jueves, 4 de diciembre de 2008

Una sociedad enferma. Muy enferma.


Amo el País Vasco. Durante 36 años he pasado los mejores momentos de mi vida en Zarauz. Me he vestido de casero o pelotari para celebrar la Fiesta Vasca cada 9 de septiembre desde que tenía 4 años, pasando de las rosquillas a la sidra. He cogido olas por toda la costa, desde Gros hasta Mundaka, saboreando la salada adrenalina de mi querido Cantábrico. He ido de poteo y de pintxos con grandísimos amigos de Zarauz, Irún, Bilbao, Zumaya, Sanse… Me he perdido por las callejuelas del pueblo cientos de noches de risas, futbolines, billares buena música y “Keller en dos”. He bailado trikitrisas en la Plaza Mayor y he tarareado a Benito Lertxundi después de cantar a Neil Young en una jam session a orillas del mar. He jugado “campeonatos del mundo de mus” en sociedades gastronómicas, después de una “guapa” cena, regando los órdagos con pacharán casero. Y he vivido durante años cada minuto del campeonato del mundo de surf en Zarauz, Biarriz y Hossegor. He visto a Pink Floyd en Anoeta (el día que me presentaron a Goyo Ordóñez), y a Meat Loaf en el velódromo; y he pinchado Tequila y Bowie y Manfred Mann mientras Arguiñano me preparaba un filete empanado en la cocina, antes de hacerse famoso. He convivido con kales borrokas y con fotos de etarras en las plazas y con amenazas y escoltados y con héroes del día a día, y con secuestros de padres de amigos y con peneuvistas equidistantes. He ido de sangriada en bici y he desayunado en el malecón, viendo amanecer; y he cenado el besugo a la espalda de Guetaria y la tortilla de Bedúa, y el chuletón entre kupelas de Usúrbil y el txangurro de Saltxipi. Y las cazuelas de La Cepa, sentado en el mismo salón donde asesinaron a Gregorio Ordóñez. De un tiro en la nuca. Como ayer a Inaxio Uría. Y como ayer, a la sociedad vasca no le importó un pimiento de Guernika.

Eran los años del plomo y el “algo habrá hecho” y el más cruel, si cabe, “devuélvenos la bala” dedicado a la viuda de turno. Eran los años de negar funerales en las parroquias y casi, casi negar tumbas en los cementerios. El odio, el miedo, el desprecio, la cobardía, la indiferencia, la indolencia se mezclaban en las entrañas de la sociedad vasca como quien mezcla el chorizo y la morcilla con las pochas; algo que luego queda ahí, con una leve pesadez en el estómago, pero que se pasa rápidamente y con toda naturalidad.

Ayer asesinaron a Inaxio Uría. Otro más en la lista de la serpiente, recién descabezada y recién recabezada. Y sus compañeros de tute, sus amigos, su cuadrilla, mientras la manguera borraba los restos de sangre de la acera, sentaron a otro en su silla y reanudaron la partida. Y hoy, el PNV se rasgará las vestiduras mientras mantiene a ANV en cientos de ayuntamientos y exclamará “¡Han matado a uno de los nuestros!”, pensando que los otros casi mil no lo eran; y EA se rasgará las vestiduras, e intentará negar durante unas horas a su mesías terrorista, del que siempre ha sido fiel apóstol; y el PSE se rasgará las vestiduras y Eguiguren, el dialogante, buscará resquicios negociadores olisqueando el aire nauseabundo del miedo de unos y del “ansia infinita de paz” de otros; y el PP se rasgará las vestiduras y, tal vez, recuerde a María San Gil mientras trata de hacerse más simpático, más amable, más amigo de una parte de la sociedad vasca que sólo quiere verlo muerto. De un tiro en la nuca. Y la Patronal vasca se rasgará las vestiduras mientras, a escondidas, preparan la bolsa para conservar la vida. Y durante 24 horas se guardarán minutos de silencio, y se votarán mociones y se rendirán homenajes, y todos los partidos “democráticos” se unirán y condenarán el cruel atentado, mientras la serpiente se revuelve de risa y odio.

Y mañana, la sociedad vasca (no toda, pero sí mucha), volverá a la normalidad, a su rutina, a su cobardía, a su indolencia (cruel enfermedad, la de ETA, que mata los sentimientos). Y se sentará en su mesa del bar, pedirá un pacharán, encenderá un farias y seguirá su partida de tute o de mus, qué más da, mientras el cadáver de Inaxio aún no se ha enfriado del todo.

“Corto el mus”, “paso”, “paso”, “paso”… “se fue”.


8 comentarios:

Maya dijo...

Que foto más triste y más vergonzosa a la vez...

Ahora más que ayer, incluso, mis condolencias a la fammilia y amigos (los de verdad) a esta nueva víctima de ETA.

dostoyevski dijo...

Es la foto del alma de los vascos y las vascas. Eso es lo que ha conseguido el nacionalismo, pudrir el alma vasca.
¿Cómo se puede sentir alguien hoy orgulloso de ser o sentirse vasco?
Gracias nacionalismo, gracias, has podrido a un pueblo que fue bueno, grande y admirado.
Y muchas gracias a los políticos nacionales por no ilegalizar a ANV y no cambiar la ley electoral.
Hoy muchos nos acordamos de María San Gil y de José María Aznar.

LINARES dijo...

La forma esa de poner la boca, tan nacionalista, con las comisuras de los labios hacia abajo(ver Ibarreche, por ejemplo) es, sin lugar a dudas, el reflejo del esfuerzo por contener las náuseas que se dan así mismos los nazionalistas.

Ojo, no hay nacionalistas moderados. Todos suspiran por la extinción de los vascos no nacionalistas. O muertos o exiliados, pero ninguno en Euskal Herría, ya que la mera existencia de un vasco no separatista delata la farsa del nacionalismo.

María San Gil, te admiramos.

Exiliado dijo...

Una sociedad al mas puro estilo "Corleone" donde reina el miedo y la ley del silencio impuesta por esos mafiosos de pacotilla con boina.
Un saludo desde el Reino Unido

J.H. dijo...

Corto el mus”, “paso”, “paso”, “paso”… “se fue”. MUY BUEN RESUMEN EN ESTA FRASE.

gorkataplines dijo...

Muy bueno, Pepe. Qué bien lo has pillado! Se nota que conoces el percal de primera mano.

Da un poco de asco todos esto, pero para mi hay una foto más fea, o más dura, que la de los del mus. Es la de ayer por la tarde: 9 (nueve) pringados con una pancarta bajo lalluvia en Azpeitia. Repito, eran nueve, y la que les va a caer.

Ernesto SG dijo...

Pepe, extraordinario articulo...te conozco y senti verguenza al ver esa foto........cada dia lo haces mejor

Anónimo dijo...

Joder! tres no pueden jugar. La próxima bomba la ponen en el bar y todo arreglado.
Claro que a estos HP les seguirá faltando uno en el Infierno.