viernes, 6 de febrero de 2009

¡El presidente de los Estados Unidos en Galicia!

Mister Paz se despertó con la noticia en la radio . Y se levantó con tal ímpetu, sorpresa y congoja que se trastabilló a sí mismo y se cayó de la cama. Mientras se le inflamaba el esguince, y el ofuscamiento, llamó a gritos a su asesor de Presidencia nº 211 (cuya misión es tenerle al día de las noticias internacionales aparecidas en la Prensa Digital, mientras desayuna con sus hijas a las 8:45) y le espetó:
— ¡¡Tú, 211, inútil, se puede saber por qué no me has avisado que el presidente Obama, el gran Obama, venía a Ezpaña…!! ¡Con la de años que llevo esperando su visita!
—Presidente yo…
—¡Ni yo ni tú ni nada de nada! ¡Estoy hasta los huevos de tanta inutilidaz! ¿Obama en España y yo en la cama! ¡¡Mecagüentó!!
—Pero…
—¡Ni pero ni leches! ¿Qué pasa, que no quieres que haga mi trabajo? ¿Que no quieres que prospere Ezpaña? ¿O es que eres un espía del PP? ¡Un infiltrado! ¡¡Seguridaaaz!! ¡¡Rubalcabaaaa!!
—Es que…
—¡NI esque ni Espe! ¡A la p…a calle! ¡Estás despedido! Total, uno más no se va a notar. Y además eras becario, así que no cobras finiquito. ¡Lárgate ya, que no quiero ni verte!; y de paso llama a 602.
—Sí, señor presidente… Aparece en el comedor 602 (cuya misión es revisar los vídeos colgados en YouTube de lunes a jueves) y el presidente Z le interroga, inquisidor:
—¿Y tú qué? ¿Tampoco habías visto nada en yutub sobre la llegada de Obama a Ezpaña? —Bueno… este… yo el otro día vi un vídeo de Obama con una Biblia, pero como era en inglés no entendí si es que le estaban juzgando o le estaban nombrando ministro o qué. Pero de venir a Ezpaña, nada de nada. Sí he visto el de Wyoming…
—¡Otro inútil! ¡Si es que estoy rodeado de mediocridaz! —coge el móvil y marca la tecla 1—¡¡Pepiño, te necesito!! ¡Deja los planos del ático ilegal, que los vas a gastar de tanto mirarlos, y vente a la Moncloa pero ya!
—¿Pero qué pasa, presidente? ¿Y cómo sabes que estaba mirando los planos del ático?
—¡Porque no haces otra cosa! Y vente ya que Obama está en Ezpaña, en tu Galicia además, y no se ha enterado ni el tate. Y mucho menos Moratinos, otro inútil. Y luego dice que liga con la Hillary… “Me llama Miguel”, ¡no te j…!
—Voy volando, presidente. ¡Obama aquí, y en mi tierra! Me has dejado estupefato. ¡Ah, y no le digas nada a la Pajín, que va de jefa la muy becaria!
—Vale, vale. Pero vente ya que vivo sin vivir en mí. ¡Y a Touriño le voy a dar en todo el bebe cuando vaya para allá! ¡Mira que invitar a Obama y no avisarme! ¡Será judas, el tío!

Camino de sus aposentos, el presidente Z va interrogando a todos los asesores que se cruza por el camino. 234, 98, 178, 555, 356… pero ninguno sabe nada. “¿Obama aquí?, pues no tenía ni idea, la verdad. ¿Y hasta cuándo dice que se queda?” Ya vestido de protocolario traje negro (afroamericano) hace una leve parada en el urinario digital con efluvios aromáticos de “bosque ibérico caducifolio con un toque de lince” y se va a la puerta a esperar a Pepiño.
Cuando llega su segundo, se sube al coche y, sin esperar siquiera a los escoltas, enfila por la Carretera de La Coruña rumbo a Obama. En el kilómetro 175, hasta las narices de escuchar Amaral, Pepiño pone la radio, pero se equivoca de botón, sintoniza Onda Cero y se cuela en su coche el amigo Carlos (que no Carlas, que ése es de la SER).

«El presidente de los Estados Unidos se encuentra en Galicia, invitado por el presidente de la Xunta, Touriño—Pepiño acelera, pasando de radares, de Guardia Civil, de Rubalcaba y hasta de Pere, o Pera o como se llame el de tráfico—. Se trata del actor Martin Sheen, que interpretó al presidente americano en la famosa serie “El Ala Oeste de la casa Blanca”. Según nos cuenta un oyente, miembros del staff de Emilio Pérez Touriño agasajaron al actor estadounidense (hijo de un gallego del municipio pontevedrés de Salcedas de Caselas), y a su hijo Emilio Estévez, alrededor de una mesa. El homenaje culinario tuvo lugar en un famoso restaurante sito en la madrileña calle Cava Baja. Mientras el actor y su hijo apenas tomaron una ensaladita y un vaso de agua, el resto del nutrido grupo de comensales se puso las botas a base de angulas y demás viandas para tiempos de crisis. Total, la cuenta de la fiesta corría a cargo de la Xunta de Galicia... ».

Pepiño frena en seco, casi provocando un accidente múltiple, especialmente con sus propios escoltas. Mira a su amigo Z con mirada de asesino en serie con mono de matar y, sin abrir la boca (salvo para enseñar el colmillo izquierdo) da media vuelta y enfila el coche rumbo a Madrid. Ya en Moncloa, al pie de la misma escalinata donde las ministras posaron su belleza natural envueltas en pieles, Pepiño masculla entre dientes:
—Y que sepas que no pienso a invitarte a mi ático…
...

1 comentario:

Inés Perada dijo...

Estimado Pepe, espero fervientemente que haya segunda parte de Bienvenido Mister Paz y espero con igual fervor que este episodio esté incluido en ella. Estoy convencida de que todos los lectores de este blog se reirían con la novela tanto como yo (y a mí se me oía en la casa de los vecinos). Gracias por tu humor, nos alegra un poco la crisis, y no sólo la económica.