viernes, 28 de noviembre de 2008

El partido perdido y la esperanza de ganar.

Y llegó Aznar y se armó la gorda. Una vez más. Desde luego que para ser el presidente de honor del PP, siembra el horror en el PP cada vez que abre la boca. ¿Por qué será? Comprendo que a veces debiera estar callado, por el bien propio y el de los demás, sobre todo el de sus propios demás. Pero de ahí a que no pueda ni mentar al partido, ni opinar del partido ni aconsejar al partido ni abroncar al partido… ¿Pero no hemos quedado en que es el presi de honor? Pues eso debe ser como el papi jubilado del partido que, aunque tenga a la prole emancipada, algo de voz, digo, debe tener en el partido. ¿O no?


Y hablando de partido, esta vez lo único que ha dicho el presi de honor es que «en política no se está para empatar ni para heredar, sino para ganar». ¡Que levante la mano el que salga al terreno de juego para perder! (Llamazares, hijo, baja el brazo, que te va a dar un calambre). Y además, añade, hay que jugar «sin complejos». Pues sí, cuando tienes casi la mitad de los votos posibles de un país y nosecuántos cientosmil fidelísimos afiliados y simpatizantes y colegas y demás pues resulta que debes ser un equipo con vocación de ganar; y no sólo con vocación, además tienes la obligación de ganar, sí o sí. Es como el Madrid, que si no gana la Liga, la Copa, la Champion, la Recopa y la Requetecopa es que ha hecho una temporada mala, malísima; porque con la muchimillonada que se gasta en fichar a las mejores estrellas de la galaxia interestelar, si no lo gana todo-todo es porque no le da la gana. Y punto. Los del Atleti, en cambio, como somos más modestos, nos conformamos con una copita o un chupito de vez en cuando, cada diez o quince años. Pero el Madrid, el Real Madrid, autoproclamado Mejor Club del Mundo, tiene la estricta e inexcusable obligación de ganar. Por cojones (con perdón). Igual que el PP. Porque el PP tiene a los mejores jugadores en cada puesto (con carreras y todo, no como otros), porque tiene a la afición más numerosa y leal (y sin ultras, mal que le pese a Pepiño), porque tiene gente trabajadora y entregada a sus colores y suda la camiseta todos los días, porque tiene ganas de pelea y hambre de gol, porque tiene el mejor entrenad… ¡Un momento! ¿Entrenador? ¿Entrenador no es el que dirige el equipo, el que planea una estrategia, el que define unas tácticas, el que hace esos dibujitos en la pizarra para ver por dónde atacamos y cómo defendemos y en qué portería metemos? ¿Entrenador no es el que fija el rumbo, el que lidera al equipo, el que guía a los jugadores en el campo y en el vestuario? ¿El entrenador no es el jefe, el caudillo, el cabecilla, el boss, ¡el mister!, ése al que todos obedecen con ciega confianza y sincera devoción? ¡Pues ya está! Eso es lo que nos falla, oiga. El mister.


Porque resulta que el mister Mariano lo que no tiene muy claro, para empezar, es en qué equipo juega. Si él mismo reconoce que «nunca he sido de izquierdas. Soy independiente y trato de defender los intereses generales», que es como no decir nada, pues es que no sabe dónde está. Ni adónde va. Ni adónde nos lleva. Por la izquierda no hay juego; y cuando alguien se desmarca por la derecha, no se le pasa el balón ni jarto de vino; y si va por libre, todavía menos; así que, ¡ale!, todos apelotonados en el centro lanzando balones al tuntún, sin saber a quién, a ver si se cuela alguno, así como por casualidad. Y claro, los goles se los cuelan a ellos por todos los ángulos y ellos que no tocan bola y que no pisan área ni tiran a puerta ni crean peligro y no meten ni miedo, y cuando marcan un gol, es en propia meta. El equipo está mal llevado, los nuevos dueños (y dueñas) del vestuario no convencen ni lideran, y cuando hablan, es para no decir nada o para decir demasiado; las viejas glorias, que se niegan a chupar banquillo; el juego dialéctico es pobre, los mensajes siguen sin llegar ni convencer (ya ni a los suyos); los colores están difusos, los valores y principios cada vez se ven más ausentes y dispersos, ya no saben qué defienden ni qué atacan. Si les preguntas sobre el aborto, te hablan de la crisis; si les hablas de la EpC te mentan a los rusos; si les comentas lo de los gays te llaman reina vieja; y si preguntas por la Cruz, despejan a corner. Y en Navarra, tarjeta roja. Y la afición, cada día más desilusionada, más decepcionada, más desesperanzada. Si con este mister y este equipazo de intergalácticos hemos perdido dos elecciones, dos, contra el peor equipo de la historia de la democracia, es que somos muy malos. O es que estamos muy mal aprovechados. O es que la estrategia es errónea. O es que ni siquiera tenemos estrategia. O es que, sencillamente, nos gusta jugar a empatar, o a perder (es más cómodo, ya se sabe: menos presión, menos entrenamiento, menos dedicación…).


Y en esas que llega Moragas, el pelota que toca pelota en cuanto le dejan y tiene oportunidad, y va y dice que lo que le va es la marcha, colega, como al Guti: «la música de nuestros valores no se escucha mejor subiendo los agudos hasta el infinito y más allá. El ecualizador del mensaje del PP se fijó democráticamente en el Congreso de Valencia y el DJ político que votamos se llama Mariano». ¡Acabáramos! Si resulta que es el mismísimo mister el que se lleva de parranda nocturna a sus pupilos, a moverles el esqueleto a ritmo de gaitas o de bakalao (o de lo que sea que pinche diyei Mariano), pues claro, luego no rinden en el campo. Ni el mister ni el equipo. Y así se las dan. Y mientras, chupando banquillo, los grandes jugadores de verdad, los que se dejan la piel (cuando les dejan), los que dan juego y meten goles, los que no babean al mister, los que defienden y atacan lo que siempre han defendido y atacado.


Y así no hay quien gane, oiga. Ni quien empate. Ni quien herede. Y volveremos a perder un partido detrás de otro, primero en Galicia, luego en Europa, luego en País Vasco y al final, la liga. Otra vez. Contra Z, Pepiño, la Bibi y la Pajín. ¿No es deprimente?


Y encima el susto: la única esperanza para que este partido no acabe partido y perdido para siempre, que casi se nos muere de un bombazo en Bombay (pero, ¿cómo sabían los terroristas que estaba ahí y que es compi de Aznar, el de las Azores?). Menos mal que la presidenta es inmune y superviviente nata (sobrevivir en el PP inmuniza que no veas). Y además, con «un par de bemoles», como relata su compañero de susto Narciso de Foxá. Pues eso, que la Espe es lo último que se pierde. Y el partido hasta se puede ganar.

2 comentarios:

Cao dijo...

Aznar no da puntada sin hilo. Obviamente él nombró a Mariano a dedo pero lo cierto es que lo nombró para gobernar y no para estar en la oposición, lugar donde le mandó, bien es cierto, el lamentable golpe de régimen del que aún algunos (pocos...) queremos saber. Tras la segunda derrota y a la vista de que pierde votos tan sólo un poco más despacio que Zeta, creo que está totalmente legitimado (como bien dices, desde su puesto honorífico) para darle el primer toque de atención. El segundo vendrá tras el más que seguro descalabro en las europeas, ya lo verás. Ahora mismo Mariano está en política para perder.

Dostoyevski dijo...

Mariano está muerto políticamente y lo sabe. Y yo me alegro. El tiempo ha demostrado que es un cobarde y un mezquino. Para gobernar España ya se ha demostrado que se puede ser un mezquino (ZP) pero no se puede ser un cobarde y Mariano lo es.
La anterior legislatura, escondido detrás de las víctimas del terrorismo, detrás de los curas (Cope) y detrás de las mujeres de su partido. ¡¡Qué valiente!!
Si, si, este tal Mariano con sus casi dos metros largos de cuerpo escondido detrás de víctimas, curas y mujeres.
Pero eso no es lo peor, lo peor ha sido la mezquindad con la que ha tratado precisamente a las personas que más le ayudaron (Federico Jiménez Losantos) y muy especialmente, María San Gil.
Ni la rendición preventiva, ni la cobardía ni la mezquindad son características del perfil de la gente que votó al PP en las anteriores elecciones.
Te esperamos en las europeas Mariano. Como diría tu paisano Caneda, eres un calamidad.