Llegado el fin -¡al fin!- del zapaterismo, lo que ha dejado este mal aprendiz de Gandhi es todo menos un país en paz; y, desde luego, no un país donde hayan mejorado los humildes. A lo largo de dos legislaturas, que han parecido una despiadada eternidad, nos ha dejado no pocos logros: el enfrentamiento entre españoles en aras de la mentira histórica, la voladura del espíritu de la transición, la satanización antidemocrática de la derecha, el aborto como derecho inalienable, el despilfarro obsceno, la muerte (ya anunciada por Guerra) de Montesquieu, el desprestigio internacional (de liderar
No, Mister Paz no ha sido precisamente Gandhi sino más bien un Atila. Ha dejado tras de sí un país arrasado y desesperanzado. En lo económico, en lo moral, en lo social, en lo educativo, en lo judicial, en lo internacional, en lo institucional, en lo policial, en lo militar, en lo diplomático, en lo comercial… no creo que haya un solo estamento de la sociedad española que esté ahora mejor que hace siete años; ni uno. Ha pasado por la presidencia de España como Atila por Constantinopla; Atila, el Azote de Dios, que en sólo ocho años (¡qué coincidencia!) no dejó más que destrucción, desgracia y desolación. A su paso no crecía la hierba como al de Zapatero no han crecido los brotes verdes… ni de ningún otro color; salvo rojos, tal vez (por lo de números rojos, no me malinterpreten). Y, como Atila, ha dejado descompuesto su imperio, que en el caso del huno murió con él tras las luchas sucesorias de sus ambiciosos herederos, Elac, el heredero oficial, Dengizik y Ernakh (lo que vendrían a ser Rubalcaba, Chacón y Bono, un suponer, que ahora se devorarán los hunos a la huna mientras el otro anda supervisando nubes en su retiro forzoso).
Ocho años, ocho, soportando al iluminado y sufriendo sus iluminancias. Hay quien cree que le movía la maldad disfrazada de inopia; puede ser. Sin embargo uno se inclina más a pensar que lo suyo era simple y llanamente estupidez; tal como la definió el gran historiador económico Carlo María Cipolla en sus Leyes Fundamentales de
En fin, no quiero extenderme más en este final del fracasado Zapatero (sí, amigo: has convertido en fracaso absolutamente todo lo que has tocado, como un Midas inverso), que para eso están los archivos de este Malecón. Simplemente colgar en sus cejas y en su sonrisa el cartelito de “The End” mientras suena, en plan Apocalypse Now, la deprimente canción de los Doors al tiempo que los helicópteros arrasan la selva con napalm. La fiel imagen de lo que este Atila de iluminado intelecto nos ha dejado después de ocho años en el trono. Sólo espero que el general Aecio que le venza el domingo en los campos Cataláunicos de las urnas sepa, quiera y pueda sacarnos de este agujero negro que no parece tener fondo.
Y mientras Atila se retira a su guarida de León, de rositas tras el desastre causado, yo me seguiré preguntando si ha sido el Azote de Dios o el Zote de España (y gran parte del extranjero). En cualquier caso, ambas se escriben con Z. Como ¡ADIOZ, HAZTA NUNCA!






