jueves, 9 de septiembre de 2010

La serpiente rediviva.


Esta es la historia de una mujer de buen corazón que una mañana se encontró, tirada junto al camino, una pobre serpiente casi muerta por el frío. «Llévame dentro, por amor de Dios. Llévame dentro, buena mujer» suplicó la serpiente. «Te llevaré a casa y cuidaré de ti» le aseguró la mujer. La abrigó, la calentó junto al fuego y le dio leche y miel. Cuando volvió del trabajo esa noche, comprobó que la serpiente había revivido. «Eres tan bonita, pero si no te hubiera cuidado ahora estarías muerta», susurró la mujer. La acarició, la besó y la abrazó suavemente. Pero la serpiente, en lugar de darle las gracias, la mordió con saña. «¡Yo te salvé! —exclamó la mujer— Y aún así me muerdes. ¿Por qué? Sabes que tu mordedura es venenosa y ahora voy a morir». «Oh, ¡cállate estúpida mujer! —siseó el reptil con desprecio—. Sabías perfectamente que era una serpiente antes de llevarme a tu casa».


No sé por qué, esta vieja canción de Al Wilson me recuerda a cierto iluminado presidente del gobierno que cierto día se encontró una serpiente moribunda, la llevó a su casa, la abrigó, la calentó junto al fuego y le dio leche y miel. La serpiente, agradeciendo los cuidados, se curó y revivió con gran rapidez. ¡Qué bueno soy, pensó el presidente, qué magnánimo y bondadoso! Lo malo fue que la serpiente, una vez curada, volvió a morder. Y lo peor es que, cada vez que muerde, el veneno nos infecta a todos.


Por eso, cuando escucho campanas de tregua, cánticos de negociación y músicas celestiales de procesos de paz siempre me viene a la cabeza la canción de Al Wilson, The Snake, y pienso que los «procesos democráticos por vías políticas y pacíficas», sin «llevar a cabo acciones armadas ofensivas» no son más que palabras huecas y llenas de veneno, como los colmillos de la serpiente. Y que lo único que pretenden los terroristas es que algún pacificador profesional se crea esas mentiras y se lleve a la serpiente moribunda a su casa, para cuidarla y ponerla en plena forma de nuevo. Ya lo hizo el PNV en Lizarra y luego Mister Paz y Txusito en el proceso que nunca existió, el que acabó por puro ´accidente´. Y ahora están en ello EA y Aralar.


La serpiente seguirá mordiendo y matando, porque es serpiente y es lo único que sabe hacer. Y si le damos concejales y subvenciones y censos y acercamientos y credibilidad democrática, estamos alimentando su veneno con leche y miel. Y la única forma de que deje de mordernos es extirparle los colmillos y encerrarla en una jaula, transparente a ser posible, para que la sociedad vasca y la española en general sepan en todo momento que está ahí, encerrada, vencida, anulada. De por vida.

lunes, 23 de agosto de 2010

La cordura aún sigue de vacaciones


Llego a Madrid (al duro asfalto, al trabajo, al calor sofocante, al gris, al ruido, a la rutina pesada, a las horas eternas) procedente de Cantabria (de los pastos, de las olas, del fresquito, del verde infinito, del silencio, de la aventura diaria, del horario sosegado) y, la verdad, no me ha dado tiempo ni de disfrutar del síndome postvacacional, ése que cada vez disfrutan menos millones de españoles porque no tienen trabajo al que volver ni vacaciones de las que retornar. Y es que llevo dos días aquí (¿seguro que son sólo 2? ¿O son 20? ¿Me he ido?) y se me antoja que la locura habitual y descerebrada que últimamente asola este país llamado Ezpaña no se ha ido de vacaciones; o ha vuelto el mismo día que yo, que ya es mala baba.


Por empezar con una semibuena noticia, bien por la liberación de los cooperantes u oenegistas españoles secuestrados; bienvenidos a casa y demás. Lástima (si se confirma, que se confirmará) que los terroristas islamistas tengan ahora unos cuantos milloncejos de euros más para secuestrar a más oenegistas, comprar más armas, suicidar a más fanáticos, explotar más bombas en autobuses y mercados, odiar más al infiel, gritar más alto su victoria sobre España/Al-Andalus y, en fin, comprar más voluntades y corruptelas varias. Y, por cierto, ya que su vuelta sana y salva ha sido posible gracias al gobierno español, el CNI español, la Diplomacia española, el falcon del Ejército español y, sobre todo, los 7 millones de euros que hemos pagado todos los españoles, pues ya podían sus colegas de Barcelona Acció Solidaria haber colocado una banderita española (entre la catalana y la europea habría quedado chupi) en el camión que encabezaba la caravana simbólica que organizaron para celebrar el feliz acontecimiento. Ya saben, por solidaridad. O simple agradecimiento.


Sigo leyendo la prensa digital y me encuentro con el amigo Txomin, el asesino sanguinario de ETA, que ahora quiere ser papá y como debe andar con problemas de eyaculación precoz o impotencia crónica, en lugar de llamar a Boston Medical Group va el tío listo y apelando a su “derecho a la paternidad” pide ser devuelto a su anterior prisión (de la que fue trasladado por conflictivo) en aras de la reagrupación familiar para poder seguir con su pareja, la también etarra Nerea Bengoa, un tratamiento de fertilidad (que pagamos usted y yo). Para tener más etarritas o así. Como ya hizo la super mami Elena Beloki hace un par de años; o como hacía De Juana Chaos, el flaco, entre dieta y dieta polvete. Y claro, esos intransigentes de la AVT se han sentido ofendidos, humillados e insultados por considerar que tales privilegios no son nada justos, ya que ellos sólo pueden reagruparse con sus familiares asesinados en los cementerios. Y yo, pues qué quieren que les diga, lo que siempre he dicho: que cuantos menos huevos de la serpiente eclosionen, antes morirá el bicho por falta de descendencia. En sentido metafórico y literal.

Y mucho más cuando estamos todos como tontos esperando el dichoso comunicado de ETA (el de siempre antes de cada proceso electoral; la tregua trampa de rigor, ya saben) en el que anunciará que apuesta por la solución política pero sin dejar las armas, sin disolverse, sin pedir perdón y encima exigiendo el reconocimiento de sus “víctimas”. O sea, lo mismo de ayer.


Seguimos con delincuentes indeseables. Turno para "El Rafita", ya saben, el autor del brutal asesinato de Sandra Palo, oficialmente libre y sin antecedentes penales por mor de la Ley del Menor, que ha vuelto a ser detenido (por enésima vez desde que abandonó la minoría de edad). En esta ocasión sólo por robar una furgoneta. Pero no se preocupen, esperaremos estoicamente a que vuelva a asesinar salvajemente a alguna jovencita y nos volveremos a echar las manos a la cabeza preguntándonos, entre sollozos culpables, cómo ha podido ocurrir tal cosa.



Y hablando de chorizos, butifarras en este caso, resulta que el nuevo Código de Consumo de Cataluña puede castigar a los establecimientos que no rotulen o atiendan a sus clientes en catalán con multas de hasta… ¡¡un millón de euros!! Olé tus huevos. Eso es recaudación y lo demás propinas. Si ya tenían poca ruina los pobres ciudadanos catalanes, ahora les cae todo el peso de la ley encima. Nens, a ver si en las próximas elecciones os pensáis mejor el voto, que todo lo que os sucede y acontece viene precisamente de ahí. De vuestro voto y de vuestro no voto.


Y, por no perder comba (o sea, votos; o sea, poder; o sea, pela), CIU amenaza con apoyar la insumisión fiscal de los catalanes, que es algo así como dejar de pagar impuestos al Estado Español pero no dejar de cobrar pasta gansa del Estado Español. Y digo yo que por qué no hacemos los españoles una insumisión fiscal para dejar de pagar esa pasta gansa a los catalanes, a ver si dejan de hacer el ganso de una puñetera vez. Por ejemplo, los 7 millones que ha costado el rescate de los cooperantes u oenegistas de Barcelona Acció Solidaria. Y me respondo a mí mismo: porque los bárbaros, intransigentes y nacionalistas españoles sí somos solidarios. No se me ocurre otra explicación.


Aunque según el Financial Times, la cosa sigue muy chunga en la Ezpaña de la recuperación y los brotes verdes. Y la deuda está creciendo casi tanto como el ego de Mohamed VI, el amigo marroquí enemigo de España, que se ha apuntado una nueva muesca en el mapa. Ya hasta los parados se van a quedar sin prestación si no van a los cursos patrocinados por los sindicatos. Y la huelga general en unas semanas. Y Trini y Gómez dejando pequeñitos a Espe y Gallardón (en puyas, que no en votos). Y el calor que no para. Y en Madrid que no hay playa. Ni olas. Ni verde. Ni vacas. Ni silencio. Y yo me quiero volver a Cantabria. De vacaciones infinitas, con la cordura.

martes, 10 de agosto de 2010

De medusas, tentáculos, venenos y política en general


Andábamos el otro día remojándonos entre, bajo, sobre y tras las olas de la magnífica playa de Somo (donde el gran Seve, me contó un día, baja a pasear a sus perros en cuanto los visitantes ocasionales estamos donde nos corresponde el resto del año), cuando avistamos una "carabela portuguesa", que no es un barco pirata del vecino ibérico ni los restos mortales de Cristiano Ronaldo tras el Mundial, sino una medusa muy cabrona que este año ha decidido que el Cantábrico es un mar fantástico para veranear (que ahí le doy la razón, al bicho). El caso es que la "Physalia physalis" ésta, que es como se llama en culto, no parecía gran cosa (yo he hecho surf en mi Zarauz del alma rodeado de medusas de más de un metro de eslora, lo juro) pero en realidad tiene más peligro que el pulpo de 20.000 leguas de viaje submarino. O eso decían los socorristas y la prensa, por precaución unos y por rellenar estivales vacíos de papel los otros.

Lo bueno que tienen estas medusas es que se ven. Y hasta son bonitas, las tías (o tíos, que no se diferencia muy bien que digamos el sexo de la cosa, para desgracia de Bibiana). Por encima de la superficie del mar asoma o flota la campana, de unos 20 cm., que es como la cabeza; transparente tirando a morado, muy bonita, y se ve venir de lejos. Lo malo es, como casi siempre, lo que no se ve: unos tentáculos de metro y medio que pululan por debajo de la superficie y que cuentan con 1 millón de elementos urticantes por centímetro cuadrado, más o menos, con un potente veneno que te inyectan sólo con rozarte y que te provoca dolores de cabeza, espasmos, ojos llorosos, dificultad para tragar, sudoración y una mancha roja en la zona de la picadura. Como el gobierno de Zapatero, vamos. Y, para colmo, aun muertas son igual de peligrosas, o sea, que si partidas en pedacitos les tocas los tentáculos te pican igual. Como Tomás Gómez, o así.

Por supuesto que las elementas urticantes que están fastidiando el verano a los pocos que hemos podido veranear no tienen culpa de nada, las pobrecitas (como el Gobierno, ya digo), y que todo es culpa del cambio climático que ha calentado la antaño fresquísima agua cantábrica y, claro, vienen las Phylis y las Physalias buscando las cálidas aguas mediterráneas y se encuentran con las anchoas del amigo Revilla (que aún se cree lo del AVE de Pepiño, el muy ´salao´) y con las olas y el verde infinito de las costas y demás bellezas cántabras y, lo normal, aquí que se quedan. Y si encima no hay tortugas ni atunes ni Garzones ni demás depredadores naturales, pues con más razón.

Total, que un sinvivir. Y uno que quería tranquilidad, olitas, paseos, vida familiar y olvidarse de la política y de sus tentáculos y de la crisis y del gobierno y de Pepiño (que el otro día andaba en O Carballiño zampándose al primo del pulpo Paul, digo yo que porque no podía meter en la olla hirviente a los controladores descontrolados) y de los ´bous´ de Montilla y de la paletada Obamaníaca y del pesado de Mourinho y del affaire Trini-Gómez y de los venenos etarras y su Papá Noel Rubalcaba y demás urticantes realidades patrias, pues viene la "carabela portuguesa" a recordarnos que no, que en esta vida estamos para recibir picaduras donde más duela; y que por mucho que pretendamos ver lo evidente, al final nos la clavan por lo bajini. Por confiados. O por ´pringaos´.

Aunque siempre hay esperanza, y para librarnos de tan molesta plaga podemos ´imital´ el remedio japonés: en ensalada, aliñadas con salsa de ciruelas en escabeche, salsa de soja y aceite de sésamo. O sea, medusa a la urna. ¡Deliciosa!

martes, 3 de agosto de 2010

Catalonia is different

Pues vale. Pues ya está. Ya hemos prohibido las corridas de toros en Cataluña y nos hemos quedado más a gusto que un caganer vestido de culé cantando Els Segadors. Y todo en aras de la justicia animal, o sea, de la protección de las pobres bestias de la fauna autóctona frente a esos criminales trogloditas del traje de luces y la espada asesina, y frente a los despiadados espectadores, puro en ristre, de este circo sangriento y salvaje, espectáculo de masas insensibles, fachas y cavernícolas (se llamen Picasso, Heminway, Alberti, Goya, Lorca, Prieto, Jalón, Montilla o Companys, que también iba a los toros el muy facha).

El caso es que, puestos a defender a las bestias del maltrato animal de los humanos, podían seguir estos chicos prohibiendo, por ejemplo, el Zoo, que es un lugar donde los animales que ayer eran libres hoy son esclavos y además no tienen intimidad ninguna, y les tiran cacahuetes y porquerías poco adecuadas a su dieta de animales salvajes (alguien me dijo que un dirigente de ERC es también dirigente del Zoo de Barcelona, pero no recuerdo quién). O podrían prohibir la carne de cerdo y derivados (butifarra incluida), que además de vivir como unos en pésimas condiciones de higiene mueren como unos mártires, desangrados vivos, y profiriendo espeluznantes alaridos de dolor sin oportunidad de lucha ni dignidad ni nada. O también el ganado de carne, esos toracos cebados hasta pesar más de 1200 kilos y que no pueden corretear por la dehesa porque viven enclaustrados y sobre todo porque se les parten las patas en cuanto tratan de levantarse; yo los he visto con estos ojitos y, la verdad, daban más pena que sus primos del campo.

Podrían prohibir las granjas de pollos, donde miles de gallinas viven hacinadas cada día y cada hora de su miserable existencia, soportando temperaturas extremas y aplastamientos que a menudo son mortales; o los acuarios y peceras, donde los pececillos viven encerrados en un espacio deprimente en lugar de vagar por esos mares de Dios; y no digamos los delfines de los parques acuáticos, obligados encima a hacerse los simpáticos con los crueles niños que pagan por verlos hacer monerías; y ya puestos, los hamsters, los canarios, los galápagos, los conejitos y demás mascotitas de celda de castigo hogareña; o los caballos, que probablemente preferirían galopar con el viento por las verdes praderas pirenaicas en lugar de vivir en una cuadra mínima y dar saltitos en el Polo de Barcelona porque a su amo le ha dado por ahí; o las vacas de leche, devorando pienso en su cubículo noche y día, exprimidas como limones y amputadas las ubres cuando su número no coinciden con los tubitos de la exprimidora. O sea, como condenadas a galeras hasta su muerte en la silla eléctrica.

No sé por qué me da que a todas estas bestias, si les dieras a elegir, estoy casi seguro de que elegirían la suerte del toro bravo: vivir unos años en pleno campo, libres y felices correteando por la dehesa, para luego morir luchando con bravura, en una batalla de no más de 15 minutos, frente a un enemigo que te admira y te respeta. Pero esto, me dirán, no es más que pura demagogia. Puede.

Pero la cosa va de bravura, honor, respeto. Valores que se pierden porque ya no están de moda en la moderna Cataluña del prohibicionismo y el cerebro de barretina. Porque aquí lo que se lleva es la cobardía, el olvido, el mirar hacia otro lado cuando una minoría es la que ordena y manda, la que prohíbe y castiga, la que obliga y condena. Uno está harto de que la excusa sea siempre la misma: que son cosas de los políticos catalanes, que son los que quieren la independencia y la inmersión lingüística y quitar los toros y prohibir las muñecas flamencas y la celebración del Mundial, y las banderas de España y la camiseta roja y, dentro de nada, la tortilla de patatas, el gazpacho y la paella. Uno está harto de escuchar en la tele al ciudadano indignado por las indignidades de estos tipejos, pero a la hora de la verdad, que son las elecciones, vuelven a salir los de siempre, o sea, los errecianos.

Y claro, uno está ya un poco hasta los cuyons del eterno victimismo de la ciudadanía catalana, porque son ellos los que provocan sus propios males y, de paso, los nuestros. Los mismos que callan y otorgan con la mamandurria del Liceo; los mismos que se ocultaron, en vergonzoso silencio, bajo los escombros del Carmel; los mismos que permiten a un personaje como Carod Rovira gastarse millones de euros catalanes en abrir utópicas embajadas catalanas en los rincones más coquetos, y más caros, del globo; los mismos que se quedan en casita durante las pseudo jornadas electorales de los referendums independentistas, ésos que votan el 20% de la ciudadanía y salen el 99% de síes (¿se imaginan que todos los que están contra la independencia hubieran salido a votar y hubieran votado "no?"); los mismos que hipotecan el futuro de sus hijos, condenándolos al monolingüismo y al pensamiento único; los mismos que permiten a sus políticos alejar de sus tierras la prosperidad, expulsando con su proverbial estupidez millones en inversiones extranjeras; los mismos, en fin, que mantienen en la poltrona a los que les mangonean, les abofetean y les torean, les torean, sí, con tercio de varas, de banderillas, de muerte, con estocada y puntilla, y sonando una rumba de Peret, antes de que la prohíban por su sospechoso origen andaluz. Como el Montilla o así.

miércoles, 21 de julio de 2010

El Gran Carnaval de la Telecarroña


Años 50. Nuevo México. Chuck Tatum es un periodista de poca monta y menos escrúpulos que, tras quedarse sin trabajo en Nueva York, acaba, por un capricho del destino y de la gasolina, en un pueblo –un agujero- perdido en el desierto. Alburquerque se llama, el agujero. Allí alquila su pluma y su talento al diario local, en espera de alguna miserable noticia que reseñar. La suerte sonríe a Tatum cuando el indio Leo Mimosa queda atrapado en una mina. Rescatarlo puede ser cuestión de horas, pero Tatum se saca de la manga una jugada maestra y convence al ambicioso sheriff, al corrupto capataz del equipo de rescate y a la amargada esposa de Leo, Lorraine, de realizar el salvamento de forma que dure varios días y dé tiempo a convertirse en noticia, en "la Gran Historia", y en la gran exclusiva, claro. Un hombre atrapado entre la vida y la muerte en las entrañas de la roca; una esposa desconsolada esperando, impotente, a sus pies; unos hombres jugándose el tipo por rescatarlo; y un cronista que tiene acceso en exclusiva al condenado, que incluso se convierte en su único amigo, para contar la historia día a día, minuto a minuto, resuello a resuello.


La cosa funciona: el bar de Lorraine empieza a recibir visitantes curiosos, primero de la región, luego de todo el país. Llegan coches, caravanas, autobuses, trenes. Se montan tiendas de campaña junto a la mina, y después tiendas de souvenirs y puestos de comida y casetas de feria y atracciones y hasta una noria. Miles y miles de personas, de insensibles voyeurs de la tragedia de Leo, de espectadores sin corazón y sin cerebro, sin conciencia, expectantes ante el mínimo acontecimiento de esta historia "de interés humano". Y Tatum, el narrador, saboreando el éxito de la jugada. Pero su ambición no se detiene ahí, y además de jugar con la vida de Leo, se la juega también con su mujer. Todo por la noticia, por la gran historia.


Al final, claro, Leo muere ("¡El circo ha terminado! ¡Váyanse a sus casas!"). Y el público de este gran carnaval de miserias hace que lo siente, y se retira apesadumbrado, decepcionado, a la falsa y gris felicidad de sus hogares. Lorraine, la esposa, la viuda, ve abierta la puerta de su celda y escapa de su vida, de sus fantasmas, de su agujero. Y el desalmado Chuck Tatum, el periodista, el carroñero, acaba siendo devorado por el monstruo ambicioso y desalmado que él mismo ha creado. Y puede que por su propia conciencia.


"El Gran Carnaval" (Ace In The Hole, 1951) es una obra maestra, otra más, del genio Billy Wilder (y una de las más impactantes interpretaciones de un enorme Kirk Douglas). Su película más cáustica, más despiadada y más corrosiva. Y probablemente la más real. Por eso es también la única de sus obras que no triunfó, porque el espejo que colocó frente a la sociedad norteamericana de la época fue demasiado cruel y demasiado certero.


Y yo me pregunto: ¿no es éste, acaso, el mismo Gran Carnaval que transcurre, cada día y cada noche, por las pantallas panorámicas que presiden nuestros hogares, adormeciendo nuestras mentes y codificando nuestras conciencias? ¿No son esos presuntos periodistas de la víscera como Chuck Tatum, carroñeros de la noticia "de interés humano", que fabrican sus crónicas barrenando vidas? ¿No son esos pseudofamosos por un día, juguetes rotos y devorados por sus carroñeros, como el indio atrapado y sacrificado en la mina? ¿O como su amargada esposa, que no duda en venderse por unas monedas y unas promesas? ¿Y no son los espectadores de nuestro circo televisivo como esos miles de ciudadanos curiosos y ociosos, insaciables de morbo y sensacionalismo, indolentes ante al dolor ajeno?


¡Miren a su alrededor, damas y caballeros, niñas y niños! ¡Disfruten del Gran Carnaval! Revuélvanse las tripas con la carnaza del famoseo, con las vísceras de las familias rotas, con las princesas del pueblo y los exhibicionistas del vicio; con las vociferantes vendedoras de baratijas morales; con los calumniadores al peso, a tanto la onza de mentira; con los profesionales de la escandalera y el alboroto, nada gratuitos por cierto; con los tertulianos de la gresca y el insulto, del vocerío y la falsa disputa; con los charlatanes y los embaucadores, traficantes de miserias y de juguetes rotos que venden su alma al telediablo; con los cronistas de la farsa, moscas cojoneras con zoom o micrófono, siempre pegadas a la mugre, propia y ajena.


Miren a su alrededor y asquéense de las hipócritas condenas y las fingidas vergüenzas ("me avergüenzo de pertenecer a la misma cadena que Sálvame", dice la presentadora de Gran Hermano, después de enseñar las bragas), de los impostores de la fama y de la nada, del sexo como moneda de cambio (¿no es eso prostitución?), de muertos juzgados y condenados, de familias rotas vendidas como saldo, en pedacitos, a tanto el pedacito con lágrima, a tanto el pedacito con cuernos, a tanto el pedacito con sangre…


¡Miren a su alrededor, damas y caballeros, niñas y niños! Y reconozcan entre sus cercanos a los voyeurs del sensacional espectáculo, aplaudidores de la arcada, animadores de la burla, jueces implacables de la desdicha ajena, turba de la guillotina mediática, adictos incurables a la vida de los otros. Culpables de dar audiencia, subvención y justificación a este Gran Carnaval, a esta Feria de las Vanidades infame y cruel, a esta Ruleta Rusa de la denigración, voluntaria o involuntaria (qué más da, mientras suba la audiencia…). Todo por la noticia. Todo y más por la gran historia. Todo y más aún si hay exclusiva.


Alguien dijo que la gente está dispuesta a ver cualquier cosa en la televisión con tal de no verse a sí misma. Lo que no saben es que, en realidad, eso es precisamente lo que ven: su inequívoco reflejo. Como la sociedad norteamericana (y universal) de 1951 ante el espejo despiadado y palmario de Billy Wilder.


Y ahora, háganse un favor, desconecten la tdt, enciendan el dvd y pónganse una buena película. Les recomiendo El Gran Carnaval.

martes, 13 de julio de 2010

La tarjeta amarilla más bonita de la historia


Ante todo, disculparme por faltar a mi palabra. Sé que hace unas semanas prometí no volver a escribir de fútbol, aunque fuera para hablar mal. Incluso redacté un Manifiesto Antifutbolización (que no antifútbol, quede claro). Pero esto es más grande que el fútbol, más grande que el deporte y más grande, mucho más grande, que la mera afición (o fanatismo, según). Lo reconozco, me he dejado llevar, me he dejado vencer. Pero como repetía insistentemente el Vizconde de Valmont a Madame de Tourvel en Las Amistades Peligrosas, mientras la seducía cruelmente, «No puedo evitarlo».

Sin embargo, porque ya lo han hecho otros, hoy no quiero hablar de fútbol. No quiero hablar del casi infarto compartido en familia (padres, hermanos, cuñados, sobrinos, hijos y mujer) durante ciento veinte minutos, especialmente los últimos cuatro; ni quiero hablar del jogo bonito de la Selección Española frente el jogo feo de Holanda, del juego rastrero, de la patada a lo Karate Kid del guarro De Jong, de las 12 tarjetas, las 200 patadas y los gestos antideportivos, del antifútbol de esta Naranja Mecánica que se parecía más que nunca a la de Burguess/Kubrik y sus drugos ultraviolentos, puestos hasta los tacos de leche con velocet del bar lácteo.
No quiero hablar tampoco de las obviedades y tontunas que han soltado los políticos estos días, ni siquiera mencionaré el deseo del tontu Urkullu de que sólo quiere que gane la selección de Euskadi; o de la Pajín, asociando la victoria de España a la superación de la crisis; o del miedo de Carod Rovira a que se vieran en las fachadas catalanas más banderas españolas que senyeras (como así fue).

No. No quiero hablar tampoco de los cavernícolas de siempre, que apalearon o apuñalaron a los aficionados que vestían con orgullo la camiseta de su selección, en Barcelona, Pamplona, Bilbao, Vitoria y hasta en el Zarauz de mis amores y de este Malecón. No quiero hablar de la archimentada (aunque muy cierta) metáfora de la España Unida jamás será vencida, del qué grandes somos cuando olvidamos nuestras diferencias o de mira cómo asturianos, salmantinos, valencianos, catalanes, vascos, madrileños y demás podemos llegar adonde queramos en cuanto nos olvidamos de la política, esa cosa pringosa que todo lo contamina y pervierte. No quiero hablar de gestas tipo Breda o 2 de Mayo, ni de naranjas exprimidas y digeridas como vitamínico y refrescante zumo. Al enemigo, puente de plata.

No quiero hablar de Nadal, ese chaval que venía de ganar Wimbledon por segunda vez y de recuperar su número uno del mundo, y que animó a su selección como uno más, con su modestia, su naturalidad y su pintura rojigualda hasta las cejas; como Gasol, otro español grande. No quiero hablar del pulpo Paul, aunque haya dejado a Nostradamus a la altura de un alevín, ni siquiera como posible candidato para presidir el Tribunal Constitucional, a ver si así aciertan alguna vez (o aún más: ¿se imaginan que en las próximas elecciones sólo hubiera dos urnas, una del PSOE y otra del PP, con sendos mejillones en su interior, y que fuera el pulpo Paul quien decidiera el nuevo presidente del Gobierno? Nos ahorraríamos una pasta electoral y la necesidad de ir a votar con la nariz tapada).

No quiero hablar de la marea rojigualda que literalmente inundó el domingo de fiesta y orgullo patrio «¡yo soy español, español, español!» las calles de toda todita España, desde Canarias a Santander, desde Fuentealbilla a Santiago, desde Cádiz a Barcelona (más gente que en la mani del sábado hubo ayer en la avenida María Cristina). Ni quiero hablar de la gilipollez de Puyol y Xabi alardeando de senyera, suponemos que por consigna (¡ay, qué mala es la envidia nacionalista!), de una forma tan tonta, excluyente e injusta para sus compañeros españoles, para su entrenador español, para los miles de espectadores españoles que acudieron al Soccer City y para los millones de españoles que vibramos con el mejor equipo español de nuestra historia futbolera.

No quiero hablar de Del Bosque, ese grandísimo mister que es como el vecino de al lado, un tipo corriente, tranquilo, paciente, contenido, bonachón, educado, sabio, líder… pues eso, un tipo enorme. Ni quiero hablar de Iker y Sara, Casillas y Carbonero (¡qué injusto Mundial habéis soportado, chicos!), ni del beso incontenible, espontáneo y maravilloso que le plantó en los morros San Iker a su santa en mitad de la entrevista. Grande, Iker, grande. Y hablando de Iker, no quiero, tampoco, hablar de las lágrimas (dulces, memorables, históricas) del gran capitán de este gran equipo construido desde el trabajo, la honestidad, el tesón, el esfuerzo, la generosidad y la unidad; de este equipo antidivo, sin engreídos, sin estrellas, sin galácticos («yo no soy galáctico, soy de Móstoles»); de este equipo ejemplar donde todos son cracks, donde todos son uno, sin más.

Hoy, si me lo permiten, quiero hablar, más que de la gesta de la Selección, del gesto de Iniesta. De ese gol para la historia que el genio albaceteño dedicó a su amigo, el jugador del Español fallecido hace un año. De esa camiseta blanca que rezaba “Dani Jarque siempre con nostros”. De ese inconmensurable, generoso y ejemplar homenaje a la amistad: «nos ha dado fuerza a todos. Todavía no había podido hacerle un homenaje en el mundo del fútbol a Jarque y la ocasión es espectacular». Espectacular tú, Iniesta. Estoy convencido de que marcó ese golazo, con todas las ganas del mundo, para poder quitarse la camiseta y mostrar su homenaje. Aunque le valiera una tarjeta amarilla. La tarjeta más emocionante, generosa y bonita de la historia del fútbol. Una gran lección.

Pues eso, ¡que viva Iniesta! ¡Que viva el fútbol! ¡Que viva España!

miércoles, 7 de julio de 2010

El orgullo de Zerolo vs. el Orgullo de Nadal

¡Zerolo vive! ¡Lo sabía, lo sabía! ¡No podía haber desaparecido así por las buenas! El tío más ubicuo y omnipresente de la política española; ése que salía en todas (¡todas!) las fotos oficiales y oficiosas daba igual la compañía, el tema o la reivindicación (socialismo, lesbianismo, palestinismo, pacifismo, feminismo, antitaurinismo, laicismo, anticlericalismo o cualquier otro ismo); el personaje más fotogénico y marketiniano del mega fotogénico y marketiniano psoe, sí, sí, Zerolo el único, el inimitable, el inconmensurable, Zerolo el bello, Zerolo el Magnífico, Zerolo el Orgásmico... ¡HA VUELTO! No sabemos dónde ni con quién ha estado (suponemos que dándole al orgasmo democrático con su cónyuge A), pero ya está con nosotros y con nosotras. Y estamos todos y todas tan contentos y contentas que sus amigos y amigas le han organizado una fiesta. ¡Y vaya fiesta! Un fiestón, vamos. Todo un carnaval para él solito, con carrozas, disfraces, música, sexo, alegría por un tubo y más de un millón de amigos y amigas, de todas las edades (muchos niños, claro, que se vayan enterando de lo que es la libertad de elección antes de que se hagan mayores y puedan pensar y elegir por sí mismos). Un merecidísimo homenaje a tan insigne personaje y una alegría para nuestros ojos. Volver a ver esos bucles perfectos coronando esa sonrisa perfecta sobre ese cuerpo (suponemos) perfecto, de verdad, no tiene precio. Todo “por la igualdad trans”, que no sabemos si es trans de transgénica, de transiberiana, de transpirada, de transversal o simplemente de transmutada.

Allí estaban todos y todas rodeando a mi Zerolo, ¡millones, oiga! Aunque este año se han notado más las ausencias que las presencias: como la Bibi, que fue un visto y no visto, pues tenía otras conquistas sociales y constitucionales que celebrar, como el derecho a matar o así al hijo que es que no te viene nada bien en ese momento, la verdad; y tampoco se les vio el plumero (con perdón) a Méndez y su pareja de hechos Toxo, sindicalistas y residentes en Madrid, que otrora no se perdían ni una y este año debían andar perdidos por el metro, buscando la salida; ni a Pepiño, que antaño era un fijo en la pancarta y desde que es ministro con presupuesto prefiere la corbata a la fantasía; tampoco vimos a Llamazares, aunque con su menguada estatura (física) podía perfectamente estar detrás de la pancarta y no enterarnos; ni asomó la bombillita el ministro Sebastián, aunque seguro que le reservaban un sitito en alguna carroza multifestiva (a cambio de poner la cerveza, con los 100.000 euracos que le ha sacado a Intereconomía por reivindicar una normalidad no oficial); esta vez ni siquiera se apercibió, ni sobrio ni mamado hasta las cejas, al insigne Jorge Javier Vázquez, rey de la programación infantil, ni a sus elegantes divas y divos de su elegante tertulia; tampoco había gays, lesbianas, transgénicos, etc. del innoble pueblo de Israel, asesinos, genocidas y homófobos como el que más; ni había, un suponer, colectivos islamistas, que la movida ésta homorgullosa no es que les vuelva locos o locas, la verdad (creo que, allí, más que en carrozas los llevan en grúas); ni tampoco se vieron muchos vecinos de Chueca, que habían tenido que exiliarse “voluntariamente” a casas de familiares o amigos porque su barrio se había convertido en un basurero literal y metafórico durante una larguísima semana, llena de noches y de días. Ni se vieron, por aclarar, miles de homosexuales serios y serias a los que sencillamente no les va la cosa ésta del Orgullo Multicolor, Multirruidoso, Multiorgásmico, Multicultural y Multitrans.

En fin, lo importante es que Zerolo sí estaba y que se le veía feliz al muchacho, ahí, cortejando maromos trans, y que el más de un millón de amigos, amigas y transloquesean se lo pasaron de rechupete entre visibilidades lésbicas, cuerpazos gays y orgasmos democráticos. Una fiesta de la que, con toda la razón, Zerolo se tenía que sentir orgullosísimo. ¡A ver quién la supera el día de su cumple! (si es que este chico cumple años).

Yo, que no estuve en la fiesta, no sentí el orgullo de Zerolo. Ni por él ni por todos sus compañeros y compañeras, aunque fueran un millón, o una millona que diría la otra. ¡Qué le vamos a hacer! Soy así de rarito (no se crean, me encanta ser así de rarito). Pero este fin de semana sí he tenido mi ración de orgullo. Me sentí orgulloso del gran Rafa Nadal, de esa bestia del tenis que ayer logró otro gran triunfo en su carrera imparable. Me sentí orgulloso de su hazaña, repetida dos años después en la hierba de Wimbledon (tras un año de lesiones y una recuperación espectacular); me sentí orgulloso de su fuerza, de su tesón, de su entrega, de su profesionalidad, de su espíritu de sacrificio y superación; me sentí orgulloso de su deportividad y de su humildad, y hasta de su volterera. Eché en falta, eso sí, su informalísimo abrazo al Príncipe de 2008, bandera española en mano, para “agradecerle como español su apoyo”; lo eché en falta porque el Príncipe no estuvo en la pista central del All England Tennis Club, igual que Pepiño no estuvo en la pancarta de la Cabalgata Guay. ¡Lástimas, ambas!

Lo reconozco, sí. Yo, que soy así de raro, me sentí orgulloso como español y como persona de Rafa Nadal, porque representa muchos de esos valores que nos quieren hacer olvidar e incluso arrebatar (esfuerzo, deportividad, agradecimiento, modestia, respeto, sano patriotismo) en esta Ezpaña cada día más perdida en orgullos sobredimensionados, talk shows abrasivos, buenismos tontos, famas vacuas, libertades engañosas y relativismos absolutos en la que nos están intentando sumergir Mister Paz, Zerolo, Bibiana y demás miembros y miembras del Colectivo ZP. Así que, ¡gracias Nadal! Ojalá tu ejemplo tenga más fuerza que el de Zerolo. Y ojalá nos hagas sentir orgullosos de ser españoles muchas veces más.



miércoles, 30 de junio de 2010

Los Sindicatos del Crimen


Terry Malloy, su guapa novia Edie, el Padre Barrie y los estibadores del muelle de New York tenían al implacable Johnny Friendly para dirigir sus vidas, decidir quién y cuándo se trabajaba y cargarse fríamente al esquirol o al chivato que desoyera sus recomendaciones-órdenes; la valiente declaración del “esquirol” Malloy, testigo de uno de sus crímenes, logró finalmente hacer justicia. Jimmy Hoffa hizo mucho por el gremio de camioneros del Medio Oeste después de la Depresión; hasta que el poder lo corrompió y comenzó a utilizar a la Mafia para intimidar a los pequeños empresarios, a cambio de blanquearles el dinero sucio (a los mafiosos, no a los empresarios); fue condenado a 7 años por sobornar a un jurado, amnistiado por Nixon y presuntamente asesinado por la propia Mafia en el aparcamiento de un bar perdido en una carretera de Detroit, su cuna.


La obra maestra de Elia Kazan (chivatazos anticomunistas aparte), magistralmente interpretada por Marlon Brando (Malloy), Lee J. Cobb (Friendly) y Karl Malden (Barrie); y la pseudobiografía de Hoffa, dirigida por Danny De Vito y (sobre)interpretada por Jack Nicholson y el propio De Vito nos dan la imagen de unos sindicatos corrompidos, todopoderosos, enquistados y bastante por encima del bien y del mal. Auténticos Sindicatos del Crimen. Chicos malos, no como aquí…


Aquí no tenemos Friendly ni Hoffa, sino Méndez y Toxo, Toxo y Méndez, tanto monta, monta tonto (¡uy, una errata!). Y algún otro por ahí, pero cuyo nombre no logra traspasar el bigote y la barba de estos dos (cada vez que intentan compartir pancarta o micro les echan friendly, o sea, amistosamente). El caso es que los sindicatos españoles no son como los de las pelis americanas.


CCOO y UGT no son organizaciones corrompidas, ni todopoderosas, ni enquistadas, ni están por encima del bien y del mal. ¡No, señor! CCOO y UGT son más honradas que Jefferson Smith, el de Caballero sin Espada (lo de la PSV fue una conjura de la Patronal, la Banca y la Falange al alimón).


¿Todopoderosas? ¡quiá! Estos no tienen (ni quieren) poder ni influencia más allá de sus afiliados: ni sobre el 60% restante de trabajadores de España, ni sobre los demás sindicatos, ni sobre el Gobierno, ni sobre las academias de formación de parados que regentan, ni sobre las empresas de las que son consejeros delegados (Renfe, Adif, Acerlor, Caja Madrid) cobrando pellizcos de 22.000 euros… ¡al mes! Nada de nada, la palabra ‘poder’ no existe en su DSAE (Diccionario Sindicalista de la Academia del Estado).


Tampoco están enquistados en la sociedad cuan percebes, puesto que han sido elegidos libremente por todos los trabajadores (y trabajadoras) españoles (y españolas), que los votan por millones cada cuatro años; y no son herederos del Franquismo ni son verticales ni nada de eso; y además, viven de las cuotas de sus afiliados, libres y felices como un liberado, porque el Estado no les subvenciona con más de 100 millones de euros al año (sin descontar los 250 millones que cuestan los felices liberados).


Ni, por supuesto, están por encima de la ley, ni se saltan a la torera la legalidad vigente y constitucional negando los servicios mínimos, por ejemplo; ni sus piquetes utilizan métodos de información más allá del folletito y la sonrisa, en plan azafata (nada de bates, ni pedradas, ni barras de hierro, ni barricadas, ni puños reivindicativos, ni amenazas de muerte al esquirol. Eso son falacias y calumnias de los esquiroles vendidos al Capital).


No, Méndez y Toxo no son Friendly y Hoffa. Y la huelga de Metro de esta semana (como otras muchas antes, siempre que no vayan contra los colegas del psOe) ha sido un ejemplo más. Se han cumplido a rajatabla los servicios mínimos que establece la ley, se han respetado a los trabajadores (y trabajadoras) que querían trabajar; se ha informado a los empleados (y empleadas) con sonrisas y palmaditas; no se ha perjudicado a millones de usuarios y usuarias, trabajadores y trabajadoras, estudiantes y estudiantas, que no han perdido dinero ni tiempo ni exámenes ni cordura; no se ha retrasado por el caos circulatorio a servicios de urgencias, que podían haber causado muertes involuntarias; ni, en fin, ha supuesto atrasar un solo minuto la sentencia (o fallo) del Estatut, que sólo nos habría faltado eso. Y encima ha quedado demostrado que no es una huelga política y que respetan a las mujeres, aunque sean presidentas (“Esperancita, como me quites el 5, por el culo te la hinco”). Pues eso.


Viendo los resultados de esta huelga de Metro (por cierto, ¿sólo hay rebajas salariales en el Metro de Madrid?), habrá que esperar a la Supermegamultihuelga General de septiembre. Que ahí no sé si van a protestar sólo contra Esperanza Aguirre o también contra Aznar, Europa, la Merkel, Reagan, el Papa, Botín y los Neocón. O sea, el Capital especulador, explotador y corrupto (salvo millonarios tipo Bono, el Pocero o así). Y además me estoy viendo a la Pajín, a Pepiño, a Salgado, a Chaves, a Zerolo y al mismísimo Mister Paz compartiendo cabecera con Friendly y Hoffa… digo… con Méndez y Toxo.


Así que, nada. Que bienvenida sea la huelga de Metro y cualquiera otra, que para eso es un derecho de los trabajadores y de las trabajadoras, ganado a pulso desde tiempo inmemorial. Y si alguien se tropieza y se hace pupa mientras es informado, no pasa nada; que no me sea un quejica en plan Terry Maloy. Ya lo decía el demócrata Stalin: “La violencia es el único medio de lucha, y la sangre el carburante de la historia...” Ése sí que era un sindicalista cojonudo. ¿No estará por ahí, verdad, para presidir pancarta?


Por cierto, sería injusto que en las próximas huelgas generales o parciales hubiera servicios mínimos. Pienso que se ha creado un precedente importante en pro de los derechos de los trabajadores y las trabajadoras, una nueva conquista social, un logro revolucionario (y sin utilizar la guillotina) que ahora no se puede perder. Así que, ya sabéis, médicos, enfermeros, jueces, basureros, policías, controladores, bomberos, profesores, taxistas, gasolineros, camioneros, transportistas, pilotos y porteros de discoteca. ¡Muerte al Capital, al Patrón y al Banquero! ¡Viva el Paro y Gloria a Zapatero!


Amén.

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miércoles, 23 de junio de 2010

Unas palabras para Txusito, el negociador.

Dicen —comentan, murmuran, afirman, desmienten, contradicen— por ahí que Jesús Eguiguren, Txusito para sus amigos de la capucha, ha vuelto a negociar con ETA. ¡Mentira podrida! ¡Burda falacia! ¡Trola trolera! Es imposible que Txusito haya vuelto a negociar con ETA, sencillamente porque nunca ha dejado de hacerlo, y no se puede volver a lo que nunca se ha dejado.


No es que uno sea tan mal pensado que siempre esté pensando mal en lo que toca al gobierno de Mister Paz y a los hombres de paz abertzales o a su amigo Txusito, el maltratador; no, de verdad que me haría enormemente feliz poder pensar bien. Pero no puedo. No I can’t! que diría Ohbama! Después de la dieta vigilada de De Juana, de la inseminación excarcelada de la Beloki, del pacifista Otegui, el de la hija, o del hijo de la madre que parió a Usabiaga, o de Josu Ternera y su ternerito pastando libremente; después del accidente de la T4, de las mentiras de Mister Paz en el Congreso, de las vascorras de las Tierras Vascas en el parlamento vasco, de ANV en los ayuntamientos y en las subvenciones; después de las reuniones secretas de Txusito y la ex Mesa Nacional de Batasuna en abril y en París, de los últimos acercamientos de presos, del chivatazo impune de El Faisán, de la poco convincente indignación de Leire, de la explosiva última entrevista a Txusito ("Es contraproducente para el futuro mantener ilegal a Batasuna"), del encuentro amistoso —colegas de la muerte, oye— entre Batasuna y EA de este domingo para que ETA esté en las elecciones… pues que no, ¡que no me lo creo, vaya!


ETA, como Mister Paz, no se va a rendir; a pesar de su fracaso, de su irremisible carrera sin frenos hacia el abismo, ETA va a morir matando; como Mister Paz va a morir arruinando al país. Y es que están hechos el uno para el otro, cada cual en su propia alucinancia o iluminancia, abducidos mentalmente —y moralmente— por su visión distorsionada de la historia y su propio lugar en ella. Ambos se necesitan: Mister Paz porque sabe que sólo puede salvar su legislatura si acaba con ETA “pacíficamente”; y ETA porque sabe que sólo con Mister Paz puede sobrevivir e incluso prosperar, a pesar de Rubalcaba. Y en medio, Txusito, el maltratador negociador, el gran pacificador, el Moratinos con txapela.


Yo no pretendo iluminar, ni con mis palabras ni con mis pensamientos, las oscuras mentes de Mister Paz y ETA, y su cadena de transmisión Txusito. No, yo no lo voy a hacer. Prefiero cederles el dudoso honor a personas que han sufrido el dolor, el desprecio, la crueldad, la tortura, la injusticia, la muerte en sus propias carnes, en sus mismísimas almas. Prefiero que sean testigos directos de la barbarie de ETA los que le digan a Txusito y a Mister Paz, su jefe, por qué no se puede negociar con la serpiente; por qué es inmoral siquiera plantearse que estén otra vez en las elecciones; por qué la única opción admisible es la rendición total y la única justicia posible es el cumplimiento de cada segundo de condena.


Esas personas me escribieron, hace una semanas, dejando su testimonio desgarrador en este mismo Malecón, agradeciendo mi artículo “Carta a la hija de Otegui”. Hoy, me voy a permitir recordar tres de esos testimonios, que llegaron en forma de “comentario”; y los transcribo tal cual llegaron, con su ortografía y sus expresiones de personas humildes, poco cultivadas, muestra de que quien más sufre es, como siempre, quien menos tiene. Estas palabras son para ti, Txusito:


«mi padre no podia ir a las reuniones pq ETA amenazo con matarnos a nosotros .Asi transcurrio mi vida hasta los 11 años , un dia , en el pueblo de mi madre (es un pueblo de vizcaya) un señor me sento en una silla y me pregunto constante mente en que trabajaba mi padre, solo para comprobar si no lo decia , que gracia, no consiguio que lo dijera , he tenido que oir alli siendo una niña que si pudieran le darian un tiro en la cabeza a mi padre.Lo he pasado tan mal alli que seria muy largo de contar . A dios gracias a los 11 años nos fuimos de alli, y por fin comenzo mi vida normal , podia decir quien era mi padre he incluso la gente me admiraba por quien era el , parecia que estaba en otro pais , yo creo que realmente asi era (…) yo gracias a dios estoy muy orgullosa de que mi padre sea un GUARDIA CIVIL .»


«yo por desgracia soy viuda desde hace 22 años de un policia nacional asesinado a sangre fria por la espalda, el contaba con 32 años teniamos dos hijas de 7 y 3 años y toda una vida por delante...llena de ilusiones y proyectos que nunca se cumplieron,aún despues de tantos años aún sigo sola...nunca me recupere del todo...mis hijas crecieron sin su padre y aun y para siempre lo seguiran hechando de menos y aun lloran por el ...era un buen hombre y no se merecia lo que le paso...JAMAS LOS PERDONARE....nos partieron la vida...»


«tube la mala suerte de vivir en Vitoria en los años más sangrientos que fueron los 80 y tantos cuando mi marido fué asesinado y tube que llevar a una hicastola a una de mis niñas, a los 2 meses la tube que sacar y llevar a mi tierra y dejar a su padre solo allí porque me la maltrataron física y psicológicamente...me la marginaron y venia con moratones por todos lados..pobrecita la primera frase que aprendió fué xacurra campora no se si estara bien escrito ... los moratones no eran solo de los niños tambien de los profesores....se salieron con la suya y nos echaron ...por las malas...a mi niña y a mi marido con los piés por delante...lo más fuerte es que no los odio....me acausan indiferencia y sigue por que el pueblo vasco lo consiente..»


Nada más que añadir, salvo, tal vez, una última pregunta: ¿realmente alguien se cree que EA y Batasuna no van a estar en las listas el año que viene? Me apuesto el RH negativo de Txusito.

martes, 15 de junio de 2010

Zapaterus Invictus y el Manifiesto Antifutbolización


Cuenta una crónica periodística del año 1968, desde la antigua provincia sudafricana de Transvaal, cómo los indígenas no habían adoptado aún la cultura del fútbol y se distraían con los deportes de sus antepasados. La gran fiesta deportiva consistía en una lucha a garrotazo limpio entre los brosas y los basutos; en la fiesta tomaron parte mil doscientos individuos, que corrían unos tras otros descargándose mutuamente zurriagazos con unos garrotes de buen peso. Curiosamente, además de las quijadas rotas, los cráneos abiertos y los múltiples descalabros, sólo hubo un muerto… y eso que un guerrero fue arrojado a un barranco de más de 30 metros.


Visto hoy, este deporte ancestral puede parecer una salvajada; pero en su día, o en sus siglos, fue cultura. Más o menos como el Deporte Rey Absolutista que ahora y siempre nos invade y nos gobierna.

El caso es que, según parece, Sudáfrica se ha civilizado (ejem), ha dejado el garrotazo deportivo en el pasado y acoge el Mundial de Fútbol, según las reglas marcadas por el código de Sheffield o por el de Cambridge, que es como más civilizado; lo que, a priori, es un avance. Me parece bien si es en pro de la civilización civilizada, deportiva y culta (aunque luego se maten los aficionados rivales con más contundencia que los traansvaleses, pero ése es otro artículo). Fantástico, oiga. Fenomenal.


Pero uno, aunque ha jugado al fútbol semanalmente durante años (más lozanos) está hasta las narices de fútbol. Porque lo que antes era un deporte se ha convertido en una plaga de dimensiones faraónicas (y no sólo en el Mundial). No estoy en contra del fútbol, sino de la sobresaturación de fútbol, de la omnipresencia del fútbol, de la sobredimensión del fútbol, de la sobredosis de fútbol, con síndrome de abstinencia incluido; estoy harto de la dictadura de la cultura del fútbol, de la tiranía del fútbol, que no te permite hablar de otra cosa en oficinas, reuniones, peluquerías, bares, colegios y taxis; harto de que me mientan al llamar “Deportes”, así en plural, a las secciones de “Fútbol” de diarios y telediarios; y de que los niños ya no jueguen al guá ni a las chapas ni al clavo ni a rey-verdugo, que era cruel pero no era fútbol. Sí, lo confieso y lo proclamo de viva voz, y hasta lo grito si se tercia: ¡estoy hasta los mismísimos de la megainvasión del fútbol, del imperialismo del fútbol, de la globalización del fútbol… en una palabra, de la FUTBOLIZACIÓN!


[Nota para la SGAE y apropiadores indebidos: declaro que este concepto de Futbolización, cuyo término y definición me acabo de inventar, es creación propia, y estará sujeto a los derechos de propiedad intelectual pertinentes e impertinentes que un servidor decida.]


Total, que puestos a protestar contra el viento huracanado de este tifón futbolero que nos arrasa, y aunque sé que no va a servir más que de vano desahogo de este novato “antisistema” que les escribe, me declaro oficialmente “antifutbolización” y he decidido manifestar mi protesta en el correspondiente manifiesto. Que dice, más o menos, así:



Manifiesto Antifutbolización®


1. Me niego a planificar mi vida en función de los horarios de los partidos de fútbol, aunque sean de la Selección Española.


2. Me niego a tener que hablar exclusivamente de fútbol el día después de un partido; ni el día antes; ni siquiera durante el partido (o sea, todos los días).

2bis. Es más, me niego ha comentar el partido más allá del mero resultado. Tres segundos son suficientes.


3. Me niego a creerme mejor entrenador que Del Bosque, Maradona, Capello y demás entrenadores profesionales.


4. Me niego a vocear, a saltar o a chillar por las ventanas por cada gol que meta España. Me alegraré, por supuesto, pero no tanto como si me hubiera tocado la lotería.


5. Me niego a llorar por cada gol que le metan a España.

5bis. Me niego a quedarme sin ganas de vivir si pierde España.

5bisbis. Me niego a suicidarme si eliminan a España en cuartos.


6. Me niego a llamar a la selección la Roja, astuto invento publicitario de una cadena de TV cuyo color corporativo es, precisamente, el rojo (eso sí, como profesional de la Publicidad, admiro profundamente su astuto invento).


7. Me niego a vestir la camiseta de la selección para ver los partidos, y mucho menos para ir al súper, al bar o a pasear al perro (si lo tuviera o tuviese).


8. Me niego a saberme de memoria los nombres de todos jugadores de la Selección Española. Bastante tengo con acordarme de dónde he aparcado el coche.


9. Me niego a sonreír por obligada cortesía futbolera al vecino del quinto, que siempre me ha caído fatal, por el simple hecho de que haya ganado España la noche anterior.


10. Me niego a odiar a suizos, chilenos, hondureños o cualquiera otro adversario por patriotismo mal entendido.


11. Me niego a odiar a los árbitros, o a desear su muerte tras inhumana tortura, porque hayan, presuntamente, pitado en contra de la Selección Española.


12. Me niego a considerar al fútbol el “deporte rey”. Por muchos cortesanos y cortesanas, plebeyos y plebeyas que le rindan pleitesía.


13. Me niego a peinarme, vestirme o tatuarme como los jugadores de la Selección.

13bis. Me niego a peinar, vestir o tatuar a mis hijos como los jugadores de la Selección.


14. Me niego a sentirme más español sólo porque gane la Selección Española.

14bis. Me niego a querer, respetar, portar y ondear la Bandera Española sólo cuando gane la Selección Española.


15. Me niego a que el Presidente del Gobierno, sus adláteres y medios de comunicación en general utilicen el fútbol para anestesiarme, obnubilarme, nublarme, anularme y/o torearme.

15bis. Me niego a que el estruendo de las vuvuzelas no me deje seguir escuchando el fragor del paro, del caso Faisán, de los Falcon, los Bonos y demás ejemplares ejemplos, de la ley del aborto, de la re-negociación con ETA, de los desvaríos gubernamentales, de las ocurrencias de la Bibi, de los desmanes verbales de Pepiño y su clon mental, la Pajín, de los mamelucos sindicales, de la reforma laboral, de las torpezas peperas, de… en fin, pues eso, de España.

15bisbis. Me niego, por encima de todo, a que el Presidente del Gobierno y Ministro de Deportes salve el pellejo o retrase su suicidio (político, no me sean malpensados) en el caso de que gane la Selección Española. Mister Paz no es Mandela, y no puede quedar invictus.


Bonus track:

Me niego a volver a escribir sobre fútbol, aunque sea para manifestarme en contra.


Pues eso, ¡VIVA LA ANTIFUTBOLIZACIÓN!


…Y que gane el mejor.

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