad, investigadores, Académicos, médicos, científicos e intelectuales de diferentes profesiones y pensamientos se han unido para declarar que «existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación. Los conocimientos más actuales de Genética, Biología Celular y Embriología así lo demuestran»; «el cigoto es la primera realidad corporal del ser humano (…) y su ADN es resultado de la adición de los genes paternos y maternos en una combinación nueva y singular»; «el embrión y el feto (…) no forman parte de la sustantividad ni de ningún órgano de la madre, aunque dependa de ésta para su propio desarrollo». Sobran los comentarios. (Ver declaración completa)


19. No es racional.

Para la Comisión de presuntos expertos de la ministra Aído, el feto no es viable a antes de la semana 22, y por tanto no es ser humano y por tanto es eliminable sin problemas. Pero a partir de ese tan preciso momento, por arte de magia, el feto ya sí es viable y por tanto se convierte en ser humano y por tanto ya no es eliminable. En teoría, claro, porque los centros abortistas reclaman un par de semanas más de feto no viable y por tanto eliminable y por tanto contabilizable. Todo muy racional y científico. Y yo me pregunto, ¿por qué no hasta la semana 21, y salvamos unas cuantas vidas? ¿O hasta la 33, que también es un número muy chulo y hacemos más negocio? ¿O hasta justo antes de cortar el cordón umbilical, que en el fondo es como si el feto siguiera dentro del cuerpo materno? ¿O, ya puestos, hasta que sepa alimentarse solito, que es cuando realmente se convierte en un ser humano viable, respetable y digno?


20. No es democrático.

La nueva ley del aborto no formaba parte del programa del PSOE en las pasadas elecciones generales. El hecho de plantearla ahora, en plan sorpresa, no es precisamente una muestra del juego democrático (ése que los ciudadanos ejercen una vez cada cuatro años, y poco más). Si además añadimos que se está gestando (paradógica palabra) a puerta cerrada, prácticamente a escondidas, y sin apenas escuchar la voz de los objetores, el nivel de democracia no aumenta precisamente. Y si encima invade el terreno más íntimo de las personas, que es el de las propias convicciones morales, tratando de manipular las conciencias a favor de las tesis oficiales, todo atisbo de democracia se esfuma tan rápidamente como la esencia humana de un cigoto en manos de la ministra paritaria (que no paritoria).


21. No es una mejora.

En contra de la opinión de médicos, psicólogos, organizaciones especializadas, fundaciones y demás expertos, para la docta filósofa y humanista Leire Pajín, el gran logro de la nueva ley de plazos será «despojar de trabas» y hacer «menos traumático el aborto», que además era una demanda social que millones de mujeres estaban pidiendo a gritos. Para eso se creó la ‘Subcomisión sobre la reforma de la regulación de la Interrupción Voluntaria del Embarazo en el marco de una nueva norma sobre derechos y salud sexual y reproductiva’, que ya sólo en el nombre, dos de cada tres palabras son mentira. Pero lo que supone realmente la Ley de Plazos es que el aborto podrá ejercerse al antojo de cualquier mujer que lo solicite, sin supuestos, ni informes, ni estudios, ni responsabilidades de ningún tipo, con el único límite de unos plazos supuestamente justificados. En los países donde se ha establecido esta ley el resultado es unánime: más banalización, más embarazos, más abortos, más indefensión, más adolescentes y más veces. Y eso, sencillamente, no es una mejora.


22. No es un bien.

Nadie aborta por gusto o por placer. Las pro-abortistas saben que el aborto no es algo deseable en sí mismo, aunque se cuiden mucho de divulgar tan poco feminista idea. Destruir una vida nunca puede ser un bien. Engendrarla sí, por principio. Es curioso, además, cómo las mismas líneas de pensamiento que defienden el derecho a la vida de los animales, o detestan la pena de muerte de asesinos confesos, al mismo tiempo desprecian la vida inocente que nace de sus propios cuerpos. El propio presidente Zapatero reconoció que el Estado de Derecho obliga a tener «consideración a la vida» y se reafirmó en su «valor y responsabilidad de luchar por lo que creemos, que es el valor supremo de la vida». Claro que no se refería a la vida de los inocentes no-nacidos, sino a la del malnacido De Juana Chaos.


23. No respeta los derechos humanos.

No me lo invento yo, lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «… la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana…» (Primer punto del Preámbulo). «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos» (Art. 1). «Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona» (Art. 3). El simple hecho de condenar a muerte a un feto sólo por presentar malformaciones o síndrome de Down, sin ninguna otra consideración, es una violación en toda regla de estos artículos. Y es reconocer sin ambages que una persona, ya nacida, con malformaciones o síndrome de Down no tiene la misma dignidad intrínseca ni los mismos derechos que una persona “sana”, tanto como para no permitir ni que nazca. De ahí a la eugenesia, un pasito. Ya lo dijo Tito Livio: «Ningún crimen tiene fundamentos razonables».


24. No es económicamente rentable.

Con miles de intervenciones desde los 345 euros en la octava semana hasta los 6.000 por encima de las 22, el aborto es indudablemente un negocio no ya rentable, sino millonario. Y eso en tiempos de crisis. Pero sólo para los centros abortistas, claro. Para el resto de la sociedad es, además de todo lo dicho anteriormente, una gigantesca pérdida económica. El presidente de Fundación Madrina, Conrado Giménez, ha evaluado en el 5% del PIB la pérdida de riqueza que supone el aborto en nuestro país en concepto de «pobreza y desierto demográfico» y por «la marginación y falta de conciliación que sufre la mujer madre en el mundo del trabajo» (un 25% de las mujeres embarazadas son despedidas). «Hasta un 6% del PIB podríamos invertirlo en apoyar a la mujer», calcula Giménez, con el fin de contrarrestar los efectos negativos del mobbing maternal y el consecuente aborto. Apuesto a que antes se lo gastarán en campañas de condones y bombos.

Y por cierto, ¿cuánto nos cuesta cada adopción realizada en países extranjeros?


25. No es solución.

La única solución es que el aborto sea la última solución posible. El aborto es casi siempre un problema profundo. Para la madre, para su entorno familiar y laboral, para la sociedad… Por mucho que se empeñen las feministas liberadoras de cuerpos y conciencias, el aborto es un fracaso de principio a fin, y más allá. Desde el embarazo imprevisto hasta el trauma pos-aborto, pasando por las presiones y depresiones, las secuelas físicas y la soledad.

La única solución es evitarlo en lo posible. Pero ¿cómo? Tal vez encontremos la clave en lo que afirma el doctor Poveda: «dejan de abortar los que dejan de ignorar. De hecho, el ecógrafo de cuatro dimensiones es el aparato que más vidas está salvando, porque con él se ve muy bien lo que ocurre y lo que hay en el vientre de la mujer, y ver es informar. (…) El éxito de salvar una vida pasa porque la madre vaya al ginecólogo y vea la ecografía de su hijo; y luego, que desde las asociaciones provida seamos capaces de solucionar esas cuestiones que llevan a la mujer a recurrir al aborto». «Quien salva a un hombre salva a la humanidad», dice el Talmud. Digo yo que también será aplicable a las mujeres y a sus hijos.


26. Los provida no son de derechas.

La bipolaridad izquierda-derecha asociada a defensa-rechazo del aborto es absolutamente infundada. Hay miles de votantes del PSOE que consideran esta nueva ley una locura sangrienta e innecesaria. El problema es que, salvo excepciones (Manuel Arbeloa, que no votó lo que su partido) pocos políticos socialistas se pronuncian en ese sentido. Pero sí los ciudadanos: «no hay en nuestros días una afirmación más reaccionaria que la del derecho de una persona sobre la vida del hijo no nacido. Es el derecho de propiedad más absoluto concebible, más allá del derecho del amo sobre el esclavo. Y es una vergüenza para la izquierda que levante la bandera de ese pretendido derecho». Lo dicen los Socialistas Cristianos. «No sólo somos izquierda y rechazamos el aborto, sino que lo rechazamos precisamente por serlo (…) Debemos hacer que el vientre de la madre sea el lugar que la naturaleza ha hecho que sea: el lugar más protegido».

Igualmente hay muchos políticos y votantes del PP (y de la derecha en general) que ante el drama del aborto simplemente no saben, no contestan. O incluso lo apoyan.


27. No son la Iglesia Católica.

Es también muy recurrente y maniqueo asociar a la Iglesia Católica con los ataques al proabortismo (más que con la defensa de la vida). La mismísima Leire Pajín avisa a los obispos de que «no confundan política y religión». Pero no cuela. La defensa de la vida del no-nacido no es una cuestión de fe religiosa. Iglesias de TODAS las confesiones defienden el valor universal de cada persona y por tanto se oponen al aborto como concepto. Pero no confundamos esta batalla con una lucha religiosa. Existen muchos ateos y agnósticos que defienden la vida humana como principio. Y también hay no pocos católicos confesos que defienden abiertamente el derecho al aborto (Asociación de Católicas por el Derecho a Decidir; o el propio Pepiño)y otros muchos que no defienden ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario.

Por otro lado, la mayoría de las Organizaciones y Fundaciones Provida son aconfesionales, y su única religión es la defensa de la vida del no-nacido y el apoyo sin condiciones a la mujer, cualesquiera que sean sus creencias y sus circunstancias.


28. No son fundamentalistas.

Ni la Iglesia ni los movimientos provida pretenden que se encierre en la cárcel a la mujer que aborta (ni quieren acabar con el lince ibérico, dicho sea de paso); es más, son los únicos que se ponen siempre del lado de la mujer, al contrario que organizaciones pretendidamente feministas (y en realidad bastante integristas), que lo único que persiguen es que la mujer aborte, sí o sí, independientemente de sus circunstancias. Los provida rechazan el aborto, pero no a la mujer que aborta, de modo muy especial si se ve obligada a realizarlo como única salida, no como opción, por no contar con ningún otro tipo de ayuda ni alternativa. Por eso centran todo su esfuerzo en reducir el número de abortos indeseados, que son la inmensa mayoría. Y lo hacen con respeto, entrega, generosidad y gran sacrificio personal.

Su único enemigo, por llamarlo de alguna manera, son los centros abortistas que hacen del aborto un multimillonario negocio, trampeando las leyes vigentes. Los mismos que piden más semanas de inviabilidad para aumentar su contabilidad, los mismos que reconocen ser capaces de cualquier cosa por dinero, los mismos que trituran fetos de 26 semanas o más a tanto el gramo, los mismos que empujan a una menor a abortar ilegalmente en aguas internacionales...


Conclusión

Probablemente no podamos hacer ni deshacer la nueva Ley del Aborto, que saldrá tal y como quiere la ministra, o sea, tal y como aconsejan sus expertos y como tal y como desean los centros abortistas. Pero las consejerías de salud de cada Comunidad Autónoma sí pueden reglamentar la aplicación de esa Ley; es decir, pueden poner condiciones legales al nuevo "derecho", como favorecer la vida, reconocer la objeción de conciencia, desarrollar una normativa estricta, controlar los centros abortistas y castigarlos con sanciones ejemplares en caso de incumplimiento; pueden implantar políticas de prevención e de información, planes de apoyo a la maternidad, periodo de reflexión, mesas de conciliación, pedagogía pública contra el aborto, políticas de adopción (¿cuántos miles de parejas se desesperan esperando una adopción que no llega?)…


¿Y qué podemos hacer los ciudadanos de a pie? Pues tener las ideas claras, para empezar. Y apoyar cualquier iniciativa que respete la vida, con nuestras simpatías, con nuestra presencia, con nuestra involucración, con nuestra difusión… y con ayudas económicas que el gobierno no va a proporcionar. También es nuestra responsabilidad moral, y debe ser nuestra batalla. Ortega y Gasset decía «el mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar». Ignoro si el presidente Zapatero y su Ministra conocen esta sentencia; tampoco sé si la entenderían. Nosotros sí. Apliquémonosla.


Termino con una cita del poeta y filósofo bengalí Rabindranath Tagore, Nobel de literatura en 1913, que no era precisamente católico ni de derechas ni machista confeso ni sopechoso de fundamentalismo ninguno:


«La vida nos la dan y la merecemos dándola».



http://www.medicosporlavida.org

http://www.redmadre.es

http://www.madrina.org

http://www.forofamilia.org

http://www.hazteoir.org

http://www.libroslibres.com


jueves, 2 de abril de 2009

28 razonamientos contra el aborto que hasta los progres pueden entender

Desde el mítico «Nosotras parimos, nosotras decidimos», pasando por la Iglesia quiere cárcel para las que abortan; derecho a elegir libremente; ninguna mujer condenada por abortar; derecho a no concebir; problema de superpoblación para una economía sostenible; desprotección del lince; la mujer es dueña de su cuerpo; un síntoma claro del progreso y la autodeterminación de la mujer; derecho de la mujer a hacer lo que quiera con su cuerpo; solución al incremento de embarazos no deseados; salud sexual y reproductiva; derecho a decidir; no te preocupes, no te va a doler y se te va a acabar el problema; no te preocupes, las consecuencias físicas que describe el documento ya no ocurren nunca… ¡firma!; otros países más avanzados no tienen problemas con el aborto; el feto no es persona; interrupción voluntaria del embarazo… hasta el «lo que no queremos es la doble moral y la hipocresía de aquellos que por la puerta de atrás abortan y luego van en la cabecera de las manifestaciones» del ilustrado Pepiño —quien también dijo que está en contra del aborto, quien también dijo que la nueva ley del aborto no tiene marcha atrás— los caminos del eufemismo abortista son asombrosamente infinitos. Y digo asombrosamente porque si el aborto es un bien de y para la sociedad, no entiendo a qué viene tanto recoveco lingüístico, tanto subterfugio moral y tanto oscurantismo económico. Pero ya sabemos que, en esta sociedad tan progresista que nos ha tocado vivir, quien gana la batalla del lenguaje gana la guerra de las ideas. Y en eso, la izquierda tiene un master en la academia de Sun Tzu, tutoriado por Anaxímenes de Lámpsaco y Goebbles al alimón. Te llevan a su terreno dialéctico, te acorralan a base de perogrulladas engañosas, te desarman a topicazo limpio y ¡zas!, caes en la trampa como un cándido pichón y tus convicciones empiezan a tartamudear. O eso, o te enzarzas en un combate a cabezazos con el que no vas a conseguir vencer al enemigo —con una cabeza tan dura como la tuya o más— y mucho menos convencerle de que ese cabezazo encierra la razón. Y sin vencer ni convencer no se llega razonablemente a ninguna parte.

Así que, hoy vamos a hacer una de infiltración. Vamos a introducirnos disimuladamente en el terreno del lenguaje progre-abortista, bien camuflados, eso sí; vamos a analizar exhaustivamente su argumentario demagógico-eufemístico; y vamos a volarlo desde la misma base, para que caiga a plomo, como el mismísimo puente sobre el río Kwai. Para ello, hemos de tener un buen material explosivo y, sobre todo, hemos de saber colocarlo exactamente en los puntos donde va a hacer más pupa. Esto es, vamos a decirles a los proabortistas, con palabras que entiendan y con argumentos que les convenzan, que el aborto es malo, muy malo, malísimo. Para todos y para todas. Y que además de malísimo, es injustificable. Y que los razonamientos que esgrimen no son válidos para una cabeza razonablemente razonable.

Y de paso, les hablaremos de una cosa que se llama vida y que es algo muy hermoso, cuando se deja querer.

El lenguaje progresí nos dice, nos jura y perjura, que el aborto que nos quieren vender es una interrupción voluntaria, que es feminista, que es un derecho, que es salud, que es constitucional, que es libre, que es solución, que es progresista, socialista, moderno y solidario, que es un logro social, que es inocuo, que es racional, científico y civilizado, que defiende a la mujer, que es un bien en sí mismo y hasta económicamente rentable. Y que los pro-vida son todos machistas, de la derecha extrema, sección Partido Popular y, para más inri, fundamentalistas católico-apostólico-romanos. Sin excepción.

Pues nada, ahora nos toca hablar a nosotros. Y argumentar. Y razonar. Y demostrar con datos y con hechos que todo cuanto dicen los abortistas sobre las bondades del aborto es tan falso y embustero como el beato cristianismo de Pepiño, el creyente.


1. No es interrupción.

Interrumpir es detener la continuidad de una acción, o sea, que luego se reanuda. En el aborto, obviamente, no hay reanudación posible. Podríamos hablar de frenar, liquidar, finiquitar, sacrificar, extirpar, truncar, tronchar, erradicar, triturar… pero de interrumpir, ni por asomo.


2. No es voluntaria.

Si no se dan opciones, si no se facilitan alternativas, la decisión no es voluntaria, es obligatoria. En los abortorios de España no les muestran las ecografías de su embarazo, ni les informan de alternativas distintas a abortar, porque la ley no les obliga a hacerlo, como sucede en otros países. Un 75% de las mujeres que abortan no lo hacen por decisión libre, sino acosadas por grandes dificultades frente a las que no ven otra salida. Sólo es libre quien tiene alternativas para optar. Y muchas mujeres se ven obligadas por presiones insoportables de sus parejas, de sus familias y de su trabajo.

Mientras, los colectivos feministas y pro abortistas integristas no sólo se oponen a que se ofrezca información y apoyo integral a las mujeres embarazadas, para que puedan tener a sus hijos y criarlos si quieren, sino que luchan encarnizadamente para que aborten sin posibilidad de elección. Quieren que las mujeres aborten, no que solucionen sus problemas. Quieren que el aborto no sea libre sino obligatorio.


3. No es feminista.

La activista gay Beatriz Gimeno afirma que «en el fondo del debate sobre el aborto late el miedo milenario a que las mujeres controlen sus cuerpos y su sexualidad sin permiso de los hombres» Ésta es una de las falacias más tópicas y recurrentes. Sin embargo, lo que subyace en el aborto es un machismo despiadado, ejercido también por las (y los) feministas radicales. Para Conrado Giménez, presidente de Fundación Madrina, «El problema es el acoso que sufre la mujer por el hecho de ser madre, el mobbing maternal, en tres entornos: personal-familiar, social y laboral. El 68% de las mujeres que atendemos sufren violencia de género (…) El 60% de las mujeres maltratadas manifiestan que han abortado al menos una vez.» Además, 9 de cada 10 embarazadas sufren acoso en el trabajo y el 25% son despedidas.

Y claro, eso a las feministas de pro no les preocupa. Porque la Gimeno y compañía sólo persiguen borrar todo atisbo de su propia naturaleza femenina, y especialmente concebir hijos. Odian hasta tal punto ser ellas las embarazadas en lugar de los hombres, que prefieren matar esa vida (y que todas las mujeres lo hagan) antes que reconocerse diferentes al género masculino. Una lógica absurda, injustificada y letal.


4. No es un derecho.

Toda mujer tiene derecho a recibir una educación sexual adecuada. Tiene derecho a recibir información sobre las alternativas. Tiene derecho a recibir asistencia psicológica y sanitaria. Tiene derecho a recibir ayuda económica. Pero ninguna tiene derecho a matar una vida. Aunque viva dentro de su cuerpo. Es esa vida la que tiene derecho a ser protegida. Igual que tampoco existe el derecho a adoptar, sino a ser adoptado. Ni siquiera existe el derecho a ser madre, legalmente hablando. Aunque para el escritor chino Lin Yutang «De todos lo derechos de las mujeres, el más grande es el de ser madre».


5. No es socialista.

Más bien lo contrario, es absolutamente capitalista. Las clínicas abortistas son un negocio millonario amparado por el Estado y los Gobiernos Autonómicos. En muchos casos su único fin es el lucro, que por 3.200 € son capaces de abortar a un no nacido sano de 26 semanas, sin peligro alguno para la madre, como demuestran infinidad de testimonios (no sólo sobre el ‘doctor’ Morín). Como dice el doctor Jesús Poveda «El camino hacia un abortorio es más conocido y más facilitado que el camino hacia los ginecólogos que defienden y respetan la vida». Por algo será. El propio Poveda recuerda cómo «uno de los que trabajan en un abortorio de estos me dijo en cierta ocasión: ‘Poveda, a veces me llama la atención lo que soy capaz de hacer por dinero’».


6. No es salud.

Ni sexual ni reproductiva, ni física ni psicológica, ni operatoria ni postoperatoria. Los centros de aborto no informan a la mujer sobre los detalles de este tipo de intervención, las consecuencias físicas y psicológicas que tiene. Secuelas y efectos que van desde su muerte, perforaciones uterinas, pérdidas y prematuridad del siguiente hijo, alteraciones del deseo sexual, esterilidad y graves alteraciones psiquiátricas. El síndrome pos-aborto es una traumática y dolorosa realidad que siempre se ha tratado de ocultar, y de la que ahora Esperanza Puente, portavoz de REDMADRE, desvela decenas de testimonios en su libro “Rompiendo el silencio” (Libros Libres). Un argumento demoledor e irrebatible.


7. No es constitucional.

«La vida del nasciturus, en cuanto éste encarna un valor fundamental —la vida humana— garantizada en el artículo 15 de la Constitución, constituye un bien jurídico cuya protección encuentra en dicho precepto fundamento constitucional» (sentencia 53/1985 del tribunal Constitucional). A día de hoy, que yo sepa, ambas dos vigentes: la Constitución y la sentencia del Tribunal Constitucional.


8. No es política social.

Nacidas como contrapeso a las injusticias sociales y laborales de la Revolución Industrial, hoy el objetivo de las políticas sociales es la búsqueda del bienestar y la mejoría de las condiciones materiales de vida de la población. El espíritu es el mismo: amparar y proteger a los más desvaforecidos, con especial dedicación a los eslabones más débiles de la sociedad, esto es, los pobres, los inmigrantes, los desempleados, los minusválidos, los niños… y digo yo que también las mujeres embarazadas sin recursos y los niños no nacidos. Pero no. Los programas sociales del Estado destinados a mujeres embarazadas sin recursos que quieran tener a su hijo son directamente CERO. Y no se atisban mejorías. Menos mal que cuentan con las organizaciones provida.


9. No es solidaria.

Si la tomamos la solidadridad como sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda o defensa, el aborto en sí mismo es justo lo contrario. Porque ni apoya a la mujer embarazada, ni respalda su situación, ni la ayuda a superarla ni, desde luego, defiende la vida que lleva dentro. Frente a los valores de entrega, caridad y amor a la vida de otro que promueven las organizaciones Provida, los partidarios del aborto transmiten conceptos puramente egoístas: mi cuerpo, mi derecho, mi bienestar, mi comodidad, mi vida… yo, mi, me, conmigo.


10. No es talante.

La nueva ley del aborto enfrenta a la sociedad. Premeditadamente además. Ha nacido con la intencionalidad clara de separar aún más la supuesta línea entre izquierda y derecha, entre presuntos progresistas y presuntos cavernícolas. Para arrinconar y condenar a los que se enfrenten a ella (con la Iglesia como cabeza visible, o cabeza de turco) esgrimiendo la excusa del fundamentalismo y la crispación. Puro talante.


11. No es un logro de la sociedad.

Todos los expertos coinciden: el aborto es un fracaso de la sociedad. De toda la sociedad. «Falta una auténtica red social para evitar que una mujer, ante un embarazo no deseado, recurra al aborto. Yo aborté hace más de diez años y todavía hoy sufro sus consecuencias», denuncia Esperanza Puente. Existe una reveladora carencia de recursos e interés, por parte del Estado, tanto en el ámbito asistencial como en el ámbito de la formación y la información. Algo que, según Jesús Poveda, evitaría 3 de cada 4 abortos. Eso sí que sería un logro de la sociedad.


12. No defiende a la mujer.

Una ley de plazos que facilite el aborto y trate de banalizarlo no está en consonancia con lo que quieren las mujeres: «La mujer no demanda el aborto, sino que se le ayude a seguir adelante con el embarazo. Cuando se les informa bien de las ayudas que puede recibir, tres de cada cuatro chicas de las que atendemos en la fundación siguen adelante». Lo dice Conrado Giménez, y él lo sabe bien: en ocho años Fundación Madrina ha atendido a 133.000 mujeres. Defender a la mujer es informar de las opciones y ofrecer los apoyos necesarios para que puedan, si quieren, tener a su hijo y atenderlo. Y eso no lo hacen ni las asociaciones proabortistas ni, desde luego, el Estado.


13. No es progresista.

No dejar nacer a un ser humano es matar todo su futuro. No dejar nacer cientos de miles de seres humanos es matar el futuro de una sociedad. Y, de paso, envejecer considerablemente la población. ¿Es eso progreso? ¿Ésta es la evolución que queremos? El siguiente avance, en nombre de ese progreso, será quitarse de en medio a los improductivos ancianos. Y después a los enfermos, terminales o no. ¿Cuál será el siguiente paso?


14. No es moderno.

Ir de moderno con el hip hop del bombo puede ser ridículo a la vez que contraproducente. Ganarse los votos de los jóvenes anulando cualquier regla moral es una irresponsabilidad. Pero si además incitamos a las adolescentes a realizar un acto de gran trascendencia disfrazado de bagatela, sin contar con ayuda ni información ni formación, ni siquiera el consejo de sus padres, eso no es ser moderno, no es ser guai, no es ser colega, es ser miserable. ¿Qué pensarán cuando se enteren, unos años después, de que aquello que le extirparon del ‘bombo’ no era un quiste, sino un hijo, con sus piernas y brazos, sus ojos, su cerebro, su corazón palpitante y todo su futuro por vivir? La nueva ley convertirá el aborto en un medio de planificación familiar, en un método anticonceptivo que no va a hacer más felices a las adolescentes; sólo las hará más inconscientes y, a la larga, más desgraciadas.


15. No es inocuo.

Más bien inicuo (por cruel e injusto). Un aborto no es una irrelevante operación de apendicitis o de agmíldalas. Ni una liposucción (aunque haya métodos abortistas tristemente parecidos). Es la muerte y extracción de un ser vivo singular, independiente de la madre que lo cobija. No se trata de desinflar un bombo lleno de aire —invisible, inodoro e indiferente—, como pretenden hacernos creer, especialmente a las frágiles mentes adolescentes. Es, en muchos casos, una experiencia traumática que puede provocar, además de las físicas, secuelas psicológicas severas cuando la mujer (o la niña) que ha abortado toma conciencia de la verdadera naturaleza de su acto. O sea, cuando es consciente de que lo que le han extirpado es a su propio hijo. «Las mujeres no nos embarazamos de lechugas, sino de hijos» dice Esperanza Puente. Los testimonios de mujeres arrepentidas son desgarradores, y tremendamente injustos (con ellas y con sus hijos no nacidos), porque una simple ecografía antes de la operación podía haber evitado dos víctimas.


16. No es libertad.

La auténtica libertad nace del respeto a la vida, de la humildad, y de la generosidad hacia el otro. Hoy, abolida la esclavitud, nadie es dueño de nadie; nadie es propiedad de nadie. Ni siquiera un hijo. La madre no concibe a su hijo como una propiedad suya; es más, tiene la obligación moral (y natural) de protegerlo hasta que se pueda valer por sí mismo, dentro y fuera de su cuerpo. Hasta que ese hijo pueda también ejercer su propia libertad.


(continuará...)


martes, 31 de marzo de 2009

¡Órdago a la bestia!


Every picture tells a story, cantaba Rod Stewart. Cada imagen cuenta una historia. Y si Dickens nos contó la historia de dos ciudades, aquí hablamos de dos historias de un mismo ‘pueblo’. Dos imágenes, dos historias. La de ayer y la de mañana. La que ha sido superada por el tiempo (y por la razón y por la decencia y por la paciencia…) y la que aún está por estrenar, un tiempo nuevo que se espera con impaciencia desde hace 30 largos años. La primera imagen es la de la vergüenza, la del miedo, la de la rendición, la de la impotencia, la de la cobardía. Es la foto del rostro de la serpiente, del rastro de la serpiente. La imagen del «paso, paso, paso, se fue». De la partida perdida de antemano, de mano y de postre.


La segunda es la imagen de la esperanza, de la dignidad, de la valentía, del respeto, del honor recuperado, del futuro por recuperar. Es la foto del pie sobre la cabeza de la serpiente, apretando con fuerza y sin respiro. La imagen del «órdago a grande, a pares y a juego, si tenéis». De la partida que se quiere ganar, que se tiene que ganar.


Las cartas están repartidas. Patxi y Basagoiti han cortado el mus. Nunca han jugado juntos, como pareja; más bien al contrario, siempre enfrentados, Basagoiti jugando solo, o con la sombra de María San Gil, y Patxi emparejado con la cola de la serpiente, o sea, con quien ahora tiene de adversario. Eso, en esta partida, puede ser una ventaja más que un handicap, por aquello de conocer las tácticas del enemigo, sus debilidades, sus trampas. Las cartas no son malas, a priori. Patxi y Basagoiti tienen juego, y pares, y grande; y chica, si se tercia (aunque «jugador de chica, perdedor de mus», sentenciaba mi abuelo). Pero la pareja PNV-ETA es dura, y está bien compenetrada; llevan 30 años ganando una partida tras otra sin que nadie les haga sombra, y sin que nadie les haya ganado un órdago-trampa, que es su jugada favorita.


Las cartas están repartidas. Mus corrido y sin señas. Mañana, salvo desastre nuclear, Patxi cortará el mus. Y empezará la partida de verdad. Si juegan con temple, con cabeza, con convicción y, sobre todo, con complicidad (sin tonterías, sin peleas, sin reproches, si echarse en cara «no tenías que haber metido tantas» o «¿cómo has podido ver ese órdago, animal?» o ¿«es que no has visto la seña, cagoensós?»), si juegan como si hubieran jugado siempre juntos, como verdaderos compañeros de mus, tendrán mucho ganado. No será fácil, pero sólo así habrá esperanza de derrotar a la bestia. Sólo así se borrará la imagen de la otra partida, la imagen del miedo, de la vergüenza, de la cobardía. Sólo así se borrará un pasado pesado como una losa, como miles de losas, muchas de ellas con sus santas cruces y sus viles epitafios («asesinado por español»).


La partida ha comenzado. Patxi y Basagoiti se miran. Sonríen. Ahora crucemos los dedos, no podemos hacer otra cosa («los mirones son de piedra y dan tabaco»). Salvo rezar. Lo que está en juego no son unos garbanzos (o unas nueces). Lo que nos jugamos en esta partida es la libertad de muchos. Y el futuro de todos.

¡Corto el mus!...


PD. Por terminar por donde empezamos: en el álbum “Every Picture Tells a Story” sonaba también la canción “Reason to Believe” (razón para creer). Magnífica banda sonora para esta foto. Ojalá creamos con razón.


jueves, 26 de marzo de 2009

Obama ama a Mister Paz. Pero odia a la Chacón

Lo dice Pepiño. Y si lo dice Pepiño, es que es verdad y punto. Porque si hay un líder mundial que conoce a Obama desde lo más profundo de sus pensamientos, y que a su vez es admirado, respetado y enormemente querido por el propio Obama, ése es Pepiño. No en vano el nuevo y flamante presidente de los Estados Unidos le debe prácticamente la presidencia de los Estados Unidos al apoyo inconmensurable de Pepiño, a pesar de que nuestro estadista más internacional no quiso interferir en el resultado de las elecciones (en las americanas, claro, no en las gallegas, en las que sí interfirió y mucho; y hasta ejercitó el voto). Por pura modestia, se entiende. Y es que Pepiño es así.

El caso es que nuestro excelso admirador-de-Obama-admirado-por-Obama sigue rindiendo pleitesía a su nuevo dios negro de Harvard (que no de Harlem) sin dejar de adorar a su dios blanco de León (o de Valladoliz, que nunca me aclaro). Y aunque en sus primeros 50 días el dios negro de Pepiño ha hecho poco más que seguir discurseando, Pepiño ha decidido que ha hecho mucho, y que además todo ese mucho que ha hecho ha sido gracias a la influencia positiva de su dios blanco. O sea, que los 50 primeros días de Obama están llenos de logros que Obama a copiado a Mister Paz. Y eso es porque Obama ama a Mister Paz. Y si aún no le ha llamado por teléfono, ni se ha fotografiado con él, es por pura y simple timidez, no por desprecio ni por pereza ni por cuestión de idioma. Y la prueba de todo esto cuanto acabamos de señalar se encuentra, prístina e irrebatible, en el mismísimo blog de Pepiño (una de las lecturas obligadas del mismísimo Obama, que todas las semanas, invariablemente, deja algún comentario halagador bajo el astutamente confuso y doblemente metafórico nickname de “B. White”).

Cito literalmente del Cuaderno de Pepe Blanco (o White):

«Es tradición esperar 100 días para hacer una evaluación del trabajo que desarrolla un responsable político al llegar a su puesto (…) Pero han pasado alrededor de 50 y no me resisto a comparar algunas de las medidas puestas en marcha por el Presidente de los EEUU y las aplicadas por el Gobierno de España.

Obama anunció la retirada de las tropas de Irak. El Gobierno de España ya lo materializó. Ha apostado por el multilateralismo frente al unilateralismo de la etapa Bush y acaba de dar a conocer que participará en la cumbre de la Alianza de las Civilizaciones que copatrocina Zapatero. Propone un programa histórico de inversión pública que, con el apoyo de otras administraciones (estados y autoridades locales), creará y reparará infraestructuras y servicios para la comunidad (escuelas, inversión sanitaria, etc.). Zapatero ya ha puesto en marcha el “Plan E”, con ese mismo objetivo (…)
Obama devolverá 500 dólares a cada declarante (es algo menos que los 400€ comprometidos por Zapatero) (…)
Obama ha extendido la protección a los desempleados ante el aumento del desempleo en EEUU (Zapatero está incrementando esta protección para los que pierden el empleo y para sus familias).
Ayer Obama firmó la autorización para la investigación con células madre que Bush había prohibido. Zapatero impulsó este estudio en España que el PP impedía. Obama también apuesta por el cambio de modelo energético para acabar con la dependencia del petróleo: eficiencia y renovables. El propio Obama nos puso como ejemplo de país avanzado en energías renovables…»

Pepiño tiene razón (como siempre). Todo el mérito de Obama se debe a la clarividencia y sabiduría estadista de nuestro siempre poco valorado presidente. ¡Ay, cómo nos metemos con él sin motivo ni razón! ¡Si es que somos unos envidiosos y unos desagradecidos! Con el respeto que emana de su simple presencia ante cualquier eminencia internacional. ¡Pero si todos caen rendidos ante su solidez de líder del mundo mundial, ante su carisma infinito, ante su retórica implacable y seductora a un tiempo, ante su mirada limpia y su sonrisa inmarcesible! Si es que... ¡cómo es!

O cómo era. Porque un negro nubarrón se cierne ahora sobre su universal iluminancia y ensombrece su brillo refulgente. Obama ya no lo ama como antes. Los líderes que ayer lo admiraban con indisimulada pleitesía, hoy miran hacia otro faro que los guíe por este valle de tinieblas. Su solidez de líder del mundo mundial se ha resquebrajado como fino cristal de Bohemia; su carisma infinito se ha ajado como una florecilla silvestre bajo la cruel helada; su retórica implacable y seductora ha enmudecido dolorosamente; su mirada limpia ya no mira, sólo llora; y su sonrisa inmarcesible no es sino una mueca de inmarcesible soledad. ¡Ay, la pena me aflige! ¡Pobre Mister Paz! ¡Pobre, su fiel Pepiño! ¡Obama ya no os ama! ¡Ay!

Mas, ¿quién es el causante de tanta zozobra? O más bien ¿quién es la causante de tanta zozobra? La Chacón. La pacifista, la antimilitarista, la Rubianista, la nacionalista, la presidencialista, la que se ha pasado de lista, la pareja del publicista. La mega protagonista. La que pasa revista a la tropa disfrazada de esmoquin o de camuflaje, según le dé; la que se salta los saludos a la Bandera, los vivas a España o los homenajes a la Constitución (ocultando que estaba de puente, por cierto); la del viaje a Afganistán con la tropa de ginecólogos, la salus y el pediatra de guardia; la de los golpes de efecto, la de una imagen vale más que mil órdenes, la de espejito espejito ¿quién es la ministra más valorada? La del karma guai. O sea, la Chacón. La que ha montado un pollo internacional tonto, inoportuno y chapucero que ha caído como una bomba de racimo en la OTAN, en la Casa Blanca, en los aliados, en los simples conocidos, en la prensa internacional y hasta en el banquillo de Llamazares, que estaba indignado el tío (y éste, ¿qué hace ahí todavía?). En fin, que se ha lucido, la del karma. Y de paso, ha sumido a su jefe en una profunda desazón (“¡Ahora que me iba a llamar Obama, sinif… ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por quéee!”).
Pero no nos engañemos, el verdadero culpable de esta desafortunada espantada verbal y táctica no es la Chacón, es… tatachaaaaan… ¡Barroso! El del marketing institucional e institucionalizado. En efecto, el ex publicitario ex director de comunicación de Mister Paz y ex director de la Casa de América y ahora ex ex publicitario, andaba un poco desentrenado en esto de los eslóganes y, practicando en casa junto a su compañera ministra, empezó a desglosar todo su potencial creativo en busca de la frase mágica de turno. «Imagina, Carma, que tuvieras que irte de Kosovo con toda la tropa, para hacer un poco el paripé de cara a las Europeas y de cara a Obama, que te va a pedir un turrón de soldados pacifistas para su misión de paz en Afganistán ¿me sigues? Bien. Pues si eso sucediera, un suponer, no podrías irte así, por las buenas. Los acontecimientos históricos requieren frases históricas: Veni, Vidi, Vici; Sangre sudor y lágrimas; No a la guerra; Ser o no ser; Adelante mis valientes; D’artañán al ataqueee; La chispa de la vida —Barroso estaba lanzado, imparable, y su mente no paraba de parir una frase detrás de otra, como quien respira—; Busco a Jack’s; Hoy comemos con Isabel; Mi caaaasa; Vuelve, a casa vuelve, por Navidad… —y de pronto, ¡chas! se hizo la luz—. ¡Chicos, nos vamos a casa! ¡Volvemos a casa! ¡¡Eso es!! ¡Lo tengo, lo tengo! ¡¡Eurekaaa!!»

El resto, es historia. Desgraciadamente. Otro acontecimiento histórico que los países de nuestro entorno recordarán durante muchos años. Porque los países no se quedan con el nombre del gobernante de turno, o de su ministro o ministra, se quedan con el nombre del país. Y este agravio lo ha cometido España. "Como mínimo, los españoles son unos maleducados" (Il Corriere della Sera). Como mínimo, somos gilipollas.

Mientras tanto, Obama está negro, o sea, muy muy cabreado. Y Pepiño está deshecho. Tanto, que hasta ha adelgazado. La Chacón, defendiéndose como gata panza arriba. Moratinos, en su lejano planeta inescrutable. Y Mister Paz, perdido en su karma de incongruente alucinancia. «¿Quién eres tú? Ya no lo sé, señor, he cambiado tantas veces que ya no lo sé» (Alicia en el País de las Maravillas). Pues eso.
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lunes, 23 de marzo de 2009

Robin Hood, el sastrecillo fraudulento y otros cuentos de robar


Pues ahora resulta que quieren acabar con la leyenda de unos de los héroes más admirados por los niños, los oprimidos y los desheredados de la tierra desde siglos ha. Hablamos nada menos que del mismísimo Robin de Locksley, o sea, Robin Hood, para entendernos. Y va y dice un tal Julian Luxford (que tiene nombre de malo de Supermán), presunto medievalista de la universidad de St. Andrews, en Oxford, que el gran Robin, el honrado Robin, el generoso y rebelde Robin era un farsante. ¡Que caiga el cielo sobre nuestras cabezas! Y el tío derrumba 700 años de mito universal, Hollywood incluido, por una presunta inscripción en latín, de 23 palabras exactamente, escritas por un monje anónimo en los márgenes de un libro de historia allá por el 1460, año más, año menos. Y digo yo que este Luxford de Oxford tiene el mismo método de investigación, y por consiguiente la misma credibilidad, que el diario independiente de la mañana, la tarde y la nocturnidad, y sus Mercaderes y demás astutos y honorables sabuesos a lo Sherlock Holmes, pero cuando iba puesto de vicodina hasta la última neurona, elemental. Y claro, uno duda, porque uno es bienpensante y se fía. Y uno no sabe ya si Robin Hood era un “hombre honrado” a lo Julio César en palabras de Marco Antonio, según versión del maestro Shakespeare, o era un Robin Hood al estilo planeta Melmac, que “robaba a los ricos para hacerse un chalet” (o un ático, tanto da), según palabras del inefable y entrañable Alf. Yo, en mi modesta visión de las leyendas, las verdades, las mentiras, los fraudes y la vida en general, prefiero quedarme con el Robin Hood de mi infancia, o sea, el gallardo, simpático, rebelde, bravucón, aventurero, noble y ligón de Sherwood encarnado por Errol Flynn, que siempre ha sido y será el auténtico Robin (ni el mudo Fairbanks, ni el crepuscular Sean Connery, ni mucho menos el soso Kevin Cosme o Costner o loquesea); y si el Robin de Errol robaba a los ricos para dárselo a los pobres, es que era así y punto, por mucho que venga ahora el presunto Luxford de Oxford ése a afirmar lo contrario, que seguro que domina el latín lo mismito que el erudito Pepiño, o sea, Amén.
Pero ya que hablamos de leyendas, de cuentos, de farsantes y de ladrones, me vienen a la cabeza, así, a bote pronto, unos cuantos chorizos y chorizas ibéricos e ibéricas que sí están haciendo honor a su leyenda, sin necesidad de presuntas traducciones de anónimas anotaciones al margen ni de interpretaciones posibles o imposibles. Éstos son ladrones de pro, o sea, profesionales y probados, que roban a los ricos, a los pobres, a los poderosos, a los parados, a los frailes, al fisco y a la madre que los parió, si se tercia. Muy democráticos ellos. Muy paritarios. Y muy abundantes.

Sólo vamos a enumerar los de la última semana, que si no esto nos ocupa más que las obras completas de los Hermanos Grimm y Hans Christian Andersen al alimón. Veamos:

· El presunto sastre de la gürtel, o sea, de la correa, que empezó de sastrecillo valiente y ciudadano ejemplar, siguió por Pedro y el lobo, cayendo en su propia mentira, y ya va por el ladrón de Bagdad, dejando agujeros de 500.000 euracos y falseando facturas en el sótano, en plan bruja de Blancanieves preparando la manzana envenenada para vendérsela a El País. Y el "yes we Camps", pues eso, que el traje invisible del emperador.
· Otra historia para reír y no parar son los 1.200 millones de euros de deuda histórica, que no salen de la lámpara maravillosa, precisamente, sino que vamos a pagar a Chaves entre todos los españoles, como premio por mantener a su gente a la cola del mundo civilizado. Olé, olé y olé.
· Y luego está lo de la lechera de Manacor, o sea, la Munar y su pléyade de lecheros, Antich a la cabeza, que llevan años cobrando peaje sin que se les rompa el cántaro; hasta ahora, claro, con 17 detenidos por cohecho, malversación, prevaricación y falsedad. Y es que tanto va el cántaro a la fuente…
· El arquitecto Midas de Gijón, que todo lo que toca se convierte en euro, sobre todo si es verde y con forma de terreno; y si encima es suyo, más todavía: como a 600.000 o así en plusvalías recalificadas, o reconvertidas más bien, de heno a oro.
· La ratoncita Pérez de La Muela, la del brindis con Bermejo (hay foto), que lleva 22 años de alcaldesa recolectando dientecitos en forma de delitos incisivos, y que ha ido a parar con sus muelas a la cárcel, con todo su séquito de ratas (17) por corrupción, cohecho y blanqueo (y no de dientes, precisamente).
· El pulgarcito de Mallorca, que en lugar de piedrecitas va dejando toneladas de onerosa grava por las carreteras que le indica su socio, el consejero de Obras Públicas, que ya es casualidad... o causalidad.
· La princesa Cisne, o sea, la Bibi, que además de provocar el canto del cisne involuntario a miles de niños no nacidos, ha repartido 2.450.000 euros entre asociaciones mayormente feministas y amigas; y si son del cine y de la ceja, pues todavía más. ¡Ah, cuánta hermosura!
· Y claro, luego está la gallina de los huevos de oro, o sea, papá Estado, que subvenciona a los colegas de la ceja (hombres y mujeres indistintamente) con más dinero del que recaudan en taquilla (85 millones subvención – 81 millones recaudación). ¡Manda huevos!
· El príncipe y el mendigo, otros personajes con mucho cuento, abundantes en el gobierno y aledaños que se dedican a vivir como reyes de la poltrona administrativa y que mendigarían un sueldo basura en la empresa privada (si alguna vez dejaran la poltrona, cosa harto improbable). Ejemplos: Bermejo, 11.000 euros de triple sueldo al mes; Pajín, 13.000 de su doblete mensual; Solbes, la Bella Durmiente, más de 25.000 euros de pensiones, indemnizaciones y demás si se jubila, como premio, suponemos, por haber arruinado el país (con minúscula).
· Y claro, tenemos también el alguacil alguacilado, o el de la vuelta al mundo en 80 permisos, o el Garzón con botas, o el justiciero de la nocturnidad, tanto da, que le han pillado con el carrito del helado por valor de 203.000 euritos sin declarar, y no sé cuántos presuntos en libertad después de haber declarado. Le gusta el dinero más que al rey Juanito sin Tierra de la versión Disney de Robin Hood; o sea, que le va el business, dicen, sus colegas. Y viajar, en business, of course (¿o era curse?).
· Y la jefa, en las maravillosas aventuras de Barbie y la viceprincesa Rapunzel (versión arrugada), que tiene más vestiditos que la cincuentona muñeca cursirrubia y nadie le ha pedido las facturas; y encima hace trampas en el censo para robarle un voto a Camps y, a día de hoy, que yo sepa no se ha estrenado Las Aventuras de ViceBarbie en el Castillo de Garzón. ¡Exigimos subvención ya! Y que la dirija el internacionalísimo y forradísimo Almodóvar.
· Y está también lo del “patillas”, bardo, alcalde y pirata de Alcaucín, y lo de Elche y el alcalde prevaricador amigo de la Pajín, y lo de la información privilegiada de Rubalcaba, y lo del juez de Ibiza que cobró de la abogada del PSOE y… y lo del ático de Pepiño (que aunque no es de esta semana, siempre mola recordarlo). Y Mister Paz, el iluminado, que sigue inmerso en el País de las Maravillas, enredado irremediablemente en su muy suya y muy absurda realidad, del que no le saca ni el "aterrador" ogro Krugman, el Nobel de Economía que ha venido a despertar a Z y se va con el Plan E bajo el brazo.

Pues eso. Que la historia hace un remake y volvemos al cuento de Alí Babá y los 40 ladrones, como en los viejos tiempos. Nostálgicos que somos, oye.

Y por terminar con un clásico, que siempre vienen a cuento, citaremos al poeta romano Décimo Junio Juvenal:, muy satírico y muy sabio él «Ayer eran rufianes de la calle, hoy controlan nuestras vidas, mañana serán los limpiadores de las letrinas públicas.» Así sea.
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martes, 17 de marzo de 2009

El lince de los obispos y el mono de los diputados


Estoy totalmente de acuerdo con la nueva campaña de los obispos en defensa de la vida de los humanos no nacidos; aunque a priori pueda parecer simple, incluso simplista, creo sinceramente que no lo es en absoluto. Es certera y directa, fácil de entender y plenamente justificada en estos tiempos que nos ha tocado vivir. Los nuevos valores que nos quieren imponer desde el gobierno, la televisión, los foros, los líderes de opinión, internet y la calle han convertido el ecologismo en la nueva religión; si eres ecologista, eres bueno, eres solidario, eres “humanitario”. Ésta es la gran paradoja. Y la gigantesca hipocresía. Mientras nos desvivimos por defender a muerte los huevos de la malvasía cabeciblanca o del quebrantahuesos, seres vivos dignos de protección, esta sociedad nuestra tan ecologista y tan “humanitaria” se desvive con idéntica vehemencia por exigir la muerte de miles de niños no nacidos, seres vivos no tan dignos de protección. No es demagogia, como algunos nos quieren hacer creer. Es la pura y maldita realidad. Los huevos de malvasía cabeciblanca encierran en su interior una vida preciosa que tiene que florecer para alegrar nuestras propias vidas. Pero lo que una madre humana encierra en su seno no es más que un bombo o un quiste o un conjunto más o menos informe de células con apariencia más o menos humana pero que, en ningún caso, tiene por qué florecer ni alegrar nuestras vidas si la madre que lo protege en su seno decide no protegerlo más, sin mayor razón que la de ejercer su derecho a no querer esa vida y, por tanto, con todo el derecho (incluso obligación) a ejercer su derecho a “interrumpirla” (como decía el sabio Julián Marías, tan hipócrita es «llamar al aborto interrupción del embarazo, como llamar a la horca interrupción de la respiración»).

Será porque el huevo de malvasía cabeciblanca no forma ya parte del cuerpo de la madre, por lo que la malvasía cabeciblanca madre no puede ejercer ningún derecho sobre él. Y lo mismo, claro, con la cría del lince ibérico. Aunque, ¿se imaginan que un automovilista despistado atropellara accidentalmente a una hembra de lince ibérico preñada, en la carretera M-501? Se instauraría la cadena perpetua en el primer consejo de ministros y ministras y al despiadado homicida le caería todo el peso de la ley, con Garzón a la cabeza (él caza especies no protegidas y además con licencia, no como otros…). Y, de paso, a la presidenta Aguirre también, responsable directa por haberse empeñado en construir la despiadada autovía y poner en peligro cierto tan preciosas vidas.
E insisto, no es demagogia. El valor que se le da a un feto humano no deseado por su madre es cero. Punto. No vale nada. Es inexistente. Y me da igual que tenga 50 años o 16 (que ésa es otra). Si matar a un humano no nacido es un derecho vital y pisar un huevo de malvasía cabeciblanca es un delito penal, esta sociedad tan ecologista, tan solidaria y tan “humanitaria” lo que está es muy, muy enferma. Y es muy poco racional, ya puestos.

Toda esta reflexión me lleva hasta aquél asunto de los grandes simios que se debatió en el Congreso, allá por junio de 2008, acerca de lo cual escribí un artículo que viene muy a cuento, y que aprovecho para recordar. Si cambiamos mono por lince, ya tenemos la campaña de los obispos.


«Hoy la noticia "humanitaria" del día es que el Gobierno de Ezpaña quiere abanderar en Europa el Proyecto Gran Simio, ése que pretende aplicar los derechos humanos a los gorilas, chimpancés, bonobos y demás especímenes casi, casi humanos. Literalmente se trata de «proteger a los grandes simios del maltrato, la esclavitud, la tortura y la muerte», así como de prohibir que se experimente o investigue con ellos (y ellas), ya que son los seres vivos más evolucionados y parecidos a nosotros (y nosotras): nada menos que compartimos un 98% de ADN, un poco más que con el gusano nematodo (75%), que debe ser muchísimo en ambos casos, en vista de lo que se parecen tantos humanos a los primates y, sobre todo, a los gusanos (aunque nos separe más porcentaje de ADN, ¡qué cosas!).
¡Pues me parece muy bien, oye! Lástima que otros seres igual de vivos, y mucho más humanos (¡su ADN coincide en un 100%!), no merezcan la misma consideración ni la misma compasión. Lástima que, aun teniendo su información genética ya completa, por el simple y trágico hecho de no haber nacido, no sean considerados seres más humanos que los gorilas, los chimpancés y los bonobos. Lástima que cada año 100.000 de estos seres 100% humanos no merezcan ser tan protegidos de la tortura y la muerte como los primates. Y encima se piden cada día más muertes sin el menor recato, como si fuera la cosa más natural del mundo... y no pasa nada. ¿Se imaginan que un grupo de ciudadanos pidiera, o mejor, exigiera, asesinar a 100.000 gorilas, chimpancés y bonobos al año por daños psicológicos? ¿Y que encima cada año exigieran poder matar más y con total libertad? ¡Menuda salvajada, ¿verdad?!
Pues eso, y nada más que eso, es lo que muchos pedimos. Si estos políticos tan progres y tan humanitarios quieren los mismos derechos que los humanos para los simios, nosotros sólo queremos los mismos derechos de los simios para los niños, aunque aún no hayan nacido.

Por cierto, la iniciativa ha sido aprobada por unanimidad en el Congreso, votos del PP incluidos. ¿Habrá una iniciativa igual de solidaria y humanitaria -por parte del PP, por ejemplo- a favor de esos pequeñitos seres humanos, tan inocentes como un chimpancé o más? Sinceramente, me temo que no.»
(Blog de Mister Paz. 26 de junio de 2008)

(Os invito también a leer otro artículo reciente sobre el barco abortista y la fiesta que se quiso montar la Bardem: "Los 100.000 hijos de la nada".)


Pues eso. Que lince sí. Niño, también. Sobre todo niño también.

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viernes, 13 de marzo de 2009

¡Es la comunicación, estúpido! (y IV). Just do it!


El año pasado se cumplieron 20 años de la creación del “just do it” de Nike, en 1988. Probablemente el eslogan más conocido y reconocido de la historia de la publicidad mundial; y probablemente también el más longevo; y el más eficaz. El que ha reflejado, transmitido e interiorizado los valores de la marca de una forma tan potente, que incluso ha absor-bido a la propia marca. Nike ya no es Nike, es “just do it”. Un reto permanente de superación, de autoafirmación; un desafío profundo, sincero y directo a la propia naturaleza de cada uno, sea ésta cual sea, en la competición o en el día a día, en el deporte o en la vida cotidiana, en la juventud o en la vejez, en la salud o en la enfermedad. Es, además, un mensaje de confianza, de fe en uno mismo —«sé fuerte, confía en ti, tú puedes hacerlo»—; y, viviendo en los tiempos de nihilismo en que vivimos, es, además, un necesario grito de rebeldía: «si quieres hacerlo, hazlo; actúa, nadie más lo va a hacer por ti, nadie más debería hacerlo por ti». Y siempre pasado por el tamiz del guiño cómplice al público, incluso del humor, arma infalible en Publicidad. “Just do it” es la Comunicación en el nivel de perfección más absoluta. No sólo el mundo entero (literalmente) entiende y valora su mensaje, sino que, sobre todo, gentes de toda nacionalidad, sexo, edad y condición quieren identificarse con él, quieren ser parte de él, quieren ser él. Desde la élite de los mejores deportistas de la historia hasta el más modesto de los aficionados al deporte más minoritario. Eso es comunicación eficaz, y lo demás son tonterías.

Este año, se cumplen 20 años de la creación del Partido Popular, en 1989. Pero, a diferencia de Nike, su comunicación está más bien lejos de la perfección, y no muy cerca de la eficacia (como ya hemos visto a lo largo de los anteriores capítulos, y de anteriores retos electorales… a excepción de las últimas elecciones gallegas). Pero no hay nada imposible, ni siquiera para el PP: «Si piensas que puedes cambiar el mundo, puedes —afirma Don W. Blair, vicepresidente de Nike—. Los errores son inevitables; lo que cada uno haga con ellos es lo que cuenta. Dispón de tiempo para autoeducarte. Comete errores, analiza el tipo de error cometido y aprende de él».
Pues en eso estamos. Vistos y analizados los errores pasados, desentrañada la estrategia goebblesiana del adversario, examinado el contexto político y social de esta Ezpaña nuestra del “todo vale”, ahora toca aprender y proceder. Ahora toca pasar a la acción. “Just do it!”.

Pero en publicidad, y en la comunicación en general, pasar a la acción no significa actuar de cualquier forma. No es sólo ‘hacer’, sino sobre todo ‘saber hacer’, ‘hacer adecuadamente’. Es necesario primero definir unos objetivos concretos, establecer una estrategia adecuada para cumplirlos y diseñar una solución creativa que asegure los resultados. En este caso, los objetivos están claros: conseguir votos. La estrategia, vistos los resultados de anteriores intentos, no está tan clara. Y de la solución creativa —digamos… ‘pop’— mejor no hablemos. Desde el punto de vista de la comunicación, lo que debe hacer el PP es algo tan simple y tan difícil como conseguir que ser simpatizante del PP no se convierta en un estigma, sino en una aspiración. En algo deseable. Que con el mismo orgullo (y convencimiento) con el que la izquierda levanta la ceja, los votantes de derechas afirmen sin complejos “SOY POPULAR”. En eso estamos.

Y si el PSOE se guía eficazmente por los 10 principios de la propaganda de Goebbles, desde aquí, como somos más chulos, proponemos 20 principios de la Publicidad que, bien aplicados, pueden facilitar al PP las claves para una comunicación eficaz, que cumpla objetivos y proporcione resultados.

1. Identificación. Lo primero en cualquier relación es presentarnos. Conocer al target. Saber a quién vamos a dirigirnos (¿Simpatizantes? ¿Indecisos? ¿Jóvenes? ¿Periodistas?), dónde encontrarle, qué estará haciendo. Cómo y cuándo lo podemos sorprender, persuadir y retener para que establezca con nosotros una relación beneficiosa y duradera. Luego, extender la mano y empezar con un “hola”.

2. Cercanía. Para llegar al consumidor/votante hay que entenderle, pisar su terreno, calzar sus zapatos. Sólo así podrá sentirse cerca y cercano. Generar empatía. Como me comentaba en una ocasión Alejo Vidal-Quadras: bajarse del coche oficial; salir del despacho; ir al bar, departir con la gente, tomar el pulso al ciudadano; como aquella campaña “que no te lo cuenten”. Algo que, por ejemplo, Aznar despreció durante sus últimos años.

3. Implicación y complicidad. Nike, Coca-Cola, Axe, Harley, Renault, Heineken… incluso Zapatero, son marcas que han creado esa corriente de complicidad con sus consu-midores, de identificación con los valores que representan, con su personalidad. El PP tiene que aspirar a que los ciudadanos se sientan involucrados en su proyecto, protagonistas de la historia que contiene. Conectar no es sólo caer bien, también es identificarse, entender y confiar. Participar.

4. Tono y Lenguaje. Habla a tu público como habla tu público. Utiliza las palabras habituales de los oyentes y no las propias del comunicador político. Piensa que si no te entienden no se van a esforzar por entenderte, porque tú no te esfuerzas en que te entiendan. Desconfiarán. Hay que evitar el lenguaje barroco, técnico, de funcionario. O forzado. Tiene que fluir con naturalidad y ser creíble (la campaña rapera del “bombo” del Ministerio de Sanidad es un ejemplo de cómo quedar ridículo intentando pasar por guai).

5. Interacción. Hemos pasado de la era de la información a la era de la interacción. La buena comunicación es ahora una experiencia. La atención es algo que surge por medio de un interés previo, que se cultiva. El usuario de la comunicación interactiva no es simple receptor de un mensaje, es también el centro de una experiencia. No se trata sólo de escuchar, es actuar, participar: just do it!

6. Simplicidad. Eliminar lo obvio y añadir lo relevante. Desechar textos repetitivos, tópicos mencionados por todas las marcas (partidos), guiños que nadie entiende, etc.; y centrarse en mensajes relevantes, que aporten valor, que te diferencien de la competencia, que den una buena razón para moverte del sillón, ir a la tienda y comprar tu producto, o sea, votarte.

7. Pero no simplismo. El peligro de huir de un enfoque complejo es que la simplicidad se convierta en simplismo, caer en lugares comunes, de forma que tu mensaje se acaba pareciendo a cualquier otro. O sea, no decir nada. Cuando una marca tiene un producto suficientemente bueno y diferente, no debe tener miedo de explicarlo cuanto sea necesario para apreciar su valor. La clave está en el lenguaje. Si se explica bien, se entenderá bien.

8. Claridad. Para transmitir un mensaje con claridad, primero hay que tener claro lo que se quiere transmitir. Parece obvio, pero no siempre se hace. Señores/as del PP, hay que ir al grano. Bajar de los cerros de Úbeda de una vez por todas. Dejarse de circunloquios, galleguismos, y ‘sí pero no’. Para no dar pie a interpretaciones sólo hay que llamar al pan, pan y al vino, vino. ¿Está claro?

9. Confianza. Es el valor de marca del PP. Y como tal tienen que cuidarlo, mimarlo, y explotarlo. El PP debe transmitir seguridad, eficacia, sentido común, es su diferenciación frente a otros. Y SOLIDEZ EN LOS VALORES Y EN SU DEFENSA. El titubeo, la duda, las innovaciones innecesarias sólo generan desconfianza. Y eso el PP no se lo puede permitir. Porque no tiene otros valores que sustituyan a éste. No olvidemos que el político, como el publicitario, produce desconfianza por defecto. Pero una buena marca es el paradigma de la confianza. Y el PP debe ser una buena marca.

10. Solidez y Coherencia. Si la solidez de los principios no está regida por la coherencia en los actos, no es más que humo, palabrería. Dejemos el “haz lo que digo, no lo que hago” de Chomsky para la izquierda. El PP debe ser ejemplar, en el sentido de predicar con el ejemplo. Es otra pata de la confianza. Debe creer en lo que dice que cree y ejercerlo sin complejos.

11. Hechos vs. Demagogia. El PP es el partido de los hechos. Ése fue el triunfo de Aznar. La demagogia no les va, no la dominan… ni falta que hace. En Publicidad, si tienes algo tangible que vender, comunícalo; si no lo tienes, invéntatelo; y sea lo que sea, hazlo creíble, demuéstralo. Después de afirmar «puedo formar 50 gobiernos infinitamente mejores que los de Zapatero», Rajoy debió luego entonar la alineación de memoria, sin esconder a ninguna de sus estrellas. Si no, se convierte en palabrería, en fanfarronada, en chascarrillo. En demagogia barata.

12. Razón y emoción. Los simpatizantes populares están bien faltos de emociones. Y no digamos los no simpatizantes. El PP no conmueve. Y si no conmueve, no mueve. Emocionar es llegar de forma más convincente y quedarse de forma más permanente. Por supuesto, sin olvidar los aspectos racionales (que es lo que nos diferencia del PSOE). Tomamos gran parte de nuestras decisiones con el corazón, y después las revestimos de racionalidad para justificarlas. El reto es mantener el nivel emocional, aunándolo con un enfoque más simple y directo.

En los años 80 Pepsi lanzó una campaña muy racional, basada en la degustación a ciegas de Pepsi y Coca-Cola; en los tests, los consumidores preferían el sabor de Pepsi (más dulce), pero al quitarse la venda elegían su Coca-Cola de siempre. El departamento de marketing de Pepsi olvidó (algo tan obvio y tan importante) que una marca como Coca-Cola no se bebe únicamente por su sabor.

13. Conocer a la competencia. Y sobre todo, no subestimarla. Cuáles son sus armas, sus tácticas, sus secretos. Saber lo que es capaz de hacer (para el PSOE “todo vale”). Conocer a sus aliados. No caer en sus trampas. Anticiparse siempre. Marcar los tiempos. En una palabra, ser más listos. Lo peor: ir a rebufo.

14. Defensa y Ataque. No se puede estar siempre a la defensiva, y mucho menos siendo oposición. Da la sensación de padecer un incurable complejo de culpabilidad. En Publicidad, si un producto es atacado por la competencia puede tomar dos posiciones: obviar el ataque y centrarse en sus beneficios; o atacar el punto más débil del competidor. En todo caso, midiendo muy bien las posibilidades de éxito, si no, el efecto del fracaso se puede multiplicar.

15. Comparación y contraste. La Publicidad comparativa, muy utilizada en EE.UU., por ejemplo, puede ser muy útil, para poner en evidencia determinados hechos concretos del competidor, reforzando el equivalente de nuestro producto. Remarcar las diferencias. Pero no conviene abusar, debe ser utilizada como táctica, no como estrategia. Las comparaciones son odiosas, y siempre se pueden volver en nuestra contra. Hay que tener muy claro qué se compara y en qué circunstancias.

16. Unidad. No es posible realizar una buena campaña de Publicidad si el director de marketing quiere comunicar una cosa, el brand manager otra y el fabricante del producto una bien distinta; y si, además, en la Agencia de Publicidad el departamento de cuentas no se pone de acuerdo con los creativos y el planner va a lo suyo, pues apaga y vámonos. Si no hay unidad de estrategia, de criterio y de mensaje, el plan se desmorona. Si hay contradicciones, dudas, ajustes de cuentas, vaguedades, etc. la cosa no funciona. Fuenteovejuna, todos a una. Y los trapos sucios, en casita.

17. Prescriptores. En cualquier campaña publicitaria, una cara famosa ayuda a comunicar tu mensaje y a identificarse con él. Genera confianza, refuerza la credibilidad y provoca simpatías. Esto lo sabe muy bien el PSOE, y lo explota hasta el máximo con sus artistas de la ceja. El PP debe encontrar sus propios prescriptores, (deportistas, intelectuales, artistas, empresarios…) y debe mostrarlos, utilizarlos, en cualquier oportunidad, no sólo en periodo electoral. Y hacerlo con naturalidad. Sin complejos.

18. Humor. Ganar simpatías sin perder simpatizantes. Este es el reto del PP. Y para lograrlo, hace falta caer simpático. Estar todo el día cabreados no ayuda. El público necesita una válvula de escape de vez en cuando. Una ironía, un guiño, una sonrisa. La simpatía es un valor en sí mismo. Es la mejor herramienta para convencer, para atraer, para conectar. Los publicitarios lo sabemos, por eso el humor es un arma recurrente en publicidad. No se trata de hacernos los simpáticos, sino ser simpáticos. Pero de una forma natural, si no se tiene, no se tiene; habrá entonces que buscar a las personas adecuadas. No olvidemos que ser serio no significa ser antipático. ¿Verdad, señores/as del PP?

19. Todo comunica. Vivimos en la era de la comunicación integral, multidisciplinar, también llamada 360 grados. Virales, internet 2.0, blogs, foros, redes sociales, televisión analógica, digital y tdt, radio, móvil, punto de venta, prensa, street marketing, buzz… Las posibilidades de comunicar se multiplican y la segmentación del target es una realidad; pero cada público y cada medio tiene sus técnicas. No es lo mismo un telediario que un mitin, una rueda de prensa que un pasillo, una entrevista pactada que un asalto periodístico. Y tampoco es lo mismo cómo va a quedar tu mensaje en FaceBook, en El País, en 59 Segundos, en un blog o en una valla. Hoy, más que nunca, todo comunica. Pero hay que hacerlo bien. Que se lo digan a Obama… y a Basagoiti.

20. PROFESIONALIDAD. Así, en mayúsculas. Decía Bill Bernbach, el gurú de la Publicidad moderna: «Sabemos que nunca conoceremos tanto sobre el producto como el anunciante, pero también creemos firmemente que él no sabe tanto sobre publicidad como nosotros». Marketing directo, web marketing, publicidad convencional, mobile marketing, relaciones públicas, marketing interactivo, eventos… Cada disciplina, cada medio, tiene su propia técnica. Sus propios trucos. Sus propias claves. Si no se dejan en manos de especialistas, de profesionales serios y responsables, auténticos expertos en su trabajo, el fracaso está asegurado; y la inversión no tendrá el retorno deseado. Vuestro adversario lo sabe muy bien. Y vuestro reverenciado Obama, aún mejor.

Nada más. Ojalá esta pequeña reflexión sirva al menos para abrir los ojos de los dirigentes del PP. Es muy importante que cambie su política de comunicación, porque si no, vamos a tener Zapatero y Pepiño para rato. ¿He dicho Rato? Perdón, se me habrá escapado.

Y ahora, señores y señoras populares, ¡que el espíritu de Niké, la diosa de la victoria, os acompañe!

JUST DO IT!...