jueves, 2 de abril de 2009

28 razonamientos contra el aborto que hasta los progres pueden entender

Desde el mítico «Nosotras parimos, nosotras decidimos», pasando por la Iglesia quiere cárcel para las que abortan; derecho a elegir libremente; ninguna mujer condenada por abortar; derecho a no concebir; problema de superpoblación para una economía sostenible; desprotección del lince; la mujer es dueña de su cuerpo; un síntoma claro del progreso y la autodeterminación de la mujer; derecho de la mujer a hacer lo que quiera con su cuerpo; solución al incremento de embarazos no deseados; salud sexual y reproductiva; derecho a decidir; no te preocupes, no te va a doler y se te va a acabar el problema; no te preocupes, las consecuencias físicas que describe el documento ya no ocurren nunca… ¡firma!; otros países más avanzados no tienen problemas con el aborto; el feto no es persona; interrupción voluntaria del embarazo… hasta el «lo que no queremos es la doble moral y la hipocresía de aquellos que por la puerta de atrás abortan y luego van en la cabecera de las manifestaciones» del ilustrado Pepiño —quien también dijo que está en contra del aborto, quien también dijo que la nueva ley del aborto no tiene marcha atrás— los caminos del eufemismo abortista son asombrosamente infinitos. Y digo asombrosamente porque si el aborto es un bien de y para la sociedad, no entiendo a qué viene tanto recoveco lingüístico, tanto subterfugio moral y tanto oscurantismo económico. Pero ya sabemos que, en esta sociedad tan progresista que nos ha tocado vivir, quien gana la batalla del lenguaje gana la guerra de las ideas. Y en eso, la izquierda tiene un master en la academia de Sun Tzu, tutoriado por Anaxímenes de Lámpsaco y Goebbles al alimón. Te llevan a su terreno dialéctico, te acorralan a base de perogrulladas engañosas, te desarman a topicazo limpio y ¡zas!, caes en la trampa como un cándido pichón y tus convicciones empiezan a tartamudear. O eso, o te enzarzas en un combate a cabezazos con el que no vas a conseguir vencer al enemigo —con una cabeza tan dura como la tuya o más— y mucho menos convencerle de que ese cabezazo encierra la razón. Y sin vencer ni convencer no se llega razonablemente a ninguna parte.

Así que, hoy vamos a hacer una de infiltración. Vamos a introducirnos disimuladamente en el terreno del lenguaje progre-abortista, bien camuflados, eso sí; vamos a analizar exhaustivamente su argumentario demagógico-eufemístico; y vamos a volarlo desde la misma base, para que caiga a plomo, como el mismísimo puente sobre el río Kwai. Para ello, hemos de tener un buen material explosivo y, sobre todo, hemos de saber colocarlo exactamente en los puntos donde va a hacer más pupa. Esto es, vamos a decirles a los proabortistas, con palabras que entiendan y con argumentos que les convenzan, que el aborto es malo, muy malo, malísimo. Para todos y para todas. Y que además de malísimo, es injustificable. Y que los razonamientos que esgrimen no son válidos para una cabeza razonablemente razonable.

Y de paso, les hablaremos de una cosa que se llama vida y que es algo muy hermoso, cuando se deja querer.

El lenguaje progresí nos dice, nos jura y perjura, que el aborto que nos quieren vender es una interrupción voluntaria, que es feminista, que es un derecho, que es salud, que es constitucional, que es libre, que es solución, que es progresista, socialista, moderno y solidario, que es un logro social, que es inocuo, que es racional, científico y civilizado, que defiende a la mujer, que es un bien en sí mismo y hasta económicamente rentable. Y que los pro-vida son todos machistas, de la derecha extrema, sección Partido Popular y, para más inri, fundamentalistas católico-apostólico-romanos. Sin excepción.

Pues nada, ahora nos toca hablar a nosotros. Y argumentar. Y razonar. Y demostrar con datos y con hechos que todo cuanto dicen los abortistas sobre las bondades del aborto es tan falso y embustero como el beato cristianismo de Pepiño, el creyente.


1. No es interrupción.

Interrumpir es detener la continuidad de una acción, o sea, que luego se reanuda. En el aborto, obviamente, no hay reanudación posible. Podríamos hablar de frenar, liquidar, finiquitar, sacrificar, extirpar, truncar, tronchar, erradicar, triturar… pero de interrumpir, ni por asomo.


2. No es voluntaria.

Si no se dan opciones, si no se facilitan alternativas, la decisión no es voluntaria, es obligatoria. En los abortorios de España no les muestran las ecografías de su embarazo, ni les informan de alternativas distintas a abortar, porque la ley no les obliga a hacerlo, como sucede en otros países. Un 75% de las mujeres que abortan no lo hacen por decisión libre, sino acosadas por grandes dificultades frente a las que no ven otra salida. Sólo es libre quien tiene alternativas para optar. Y muchas mujeres se ven obligadas por presiones insoportables de sus parejas, de sus familias y de su trabajo.

Mientras, los colectivos feministas y pro abortistas integristas no sólo se oponen a que se ofrezca información y apoyo integral a las mujeres embarazadas, para que puedan tener a sus hijos y criarlos si quieren, sino que luchan encarnizadamente para que aborten sin posibilidad de elección. Quieren que las mujeres aborten, no que solucionen sus problemas. Quieren que el aborto no sea libre sino obligatorio.


3. No es feminista.

La activista gay Beatriz Gimeno afirma que «en el fondo del debate sobre el aborto late el miedo milenario a que las mujeres controlen sus cuerpos y su sexualidad sin permiso de los hombres» Ésta es una de las falacias más tópicas y recurrentes. Sin embargo, lo que subyace en el aborto es un machismo despiadado, ejercido también por las (y los) feministas radicales. Para Conrado Giménez, presidente de Fundación Madrina, «El problema es el acoso que sufre la mujer por el hecho de ser madre, el mobbing maternal, en tres entornos: personal-familiar, social y laboral. El 68% de las mujeres que atendemos sufren violencia de género (…) El 60% de las mujeres maltratadas manifiestan que han abortado al menos una vez.» Además, 9 de cada 10 embarazadas sufren acoso en el trabajo y el 25% son despedidas.

Y claro, eso a las feministas de pro no les preocupa. Porque la Gimeno y compañía sólo persiguen borrar todo atisbo de su propia naturaleza femenina, y especialmente concebir hijos. Odian hasta tal punto ser ellas las embarazadas en lugar de los hombres, que prefieren matar esa vida (y que todas las mujeres lo hagan) antes que reconocerse diferentes al género masculino. Una lógica absurda, injustificada y letal.


4. No es un derecho.

Toda mujer tiene derecho a recibir una educación sexual adecuada. Tiene derecho a recibir información sobre las alternativas. Tiene derecho a recibir asistencia psicológica y sanitaria. Tiene derecho a recibir ayuda económica. Pero ninguna tiene derecho a matar una vida. Aunque viva dentro de su cuerpo. Es esa vida la que tiene derecho a ser protegida. Igual que tampoco existe el derecho a adoptar, sino a ser adoptado. Ni siquiera existe el derecho a ser madre, legalmente hablando. Aunque para el escritor chino Lin Yutang «De todos lo derechos de las mujeres, el más grande es el de ser madre».


5. No es socialista.

Más bien lo contrario, es absolutamente capitalista. Las clínicas abortistas son un negocio millonario amparado por el Estado y los Gobiernos Autonómicos. En muchos casos su único fin es el lucro, que por 3.200 € son capaces de abortar a un no nacido sano de 26 semanas, sin peligro alguno para la madre, como demuestran infinidad de testimonios (no sólo sobre el ‘doctor’ Morín). Como dice el doctor Jesús Poveda «El camino hacia un abortorio es más conocido y más facilitado que el camino hacia los ginecólogos que defienden y respetan la vida». Por algo será. El propio Poveda recuerda cómo «uno de los que trabajan en un abortorio de estos me dijo en cierta ocasión: ‘Poveda, a veces me llama la atención lo que soy capaz de hacer por dinero’».


6. No es salud.

Ni sexual ni reproductiva, ni física ni psicológica, ni operatoria ni postoperatoria. Los centros de aborto no informan a la mujer sobre los detalles de este tipo de intervención, las consecuencias físicas y psicológicas que tiene. Secuelas y efectos que van desde su muerte, perforaciones uterinas, pérdidas y prematuridad del siguiente hijo, alteraciones del deseo sexual, esterilidad y graves alteraciones psiquiátricas. El síndrome pos-aborto es una traumática y dolorosa realidad que siempre se ha tratado de ocultar, y de la que ahora Esperanza Puente, portavoz de REDMADRE, desvela decenas de testimonios en su libro “Rompiendo el silencio” (Libros Libres). Un argumento demoledor e irrebatible.


7. No es constitucional.

«La vida del nasciturus, en cuanto éste encarna un valor fundamental —la vida humana— garantizada en el artículo 15 de la Constitución, constituye un bien jurídico cuya protección encuentra en dicho precepto fundamento constitucional» (sentencia 53/1985 del tribunal Constitucional). A día de hoy, que yo sepa, ambas dos vigentes: la Constitución y la sentencia del Tribunal Constitucional.


8. No es política social.

Nacidas como contrapeso a las injusticias sociales y laborales de la Revolución Industrial, hoy el objetivo de las políticas sociales es la búsqueda del bienestar y la mejoría de las condiciones materiales de vida de la población. El espíritu es el mismo: amparar y proteger a los más desvaforecidos, con especial dedicación a los eslabones más débiles de la sociedad, esto es, los pobres, los inmigrantes, los desempleados, los minusválidos, los niños… y digo yo que también las mujeres embarazadas sin recursos y los niños no nacidos. Pero no. Los programas sociales del Estado destinados a mujeres embarazadas sin recursos que quieran tener a su hijo son directamente CERO. Y no se atisban mejorías. Menos mal que cuentan con las organizaciones provida.


9. No es solidaria.

Si la tomamos la solidadridad como sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda o defensa, el aborto en sí mismo es justo lo contrario. Porque ni apoya a la mujer embarazada, ni respalda su situación, ni la ayuda a superarla ni, desde luego, defiende la vida que lleva dentro. Frente a los valores de entrega, caridad y amor a la vida de otro que promueven las organizaciones Provida, los partidarios del aborto transmiten conceptos puramente egoístas: mi cuerpo, mi derecho, mi bienestar, mi comodidad, mi vida… yo, mi, me, conmigo.


10. No es talante.

La nueva ley del aborto enfrenta a la sociedad. Premeditadamente además. Ha nacido con la intencionalidad clara de separar aún más la supuesta línea entre izquierda y derecha, entre presuntos progresistas y presuntos cavernícolas. Para arrinconar y condenar a los que se enfrenten a ella (con la Iglesia como cabeza visible, o cabeza de turco) esgrimiendo la excusa del fundamentalismo y la crispación. Puro talante.


11. No es un logro de la sociedad.

Todos los expertos coinciden: el aborto es un fracaso de la sociedad. De toda la sociedad. «Falta una auténtica red social para evitar que una mujer, ante un embarazo no deseado, recurra al aborto. Yo aborté hace más de diez años y todavía hoy sufro sus consecuencias», denuncia Esperanza Puente. Existe una reveladora carencia de recursos e interés, por parte del Estado, tanto en el ámbito asistencial como en el ámbito de la formación y la información. Algo que, según Jesús Poveda, evitaría 3 de cada 4 abortos. Eso sí que sería un logro de la sociedad.


12. No defiende a la mujer.

Una ley de plazos que facilite el aborto y trate de banalizarlo no está en consonancia con lo que quieren las mujeres: «La mujer no demanda el aborto, sino que se le ayude a seguir adelante con el embarazo. Cuando se les informa bien de las ayudas que puede recibir, tres de cada cuatro chicas de las que atendemos en la fundación siguen adelante». Lo dice Conrado Giménez, y él lo sabe bien: en ocho años Fundación Madrina ha atendido a 133.000 mujeres. Defender a la mujer es informar de las opciones y ofrecer los apoyos necesarios para que puedan, si quieren, tener a su hijo y atenderlo. Y eso no lo hacen ni las asociaciones proabortistas ni, desde luego, el Estado.


13. No es progresista.

No dejar nacer a un ser humano es matar todo su futuro. No dejar nacer cientos de miles de seres humanos es matar el futuro de una sociedad. Y, de paso, envejecer considerablemente la población. ¿Es eso progreso? ¿Ésta es la evolución que queremos? El siguiente avance, en nombre de ese progreso, será quitarse de en medio a los improductivos ancianos. Y después a los enfermos, terminales o no. ¿Cuál será el siguiente paso?


14. No es moderno.

Ir de moderno con el hip hop del bombo puede ser ridículo a la vez que contraproducente. Ganarse los votos de los jóvenes anulando cualquier regla moral es una irresponsabilidad. Pero si además incitamos a las adolescentes a realizar un acto de gran trascendencia disfrazado de bagatela, sin contar con ayuda ni información ni formación, ni siquiera el consejo de sus padres, eso no es ser moderno, no es ser guai, no es ser colega, es ser miserable. ¿Qué pensarán cuando se enteren, unos años después, de que aquello que le extirparon del ‘bombo’ no era un quiste, sino un hijo, con sus piernas y brazos, sus ojos, su cerebro, su corazón palpitante y todo su futuro por vivir? La nueva ley convertirá el aborto en un medio de planificación familiar, en un método anticonceptivo que no va a hacer más felices a las adolescentes; sólo las hará más inconscientes y, a la larga, más desgraciadas.


15. No es inocuo.

Más bien inicuo (por cruel e injusto). Un aborto no es una irrelevante operación de apendicitis o de agmíldalas. Ni una liposucción (aunque haya métodos abortistas tristemente parecidos). Es la muerte y extracción de un ser vivo singular, independiente de la madre que lo cobija. No se trata de desinflar un bombo lleno de aire —invisible, inodoro e indiferente—, como pretenden hacernos creer, especialmente a las frágiles mentes adolescentes. Es, en muchos casos, una experiencia traumática que puede provocar, además de las físicas, secuelas psicológicas severas cuando la mujer (o la niña) que ha abortado toma conciencia de la verdadera naturaleza de su acto. O sea, cuando es consciente de que lo que le han extirpado es a su propio hijo. «Las mujeres no nos embarazamos de lechugas, sino de hijos» dice Esperanza Puente. Los testimonios de mujeres arrepentidas son desgarradores, y tremendamente injustos (con ellas y con sus hijos no nacidos), porque una simple ecografía antes de la operación podía haber evitado dos víctimas.


16. No es libertad.

La auténtica libertad nace del respeto a la vida, de la humildad, y de la generosidad hacia el otro. Hoy, abolida la esclavitud, nadie es dueño de nadie; nadie es propiedad de nadie. Ni siquiera un hijo. La madre no concibe a su hijo como una propiedad suya; es más, tiene la obligación moral (y natural) de protegerlo hasta que se pueda valer por sí mismo, dentro y fuera de su cuerpo. Hasta que ese hijo pueda también ejercer su propia libertad.


(continuará...)


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Pepe: Enhorabuena por las razones que estás dando. Creo que deben multiplicarse, es decir, darse a conocer por todos los rincones. Si el aborto fuese un debate ideológico, los que amamos la vida y la defendemos ganaríamos por repoquer. Miguel Ar.

Luisa dijo...

Hola,hola.¿Puedo poner enlaces de este post en algún que otro sitio de arraigado feminismo?
Un salu2

Marco Furio dijo...

Hola.
Todos esos razonamientos están muy bien, el único problema es que esta gente los encapsulará, los dejará a un lado y seguirá con su monólogo.
Personalmente, no soy partidario de argumentar con ellos porque no son gente honrada y siempre se saldría perdiendo. Hay que darles la espalda y negar su presencia; aislarles, en definitiva. Hacer que sean irrelevantes.